UN MES DE AVENTURAS EN FILIPINAS

Buenas ricoviajer@s!

Recién llegados de nuestras vacaciones en el paraíso Filipino! Y digo paraíso porque ha sido el mejor viaje o uno de los mejores que hemos hecho. Un mes de auténticas aventuras en un país muy completo, donde hemos ido pasando por muchísimos sitios y hemos estado en Termas, volcanes, junglas, cataratas preciosas, espectaculares arrecifes de coral, islas desiertas… y además hemos descubierto la amabilidad del país, porque los filipinos son gente maravillosa y amable que nos han hecho sentir los reyes del universo en muchas ocasiones. En fin, no digo más, voy a empezar a contaros desde cero todas estas maravillas, porque además hacía mucho tiempo que no escribía en el blog, porque como siempre, la temporada de yates ha sido larga en Ibiza, y para no variar, nuestro tiempo libre ha sido el de siempre, casi nada, así que ahora a relajarse, y vamos a ello!!

PRÓLOGO

En un mundo repleto de destinos exóticos y fascinantes, Filipinas emerge como un verdadero paraíso terrenal esperando ser explorado. Imagina un viaje de un mes a través de una tierra donde la historia se mezcla con la belleza natural, donde playas de arena blanca se funden con selvas exuberantes, y donde la cultura vibrante se entrelaza con paisajes inolvidables. Este relato te sumergirá en una travesía única, desde las bulliciosas y caóticas calles de Manila hasta los mágicos paisajes de Palawan, Siquijor, Bohol… revelando una aventura que despierta todos los sentidos y se convierte en una experiencia que perdura para siempre en la memoria. Adéntrate con nosotros en este viaje hacia Filipinas, un mes que encapsula el espíritu mismo del paraíso. WE LOVE PHIPIPPINES! fue lo primero que vimos al aterrizar en el aeropuerto de Manila, y ahora podemos entender todo lo que esa frase engloba y su significado, porque efectivamente, es un país que nos ha encantado y nos ha emocionado muchas veces.

La moneda es el peso filipino, cuyo cambio en euros a nuestra llegada estaba a 1:60, es decir, un euro son sesenta pesos filipinos. A diferencia de otros países, hemos encontrado un cambio bastante bueno y favorable en casi todos los sitios que hemos visitado.

Para preparar este viaje hemos tenido la suerte de conocer un blog maravilloso de unos chicos, que se llama «Viajarporfilipinas». Sin duda, el mejor blog que se puede leer y consultar para un viaje a este país. Es el blog más completo que existe en español y puedes consultar absolutamente todo, y cuando digo todo es literal, no se les escapa ni el más mínimo detalle, y la verdad que es un auténtico lujazo poder contar con esa información al detalle gratuitamente, y además, si preguntas o les escribes un mail te contestan amablemente a todo. Encontramos muchísimos viajeros en Filipinas que seguían su blog, y es que, como os comento, es el mejor a la hora de preparar tu viaje. Así que muchas gracias desde estas líneas a los chicos del blog por su amabilidad y ayuda.

Los medios de transporte que hemos utilizado han sido prácticamente todos, vuelos internos, coches de alquiler, motos de alquiler, ferrys, bangkas locales y triciclos.

La aplicación GRAB es el equivalente a Uber, y funciona muy bien en Manila Y Cebú, pero aún no ha llegado a algunas zonas como Port Barton, Bohol o Siquijor, donde se estilan más los típicos triciclos.

Para los ferrys y las van utilizamos la app 12GO, que también funciona bastante bien.

VUELOS

En esta ocasión, elegimos a la aerolínea Etihad por los precios y porque tenía cierta fama de ser una buena compañía. 570 euros ida y vuelta por persona, comprados tres meses antes del viaje, un precio fenomenal y mucho más barato que el de nuestro viaje a Colombia el año pasado por ejemplo.

La única pega, que Etihad tampoco nos ha parecido nada del otro mundo. No es ni por asomo mejor que Emirates, la cual probamos cuando estuvimos en Maldivas y en Dubai. Oferta de entretenimiento muy corta, pantallas y asientos antiguos, mucho más pequeños e incómodos y una mala experiencia con el personal de tierra a la vuelta en Manila, o más bien, problema con una chica que parecía que ese día no tenía ganas de trabajar o que simplemente odia a gente que no habla bien inglés como nosotros, y en vez de ayudarnos se puso a gritarnos con muy malas formas. Por lo demás, todo bien, check-in online rápido y muy fácil, proceso de embarque rápido y los menús a bordo bien, nos dieron de comer varias veces, y no estaba nada mal la comida.

Nuestros vuelos fueron tanto a la ida como a la vuelta desde Madrid a Manila, haciendo escala en Abu Dhabi en ambos trayectos, una de siete horas en la ida y otra de tres en la vuelta.

VUELOS INTERNOS

Hemos volado con compañías filipinas, con las dos más famosas del país, Cebú Pacific y Philippines Airlines, que a pesar de tener mala fama de peligrosa en la lista mundial, nos ha parecido muy fiable, además de tener aviones muy cómodos, y los billetes son muy asequibles.

Vuelo Manila-Cebú con Cebú pacific con un precio de 71 euros para 2 PAX (35,50 por persona)

Vuelo Cebú-Coron con Cebú Pacific con un precio de 66 euros para 2 PAX (33 euros por persona)

Vuelo Puerto Princesa-Cebú con Cebú Pacific con un precio de 72 euros para 2 PAX ( 36 euros por persona)

Vuelo Dumaguete-Manila con Philippines airlines con un precio de 110 euros para 2 PAX (55 euros por persona)

FERRYS

Coron-El Nido con Oceanjet 166 euros para tres personas (55 euros por cabeza aprox.)

Cebú-Bohol con Oceanjet 28,57 euros para dos personas ( 14,50 euros por persona)

Bohol-Siquijor con Apekoptravel 750 pesos por persona. Total 1500 pesos (25 euros)

Siquijor-Dumaguete con Montenegro 16,75 euros para dospersonas (8,50 euros por persona aprox.)

COCHES DE ALQUILER

En Manila con Enterprise (83 euros para tres días)

MOTOS DE ALQUILER

Siempre en los hoteles en los que nos hemos hospedado. En el orden de 400-500 pesos al día (6-8 euros/día)

VANS

Coron-Puerto Coron, unos diez minutos, 11 euros para tres personas.

EL Nido-Puerto Princesa, unas cuatro horas, 36 euros para tres personas (12 euros por cabeza aprox)

Puerto Princesa-Port Barton, unas cuatro horas, 23 euros para dos personas (11,5 euros por cabeza aprox)

Port Barton-Puerto Princesa, lo mismo que la ida

TRICICLOS

Por todas las ciudades, a veces con precios oficiales y a veces regateando, muy rápidos para distancias cortas. Muy incómodos y ruidosos. Normalmente muy baratos, rara vez más de 100 pesos el trayecto.

JEEPNEYS

El transporte más mítico de Filipinas, imagen de postales y souvenirs. Son una especie de autobuses pequeños que utilizaba el ejército estado unidense en la segunda guerra mundial, y que los filipinos han adaptado a transporte público, y los han pintado de las formas más inimaginables posibles. Los paras con la mano y te subes, muy divertido. Son muy ruidosos y muy contaminantes, los quieren quitar para poner medios más modernos, pero por ahora los filipinos se niegan. Precios muy asequibles, medio euro más o menos.

En este viaje nos hemos alojado en hoteles, guest houses y resorts, un poco de todo y a diferentes precios dependiendo del lugar y la zona. Es verdad que hemos puesto un límite, porque hay sitios muy muy malos con muy malas condiciones, y hemos preferido pagar a pasarlo mal. Aún así hemos tenido algún que otro sustillo o inconveniente en algún alojamiento, sobre todo con el de Loboc.

En Filipinas puedes gastar lo que tu quieras en alojamiento, desde cinco euros en habitaciones compartidas hasta lo que tú quieras gastar, hay para todos los bolsillos, depende de tu presupuesto.

Nuestra media ha sido entre 12 y 40 euros por persona y noche, aunque nos dimos un capricho para terminar nuestro viaje en un resort que nos costó mucho más, pero la media está en eso más o menos.

                                           Elegimos el mismo sitio que el año pasado en nuestro viaje a Colombia, el Hotel B&B T4 Madrid aeropuerto, que está entre Alcobendas y San Sebastián de los reyes. Un hotelito cómodo y confortable, con habitación grande y lo mejor, que está en una zona de bares para cenar y al lado de un centro comercial enorme que se llama plaza norte. Aquí pasamos la noche antes de volar a Manila desde el Aeropuerto de Barajas.

La única diferencia con respecto al año pasado es que han subido los precios, y la habitación doble cuesta ahora 80 euros la noche, con lo cual pensamos que la próxima vez cambiaremos de hotel a otro sitio cercano al aeropuerto, aunque en líneas generales los precios suelen estar más o menos por ahí.

A nuestra llegada nos alojamos en el Hotel Myspace, un hotel que se encuentra en un barrio que se llama Comembo, un poco «chungo» y que reservamos por equivocación. El hotel no está mal, es bastante cómodo, barato y moderno, y el personal es encantador y muy amable, pero el problema es que es un barrio que está en desarrollo actualmente, pero por el que de noche no puedes ir andando porque te pueden robar o te puedes llevar algún susto. Mi amigo Eric confundió la reserva con otro hotel de Makati, que es la zona de Manila donde se suele hospedar el turista extranjero.

La experiencia fue buena en el hotel, solo que para salir e ir a otro sitio y volver, tuvimos que hacerlo en taxi o en Grab, que es el «Uber» asiático y funciona bastante bien en Manila.

A nuestro regreso nos alojamos en el Hotel The charter house, en pleno corazón de Makati, con el centro comercial de Greenbelt en frente a dos pasos, con zonas de restauración, tiendas y todo esto, perfecta ubicación para comprar souvenirs antes de volver a España. La habitación un poco obsoleta, pero relación calidad/precio aceptable, 46 euros la noche para dos personas.

En la ciudad de Cebú nos alojamos en el Hotel Ocean central, bastante moderno y con habitaciones enormes, además de contar con una piscina en la terraza, que con el calor que hace en Cebú se agradece bastante. Solo pasamos una noche, para irnos a Moalbal al otro día temprano.

El precio fue de 66 euros para tres personas la noche.

En Moalboal nos alojamos en Casa Moalboal, un sitio que nos gustó muchísimo, pues es una especie de resort con piscina, donde se respira una calma total. Todo muy limpio y el personal muy amable. Se encuentra en una ubicación muy buena, a cinco minutos del pueblo en triciclo o Jeepney, que puedes pedir en el mismo hotel, ya que ofrecen este servicio por unos 300 pesos el trayecto. Está en primera línea de playa y con acceso a lugares de buceo de renombre, como Tongo point, que está justo al lado. El hotel tiene acceso a la playa, pero con marea baja es un poco complicado, ya que está lleno de rocas.

Casa Moalboal ofrece habitaciones cómodas y bien equipadas. Las habitaciones pueden variar en cuanto a comodidades y vistas, algunas con balcón privado y vistas al mar. La nuestra estaba genial, con terracita fuera, muy limpia y muy cómoda.

El hotel brinda servicios que incluyen conexión Wi-Fi gratuita, estacionamiento, recepción las 24 horas y asistencia para excursiones o actividades locales. Dada su ubicación, Casa Moalboal es un buen punto de partida para actividades acuáticas, como snorkel, buceo y tours. Algunos tours guiados pueden organizarse desde el hotel.

El ambiente en el hotel suele ser tranquilo y relajado, lo que lo convierte en un lugar agradable para desconectar y disfrutar de la serenidad del entorno, sin estar muy lejos del bullicio del pueblo y la zona de restaurantes de Pagnasama beach, que es donde está todo el jaleo.

En general un hotel bastante cómodo, con muchisima calidad, piscina y en primera línea de playa con un paraíso para snorkelling. El precio de dos habitaciones, una doble y otra simple, para dos noches, fue de 163 euros, que entre tres personas sale a 54 euros por persona, un precio muy razonable para la calidad del hotel, aunque los había aún más baratos, ya es cuestión de gustos y de la zona donde te quieras quedar.

Hoteles en Coron

En Coron nos alojamos en el Hotel Vela Terraces, a cinco minutos del centro del pueblo en triciclo. Moderno y cómodo, con personal muy amable. La zona es muy tranquila para dormir. Las habitaciones grandes y cómodas. El único pero es que no tiene ascensor y nos tocó arriba del todo, como la tercera planta más o menos.

El hotel te ofrece distintos tours y actividades a tu llegada en recepción, y cuenta con un restaurante donde puedes cenar y desayunar a muy buen precio.

El personal es muy amable y te ayudan con todo. En mi caso, perdí el teléfono móvil, lo había olvidado en un bar del centro, y la recepcionista me llevó a recuperarlo en su propia moto.

El precio, de nuevo dos habitaciones, una doble y otra simple, para tres personas y tres noches, 338 euros, lo que viene siendo 112 euros por persona ( la noche te sale 37 euros por cabeza). En este caso, lo mismo que Moalboal, los había mucho más baratos, pero en este viaje hemos querido alojarnos en un término medio, y este hotel en calidad/precio es muy bueno.

Hoteles en Palawan

En El nido mi amigo Eric volvió a cometer otro error, al igual que le pasó en Manila, hizo una reserva a tomar por culo del pueblo, a unos cuarenta minutos en coche. Esto no es aconsejable, ya que todas las excursiones y actividades salen de El Nido a primera hora de la mañana, con lo cual no era para nada práctico, ni rentable, así que tuvimos que cancelar y reservar otro sobre la marcha. El problema es que El Nido es un sitio muy turístico, y para esas fechas apenas quedaban alojamientos libres, así que tuvimos que pagar un poco más después de preguntar en persona en dos hoteles en el mismo pueblo.

El elegido por concenso, y calidad/precio fue el Hotel Amakan, que tiene una zona ajardinada con mesitas para descansar o tomarte algo junto a la recepción, con personal muy amable, como no podía ser de otra forma en Filipinas.

La habitación cómoda, pero con un problema, un olor a humedad tremendo y que se veía un poco dejada la limpieza, aunque la primera noche mandamos a que nos hicieran la habitación. Otro problema es que las habitaciones no tienen wifi, solo las zonas comunes.

El hotel no tiene servicio de desayuno ni tiene bar por ahora, pero al estar en todo el centro eso no es un problema, pues la zona está llena de bares y tiendas.

El precio de dos habitaciones dobles, para cuatro noches y tres personas fue de 338 euros en total.

En Port Barton nos alojamos en el Hotel Pisces Tourist Inn, un hotelito con un jardín precioso, con una habitación muy pequeña pero perfecta para pasar unos días en ese paraíso. Ya sin nuestro amigo Eric, para Lucía y para mí, una habitación doble para tres noches nos costó 71 euros en total, con lo cual la noche te sale a 23 euros, relación calidad/precio perfecta.

El hotel ofrece desayuno y servicio de alquiler de motos por 400 pesos el día.

En Puerto Princesa, nos alojamos en el Hotel GreenSpace, recomendados por el blog «Viajarporfilipinas». Un hotel con habitaciones enormes, comodísimo, cerca de aeropuerto, y que ofrece desayuno en una zona de cafetaría que tiene abajo en el jardín.

Junto al hotel hay una zona de bares con música en directo y comida de varios países que está bastante bien.

El precio para una noche en habitación doble nos costó 31 euros en total.

Hoteles en Bohol

En Loboc nos alojamos en el Hotel Stefanie Grace Paradise Inn, y desgraciadamente fue la peor elección y el peor sitio donde nos hemos quedado de todo el viaje. Es una pena que tengan las habitaciones tan sucias y las instalaciones tan descuidadas, porque el entorno es una maravilla, con el río passando por la misma puerta del hotel. Lo que podría ser un paraíso y un resort de categoría y de referencia en la zona, es ahora mismo un hotel descuidado y falto de mantenimiento.

Nada más entrar en la habitación doble, en el baño había azulejos rotos, y pelos en el lavabo y en la ducha, y polvo por todas partes, en los marcos de la puerta, en el filo del espejo y el armario, y lo peor de todoes que me levanté lleno de picaduras de ácaros o chinches por la mañana, que estaban en las sábanas de mi cama. Al principio se lo dije a Lucía y no me creía, pero cuando se acostó ella en mi cama enseguida notó como algo le picaba. Un auténtico horror de habitación.

El personal es muy amable, y como digo, es una pena por la zona en la que está, cerca de las chocolate mountains, del santuario de tarseros, de todas las atracciones en general.

El precio tampoco fue barato para lo que ofrece, pagamos por tres noches 80 euros en total, más caro que el de Port Barton por ejemplo, aunque también es verdad que reservamos sobre la marcha y tampoco tuvimos otras opciones donde elegir.

No volveríamos a este hotel, pero sí a la zona donde está, en Loboc.

Hoteles en Siquijor

Después de la mala experiencia en Loboc, decidimos que no nos íbamos a ir de Filipinas con un mal sabor de boca, y decidimos darnos un capricho en uno de los mejores resorts de la isla. Nos alojamos en el South Mountain resort cuatro noches, en un bungalow maravilloso con todo tipo de comodidades, por 269 euros en total.

El resort es una maravilla, metido en mitad de la naturaleza, con una piscina de tipo infinity maravillosa para poderse relajar, y un restaurante con una comida buenísima. Además, los dueños tienen diez perritos que viven como dioses en las instalaciones del hotel, súper buenos y muy amigables con los clientes.

El personal es muy amable, el dueño es de Suecia y su mujer es Filipina, unos encantos de personas, que nos hicieron sentir como en casa.

ITINERARIO

DÍA 1………………………. Vuelo Jerez-Madrid y alojamiento en B&B T4

DÍA 2………………………. Vuelo a Manila con escala en Abu Dhabi

DÍA 3-4-5-6………………. Visita a Manila, Hidden Valley y centro comercial. Vuelo a Cebú

DÍA 7……………………… Coche de alquiler hacia Moalboal

DÍA 8 ……………………… Sardine run en Pagnasama beach y visita a las cataratas de Kawasan y Cambais

DÍA 9 ……………………… Vuelta a Cebú y vuelo a Busuanga (Coron)

DÍA 10 ……………………… Ultimate Tour Coron

DÍA 11 ……………………. Alquiler scooter y vuelta a la isla de Coron. Visita a las termas. Visita Monte Tapyas

DÍA 12 ……………………. Ferry a El Nido, masaje relajante

DÍA 13 ……………………. TOUR A de El Nido

DÍA 14 …………………… Alquiler de scooter, Visita a Ile Cave, Bulalacao Falls, Nacpan beach

DÍA 15 …………………… TOUR C de El Nido

DÍA 16 …………………… Van a Puerto Princesa. Visita a Puerto Princesa.

DÍA 17 …………………… Van a Port Barton. White beach.

DÍA 18 …………………… Island hopping Port Barton

DÍA 19 …………………… Alquiler de scooter. Cataratas de Pamuayan. Pamuayan beach. Coconut beach

DÍA 20…………………… White beach y Van a Puerto Princesa. Noche en Puerto Princesa.

DÍA 21 …………………… Vuelo a Cebú y Ferry a Bohol. Alojamiento en Loboc.

DÍA 22 ………………….. Alquiler de scooter. Visita a la Fundación de tarseros. Mahogany forest. Chocolate Hills. Arrozales de Candapdapan.

DÍA 23 …………………. Alquiler de scooter. Visita a Anda. Snorkelling en Talisay beach, Bas Gamay y pueblo de Anda.

DÍA 24 …………………. Ferry a Siquijor.

DÍA 25 …………………. Alquiler de scooter. Sambulawan underground river, Cambugahay falls, árbol centenario, Snorkelling en Tubod sanctuary.

DÍA 26………………….. Tour a APO island. Santuario de Tortugas.

DÍA 27 ………………… Alquiler de Scooter. Snorkelling en Santuario de Tulapos. Salagdoong beach. Snorkelling en Tubod.

DÍA 28 ………………… Ferry a Dumaguete y Vuelo a Manila. Centro comercial Greenbelt en Manila.

DÍA 29-30 ………………… Centro comercial Greenbelt. Almuerzo. Vuelo a Madrid con escala en Abu Dhabi.

DÍA 31……………………….. Llegada a Madrid. Vuelo a Jerez. Fin del viaje 😦

DÍA 1: Vuelo Jerez-Madrid. Noche en Madrid

Nuestro viaje comenzó a las cuatro de la tarde en Jerez, yendo al aeropuerto para tomar el vuelo de las seis rumbo a Madrid, con la compañía Iberia, sin ningún contratiempo. Como en cualquier viaje, en el comienzo mezclamos muchas emociones, ilusión, risas, y por supuesto, un nuevo compañero de viajes, que aunque amigo de toda la vida, nunca habíamos viajado tan lejos juntos; Nuestro colega Eric, viajero experimentado también, que nos ha ido aportando sus más y sus menos durante los trece días que nos acompañó en nuestra aventura filipina.

Cuando llegamos al aeropuerto de Barajas (ahora Adolfo suárez para los más modernitos), tomamos un taxi hasta el hotel B&B T4, que está en la línea entre Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, justo al lado del enorme centro comercial Plaza Norte, a donde precisamente nos dirigimos para echar un vistazo e intentar comprar un drone (si, tal como leen) a última hora, ya que para este viaje teníamos mucha ilusión por comprarnos uno, aunque fue totalmente imposible, pues el modelo que andábamos buscando (DJI mini 3) no estaba disponible.

Tras la visita al centro comercial y dejar todo el equipaje en el hotel, bajamos a cenar al mismo buffet libre del año pasado cuando nos hospedamos para ir a Colombia, y es que nos encanta el buffet asiático que hay allí junto al hotel. Esperamos a unos amigos de Jerez que viven en Madrid y cenamos con ellos. Por supuesto un atracón de comida variada, desde sushi, woks hasta carnes y postres varios, una locura comer en ese sitio.

El buffet se llama El Reino asador , y por 15 euros por persona puedes comer y beber todo cuanto quieras. Muy bueno todo! para ponerse morao!

Tras la cena, a descansar al hotel y listos para volar a Manila!

DÍA 2: Vuelo a Manila con escala en Abu Dhabi. 23 horas de viaje

Nada más levantarnos a las siete y media de la mañana, tomamos un Uber para ir del hotel al aeropuerto, trayecto que dura unos 15 minutos y que cuesta unos 17 euros. Sin ganas de desayunar por los nervios, nos encontramos con nuestro amigo Eric en los mostradores de facturación, aunque Lucía y yo no facturamos, pues solo llevamos una maleta de cabina y una mochila.

El traslado hasta la Terminal 4S, desde donde salen los vuelos de Etihad, hay que llevarlo a cabo en el shutter del aeropuerto, una especie de metro al que llegamos tras caminar como quince minutos, pues el aeropuerto de Madrid es enorme comparado con el de otras ciudades de España.

El embarque lo realizamos sin problema alguno, y una vez acomodados en nuestros asientos ya solo fue conectarnos al entretenimiento que la compañía te ofrece, ver un par de películas y dormir algo para que las casi siete horas de vuelo a Abu Dhabi pasaran rápido, y más teniendo en cuenta que teníamos siete horas de escala allí.

En el aeropuerto de Abu Dhabi nos encontramos con la sorpresa de que casi todas las tiendas y establecimientos de comida estaban de mudanza, pues en una semana inauguraban la nueva terminal A del aeropuerto, que pudimos disfrutar a la vuelta (un espectáculo), y como no había mucho donde elegir, preguntamos por las salas VIP/lounge, donde pasamos las siete horas de escala con todas las comodidades, una experiencia que nunca antes habíamos probado en niguno de nuestros viajes.

Sala VIP del aeropuerto de Abu Dhabi

Puedes accedera la sala VIP por 50 euros por persona, tres horas con toda la comida y bebida que quieras, y también puedes ducharte, como así lo hicimos. Todo un lujazo de viernes noche, con cubatas de ron cola incluidos.

Como curiosidad, comentar que nosotros estuvimos seis horas en la sala, sin que nadie nos dijese absolutamente nada ni cobrarnos nada de más. Una experiencia genial. Lo que al principio iba a ser una visita al centro de Abu Dhabi y cenar por allí, se transformó en esta experiencia, porque el tráfico que vimos al aterrizar no invitaba para nada a salir del aeropuerto, así que nos decidimos por esta opción que nunca habíamos probado anteriormente.

Tras el atracón de cena y el «botellón de lujo» que nos pegamos, a las tres y cuarto de la madrugada (hora de Emiratos árabes) cogimos nuestro vuelo hasta Manila, nueve horas y media, para arribar a las cinco de la tarde del sábado, hora local, una locura total de cambios horarios tras 23 horas de viaje.

DÍA 3: Llegada a Manila, cena y fiestecita en Población

Después de las 23 horas de vuelo y llegar al aeropuerto de Manila, nada más desembarcar y pasar el control de inmigración, pudimos notar ya la humedad y el calor que hace en Filipinas, y pasamos de la ropa de invierno a los pantalones cortos y camisetas, además de padecer la peor de las cosas que tiene esta ciudad, el TRÁFICO. Y sí, lo pongo en mayúsculas porque jamás habíamos visto nada parecido antes en ninguno de nuestros viajes. Miles y miles de coches, atascos interminables, caos absoluto y lo mejor de todo: CERO ACCIDENTES. No hemos visto cosa igual, no hay normas de circulación, coches, motos, triciclos, jeepneys, taxis y peatones, todo mezclado en una locura colectiva.

Un trayecto de diez kilómetros en Filipinas pueden convertirse en dos horas fácilmente, una auténtica barbaridad. Llegamos muy cansados al hotel, casi una hora desde el aeropuerto, a las cinco de la tarde, hora punta de Manila, y nos echamos una siesta de dos horas.

A eso de las siete de la tarde, y siempre pidiendo un GRAB, nos fuimos a cenar a Makati, el barrio financiero de Manila, donde están los locales de moda y los rascacielos, sitios para turistas, pues como comenté más arriba, tuvimos una confusión al elegir hotel, y el barrio donde estaba situado no era recomendable para ir andando por la noche.

Población es una zona llena de bares y restaurantes de todo tipo, y discotecas y pubs de música para bailar, así que allí nos fuimos de sábado noche, dipuestos a darlo todo después del palizón del viaje.

Para cenar fuimos a un sitio chulísimo, con comida muy buena y unos cócteles que hacen con unos rituales tribales súper chulos. Se llama Agimat at Ugat, muy moderno y muy bien decorado. Probamos el típico chicharrón filipino y algunas cervezas locales. El precio para tres personas, con los cócteles incluidos, 100 euros justos.

En cuanto terminamos la cena nos fuimos a echar un vistazo por las calles de Población, y buscamos algunos locales de fiestecita, donde bebimos más cervezas locales y bailamos. Suelen poner música europea y regaetón moderno, aunque hay sitios con música en directo, sobre todo rock. Los filipinos aman el rock y los grandes cásicos de este género, además del karaoke por supuesto, que es el hobby nacional por excelencia, todos cantando sin ningún temor a hacer el ridículo 🙂

Estuvimos en la terraza (rooftop pa los modernitos) de un edificio que tenía una pequeña zona de atracciones, jugamos hasta al típico juego de baloncesto de las ferias. Las terrazas en las azoteas son muy típicas en esa zona de Manila, hay unas cuantas de copas, pero esta en concreto con las atracciones nos encantó, aunque tengo que decir que la media de edad que había es entre 17-20 años, demasiados jóvenes para nosotros 🙂 Se llama The Fun Roof, y con cada consumición te dan tickets para jugar a lo que prefieras.

Además estuvimos en una sala donde había un concierto de rock en directo, y en un pub que se llama Buccaneers Rum&Kitchen, donde nos hartamos de bailar y conocimos mucha gente local, hasta las cinco de la madrugada, cuando cogimos otro Grab y nos fuimos al hotel a dormir.

La nota negativa es que hay muy poco turismo en Manila, a diferencia de las islas, lo que quiere decir que todo el mundo teva a mirar, y es que hay muchísima pobreza y gente en riesgo de exclusión social en la capital. Es una pena ver a niños que apenas llegan a los cinco años mendigando y pidiéndote dinero para comer, y lo peor, ver a sus padres enviándolos una y otra vez a pedirte dinero. No nos gustó nada en absoluto ser turistas en esa zona, no es nada agradable y nos dio muchísima pena. Ayudamos bastante, pero no se si debimos de hacerlo, por estar contribuyendo a esto.

DÍA 4: Relax en hotel, cena en harbour view y recogida coche alquiler

Tras la noche de fiestecita, dormimos de lo lindo y descansamos súper bien en el hotel, como diez horas, para quedar por la tarde a las cinco e irnos directamente a ver la zona del puerto de Manila, donde están los yates, para ver la puesta de sol, y también ir a recoger el coche de alquiler que teníamos reservado.

Cogimos un grab y fuimos directamente a la zona del puerto, un trayecto de unos 7 kilómetros que se convirtió en otra tortura debido al maldito tráfico de la capital. Tardamos una hora en llegar. Lo bueno es que con Grab pagas un precio cerrado por el trayecto, y aunque tarde muchísimo no hay taxímetro ni nada de esto.

Cuando llegamos fue justo para ver la puesta de sol y sentarnos a cenar a eso de las seis y media de la tarde (en Filipinas se cena de cinco a seis de la tarde) en el Harbour view, un bar que está encima de un muelle con buenas vistas a la bahía. Probamos el típico sig-sig filipino, que es una especie de carne picada con hígado de cerdo y especias, unos escalopes y un canton, otro plato filipino. Por supuesto cerveza San Miguel, la más típica del país. El precio es mayor que en otros sitios, pero tampoco fuera de lo normal, 50 euros entre tres personas con la propina incluida.

Después de la cena nos fuimos al aeropuerto a recoger el coche de alquiler que mi amigo Eric había reservado. Nunca entendí el por qué no lo reservó el primer día desde que llegamos para ahorrarnos volver, encima con el maldito tráfico que hay, aunque no podemos reprocharle absolutamente nada, pues atreverse a conducir en ese caos no lo hace cualquiera, yo al menos nunca hubiera alquilado un coche en Manila, es una auténtica locura.

Lo peor fue que al llegar al aeropuerto, la agencia de reservas nos comenta que no tienen coches disponibles, así que tras discutir un buen rato entre ellos, nos envían con otra empresa local y nos llevan en coche a una zona cercana al aeropuerto, con burdeles incluidos a los lados y una oficina de mala muerte. Empezamos a desconfiar demasiado del sitio y de la gente, pero finalmente conseguimos el coche, eso sí, no sin antes hacerle fotos y vídeos a todo, por si hubiera alguna clase de daño u otra cosa que nos quisieran cobrar después sin motivo alguno.

Hay que tener mucho cuidado en Manila con el alquiler de coches, nos avisaron desde enterprise, que fue la otra casa de alquiler con la que cogimos coche en Cebú, que en Manila se han dado casos en los que la propia empresa de alquiler te roba el vehículo para que tu lo pagues, y la empresa donde nos llevaron podría ser una de esas. Teníamos dos días de alquiler, pero tras ver lo que se movía, solo lo tuvimos un día y lo volvimos a llevar, y además nos cobraron un cargo por limpieza que no estaba incluido.

La conclusión es que jamás volveríamos a alquilar un coche en Manila. Malísima experiencia.

DÍA 5: Excursión a Pagsanjan Falls y a Hidden Valley

A las seis de la mañana nos pusimos en marcha para ir hacia la zona de Pagsanjan, a unos 115 km de distancia, pero que con el tráfico de la ciudad y su zona metropolitana se convirtieron en un trayecto de tres horas y media, otro horror más.

A las seis y media de la mañana el tráfico ya es horroroso en Manila, solo para salir de la zona son casi dos horas, así que durante el camino paramos en una gasolinera y compramos algunas cositas para desayunar en el coche.

La verdad es que durante el trayecto vas viendo muchísimas cosas, muchísima gente y muchísimos pueblos, todos con el caos característo de los países del sudeste asiático, pueblos en torno a las carreteras, casas por todo el borde de la carretera, gente subiendo y bajando de los autobuses y los jeepneys sin ningún tipo de paradas, gente encima de camiones y coches, perros sueltos por todos sitios, puestos callejeros por doquier y muchos muuuuuuuuuuuchos niños yendo al colegio. En Filipinas son superpoblación y es raro encontrar a familias con menos de cinco hijos.

Cuando llegamos a Pagsanjan fuimos directos a la oficina de turismo del pueblo, no sin antes huir de muchísimos «guías» ilegales que te ofrecen la excursión a las cataratas, los cuales no recomendamos por seguridad, pues en la excursión te tienes que montar en barcas y hacer un buen tramo, según nos contaron en la oficina de turismo.

La pena fue que debido a las fuertes lluvias de los últimos días y la crecida del río, el recorrido sólo estaba disponible hasta la mitad, pero al mismo precio, unos 30 euros, y no te descontaban nada, con lo cual, y teniendo en cuenta que lo espectacular es la catarata de 91 metros del final del trayecto, pensamos que no íbamos a pagar lo mismo por no ver lo esencial, aunque intentaron convencernos de que había cataratas más pequeñas en el recorrido y tal, pero no aceptamos, así que desgraciadamente, y con mucha pena, pusimos rumbo al plan B que teníamos en mente, visitar las termas de Hidden Valley.

Como a una hora y media de Pagsanjan, se encuentra el complejo de las termas, un resort que para los filipinos es un poco prohibitivo, pero que para cualquier europeo tiene un precio bastante asequible para lo que ofrece. El recinto está dentro de la jungla, todo verde en plena naturaleza, con unas piscinas naturales espectaculares y varias zonas de baño, y además, la comida y un snack para merendar por la tarde incluidos en el precio, 144 euros para tres personas (48 euros por cabeza).

A unos diez minutos andando por unos puentes de bambú súper chulos, se llega a una catarata muy bonita, donde no nos pudimos bañar por la fuerte corriente de las crecidas que comentaba antes, pero que es un sitio precioso para ver y echar unas fotillos.

La paz y tranquilidad que se respiran en el sitio son indescriptibles, estuvimos prácticamente solos, y además está todo muy nuevo, casi a estrenar, vestuarios, todo! porque según nos comentaron los trabajadores de allí es que iban a abrir antes de pandemia y justo les pilló todo, con lo cual, y teniendo en cuenta que en Filipinas lo han pasado realmente muy mal con todo esto, el que hayan abierto ahora ya es todo un éxito, y no tenemos duda de que se convertirá en un buen reclamo turístico en cuanto se corra la voz.

Después de Hidden Valley pusimos rumbo a Manila por otra carretera diferente a la de la ida, rodeando una laguna enorme que hay justo debajo de la zona metropolitana, y como no, encontramos un atasco bestial nada más llegar.

Como anécdota que contar, me dio un apretón y tuvimos que parar en una gasolinera de mala muerte para ir al servicio. No he visto cosa igual en mi vida, el servicio más guarro que una obra, y teniendo en cuenta que no usan papel higiénico y usan la típica duchita que usan en toda Asia para lavarse… En Filipinas además tienen una especie de cubo con un cazo, con lo cual ya podéis haceros una idea de lo que me tocaba 🙂

Después de comprar algunas cosillas, agua y tal en unos almacenes, decidimos dejar el coche en la empresa de alquiler, porque no nos fiábamos de nada, además del coñazo que supone conducir en Manila, así que allí fuimos y lo dejamos, volviendo en Grab al hotel, muy cansados.

Aprovechando que había un establecimiento de masajes justo al lado, y recomendado por el hotel, fuimos los tres, y la verdad que fue espectacular por 300 pesos (unos 5 euros). Masaje hilot de una hora que te deja totalmente descontracturado y listo para ir a dormir.

DÍA 6: Visita a Manila. Intramuros y centro comercial. Vuelo a Cebú.

Después de un desayunito en el hotel, decidimos hacer un poco de turismo por la ciudad, que no tiene muy buena fama, ni mucho turismo en comparación con las islas, y es que, aparte del tráfico, hay muchísima pobreza, como comentaba más arriba. Te piden por todos sitios y a todas horas, y no es agradable.

Nosotros no volveríamos a pisar Manila. Pensamos que no merece la pena gastar días de tú viaje en esa capital, porque no tiene nada demasiado interesante, ni nada imprescindible que ver.

Fuimos en grab a la zona de intramuros, que es el casco antiguo, con muchos vestigios de la colonización española, aunque la mayoría reconstruido después de la Segunda guerra mundial, pues quedó todo destruido. Por supuesto no nos libramos del tráfico, y tardamos en llegar casi una hora, estando a solo siete kilómetros de distancia nada más.

En intramuros también hay basura por las calles, menos que en otras zonas de la ciudad, pero también sucio. Nos encontramos un autobús de turistas, pero no aglomeraciones ni nada por el estilo. Muy poco turismo para ser el centro histórico.

Visitamos Casa Manila, que es una réplica de una casa colonial española de esa época, bien detallada, interesante pasear por el interior. El precio son 3,50 euros por persona y merece la pena verla, aunque solo sea una réplica, está bastante bien conseguido.

Al lado de casa Manila está el Instituto Cervantes, el cual visitamos gratis, y además uno de los trabajadores hablaba un poco de español, y nos enseñó la biblioteca, que está en la planta de arriba. Es una casa colonial bien conservada, nos recordó mucho al Instituto Cervantes de Cartagena de Indias, que también visitamos el año anterior.

Visitamos la catedral de Manila, que ha sido reconstruida varias veces también, pero no deja de ser una iglesia más como hemos visto en muchos sitios, aunque es verdad que merece la pena ver el interior. También visitamos la Iglesia de San Agustín, que el interior también merece la pena ver. Hay mucho turismo filipino rezando, pues en este país hay mucha fé y se nota por todos sitios.

Para terminar nuestro recorrido por intramuros, que se puede hacer perfectamente en una mañana, visitamos de pasada el parque Rizal y la Fortaleza de Santiago, con la celda de José Rizal, y el patio donde lo fusilaron. José Rizal es el héroe nacional, presente en monumentos y estatuas en todas las poblaciones del país. El precio es de unos 3 euros por persona.

Visitamos las catacumbas donde el ejército japonés torturaba a los filipinos en la segunda guerra mundial. Como curiosidad, comentar que los maniquíes de los soldados japoneses estaban pataleados y presentaban daños, lo cual da una idea de que actualmente aún recuerdan la barbarie de aquella época.

Después de intramuros nos fuimos caminando a Chinatown, que además es el barrio chino más antiguo de Asia, pero no nos gustó nada, porque una vez más nos pidieron por todas las calles, muchos niños pidiendo limosna, muy sucio todo y mucho caos por las calles. Por supuesto, no vimos a ningún turista occidental y fuimos el centro de atención todo el tiempo. Nunca sentimos inseguridad, pero no nos gustó nada, no hay mucho que ver, así que tal como entramos, recorrimos algunas calles y volvimos a salir.

Con el tráfico endiablado nos fuimos a un centro comercial que hay en el centro de Manila, un mall típico asiático en plan gigantesco, donde conseguí encontrar una tienda de drones dji, y me compré un drone por 210 euros menos que en Europa, listo para el resto del viaje.

Comprar el drone casi nos cuesta perder el vuelo a Cebú esa misma noche, porque al salir del centro comercial no econtrábamos taxis ni grabs, se nos hizo muy tarde, y mientras llegamos al hotel, cogimos las maletas y salimos se nos fue una hora más, y por culpa del tráfico, un trayecto de diez kilómetros al aeropuerto se convirtieron en una hora y media. Llegamos al vuelo un minuto antes del cierre de puertas, así nos lo dijo el señor que estaba en el mostrador, no perdimos el vuelo por UN MINUTO.

Hay que tener en cuenta que en el aeropuerto de Manila te hacen pasar por control de seguridad al entrar y después como los demás aeropuertos, con lo cual, te tienes que quitar el cinturón dos veces, las mochilas, los ordenadores fuera y ya sabéis todo lo que conlleva esto.

Llegamos en una horita a eso de las diez de la noche al aeropuerto de Cebú, y aprovechamos para cenar en una de las franquicias de hamburguesas filipinas, el famoso Jolibee, que ves por todos sitios donde hemos estado, 15 euros tres hamburguesas con bebida. Después cogimos un grab directo para el hotel, donde llegamos muy cansados para duchar y dormir.

DÍA 7: Coche de alquiler a Moalboal

Después de darnos un baño en la piscina del hotel y desayunar, nos fuimos al aeropuerto de Cebú para recoger el coche de alquiler, y desde allí directos para Moalboal, donde nos esperaban arrecifes de coral maravillosos y otro tipo de turismo diferente al de Manila, es lo que queríamos y deseábamos.

El camino de Cebú a Moalboal es de tan solo 87 kilómetros, pero una vez más, el tráfico horrible nos hizo tardar cuatro horas para llegar, otra auténtica tortura sumada ya a los días en Manila, y es que Cebú es otra ciudad que no merece la pena ver, es más de lo mismo, mucho ruido, mucho tráfico, caos generalizado y más gente pidiéndonos dinero por las calles. Aquí empezamos a entender del todo el por qué no tienen tanto turismo; la gente solo está de paso tanto en Manila como en Cebú. Por cierto, el precio del coche de alquiler fue de 63 euros para tres días.

La verdad que hay tramos que son muy bonitos de ver mientras vas con el coche, y hay un momento donde la carretera cruza la isla de una lado a otro, y es pura jungla, todo muy verde, aunque con miles de personas saliendo de todos sitios, perros sueltos, pollos, gallinas, un auténtico caos, ya que como expliqué antes, los pueblos en Filipinas se construyen a ambos lados de las carreteras, en los bordes, porque todo el mundo tiene puestos callejeros en las mismas casas y venden ahí a todos los que van pasando.

La hora punta en Cebú es una barbaridad también, cientos de niños saliendo del cole, cientos de personas volviendo de los trabajos a partir de las tres de la tarde, y claro, al recoger nosotros el coche de alquiler a las doce y media de la mañana, se nos juntó absolutamente todo, la hora del almuerzo y después la hora de las cinco de la tarde, así que casi cuatro horas tardamos en llegar a Moalboal.

El hotel una auténtica maravilla, como comenté más arriba, y nada más llegar nos ofrecieron servicio de Jeepney propio para llevarnos a cenar al pueblo, a la zona de Panagsama beach, que es la zona de restaurantes y resorts, tiendas de buceo y actividades, etc. El precio de ida y vuelta es de 300 pesos para tres personas (unos 5 euros los tres), y se llega en menos de diez minutos. También se puede ir caminando y se llega en unos 20 minutos.

La zona de Pagnasama tiene bastante ambiente, y ya es otro rollo, con turistas de todos sitios y con la gente local más acostumbrada a ver y a tratar a extrajeros, nada que ver con Manila.

Para cenar nos fuimos a un sitio que se llama Betsy`s Grill, un sitio con hamburguesas, algo de comida mexicana y buena carne a la parrilla, que la verdad que agradecimos después de estar cinco días comiendo comida Filipina, con tanto arroz y cerdo asado. Probamos las costillas de cerdo, una hamburguesa y unos burritos, todo excelente, con cerveza San Miguel Pilsen local. El precio 27 euros para tres personas, nada mal con las cervezas(más de tres) incluida.

Después de la cena nos fuimos a tomar unas copas, porque el sitio tiene bastante ambiente si te gusta salir de fiestecita como a nosotros, y la verdad que después de tanto tráfico y agobios, el estrés de haber casi perdido el vuelo y todo esto, necesitábamos tomarnos unas copitas y desconectar, así que fuimos a un sitio con dos plantas, la de arriba semi abierta, que se llama Blue Mango bar, con música muy fuerte, como es costumbre en Filipinas, y disfrutamos de unos maravillosos cócteles preparados por el personal, que además es muy amable. También había ofertas de happy hour 2×1. El precio de los cócteles e parecido al de España, un poco más barato, pagamos unos 15 euros por dos gin tonics y una margarita.

Después de las copas a descansar al resort, de vuelta en el Jepneey, una experiencia súper divertida subir a estos cacharros, la verdad sea dicha 🙂

DÍA 8: Sardine run en Pagnasama beach y visita a las cataratas de Kawasan y Cambais

Después de un desayunito en el resort nos fuimos a la zona de Pagnasama beach, donde se encuentra el famoso punto de snorkelling Surdine run, con el segundo banco de sardinas más grande del mundo por detrás del de Sudáfrica.

La actividad se puede hacer por libre pero es mucho mejor contratar un guía local, porque van a tiro hecho, te sacan unas fotos increíbles y la experiencia es muchísimo mejor aún que haciéndolo tú solo. Los guías filipinos bajan a pulmón a 15 metros a veces, y toman fotos desde abajo increíbles, no se puede comparar con nada. Además vimos una tortuga también, aunque con la cantida de turistas que había es casi imposible no molestarla, con todos encima y algunos animalitos o individuos tocándola, cosa que odiamos y rechazamos totalmente, ya que no se puede molestar ni perturbar a la vida marina que hay en estos sitios.

El precio de la actividad fue de 18 euros para tres personas (seis euros por cabeza), y te incluye el guía. Si no tienes equipo de snorkelling puedes alquilarlo todo, no es nada caro. Nosotros teníamos nuestro equipo, pero alquilamos las aletas que no nos caben en el equipaje desde España. También puedes alquilar una go pro para la actividad.

Después del sardine run nos fuimos en coche a las cataratas de Kawasan. Hay una media horita, no están demasiado lejos, pero cuando llegamos estaba lloviendo bastante y estaba todo a reventar de turistas. El sendero te lleva una media hora larga hasta llegar a las cataratas, y tienes la opción de hacer la actividad del cañoning o solo el sendero y bañarte en las cataratas, que es lo que hicimos nosotros, más que nada por la falta de tiempo. Tengo que decir que han sido de las pocas cataratas donde no me he bañado en Filipinas, porque estaban saturadas de gente, porque te obligaban a ponerte un chaleco salvavidas y porque el agua estaba bastante fría y yo odio el frío.

La entrada a las cataratas de Kawasan (solo sendero y cataratas) cuesta 11 euros para tres personas, unos tres euros y pico por persona, un precio más que asequible teniendo en cuenta que es uno de los principales atractivos turísticos de Filipinas.

Sin dejar de llover hicimos el sendero de vuelta, y paramos en unos puestecitos allí mismo, donde probamos unos dulcecitos de chocolate que estaban realmente buenos, un tentempié para seguir a nuestro próximo destino, las cataratas de Cambais.

Las Cambais Falls están cerca de las Kawasan falls, unos veinte minutos en coche, pero como estaba lloviendo y la carretera de montaña es bastante delicada, además en obras, tardamos un poco más. Al llegar donde nos marcaba el GPS, dejamos el coche aparcado y con la lluvia fina comenzamos a caminar por la jungla, un sendero de unos 35 minutos, hasta llegar a las cascadas. No hay señalización, con lo cual es muy fácil perderse y volverte para atrás. Nosotro tuvimos suerte de encontrarnos con unos chicos que venían de vuelta y nos indicaron que no estaban demasiado lejos, así que continuamos y llegamos.

Las Cambais falls no son tan impresionantes como otras que hemos visto, pero merecen mucho la pena porque apenas hay turismo y el sendero por la jungla es increíble, absolutamente nadie, y además la entrada es gratis. Llegamos y toda la catarata para nosotros, no vino absolutamente nadie a esa hora de la tarde ya, así que la disfrutamos muchísimo (yo un poco menos porque no me gusta nada la lluvia) y en unos cuarenta minutitos volvimos al coche, porque empezó a caer una niebla bastante densa, y teníamos un poco de miedo de perdernos ahí en la nada.

El camino de vuelta a Moalboal como siempre con mucho tráfico, aunque por supuesto nada que ver con Cebú city o Manila, pero eso sí, con lluvia y niebla hay que tener mucho cuidado por la carretera allí, porque además la carretera se pone impracticable, y si sumamos a la hora punta la gente saliendo de todos lados, los perros sueltos en mitad de la carretera, los pollos…. Filipinas en estdo puro.

Cuando llegamos al resort, nos pegamos una duchita y nos fuimos en triciclo a la zona de Pagnasama beach a cenar. Ese día el Jeepney del hotel no estaba disponible, pero ellos se encargan de llamarte un triciclo que por 200 pesos te lleva y te trae después, así que allí nos fuimos.

Para cenar elegimos un sitio que se llama Hungry Monkeys, un sitio con dos plantas con una decoración muy bonita, buenas críticas en internet y buen precio. Tienen una zona en la que solo puedes entrar descalzo y otra para entrar con zapatos, que es la que elegimos nosotros.

Pedimos unos rollitos de primavera, unos langostinos rebozados y un pad thai. Los platos bastante grandes para compartir los tres, y de bebida San Miguel como casi siempre. El precio, 35 euros para tres personas, precio bastante asequible teniendo en cuenta que Moalboal es un poquito más turístico que otras zonas ya.

Después de la cena volvimos al sitio del día anterior, al Blue Mango bar, nos tomamos unos cócteles y a la media hora nos fuimos súper cansados a dormir de vuelta en el triciclo.

Un día intenso, lleno de paisajes, aunque con lluvia, pero nos lo pasamos genial!

DÍA 9: Vuelta a Cebú y vuelo a Busuanga/Coron.

Amanecimos con un día soleado, en mi caso bastante temprano, a eso de las seis de la mañana, y me fui con Lucía a dar una vuelta por la playa del hotel, con el objetivo de hacer una última paradita de snorkelling, pero la marea en Filipinas es bestial, y estaba baja a esa hora, con muchísimas piedras, con lo cual fue imposible, así que decidimos dar un paseo por el intermareal y curiosear entre los mariscadores locales que se ponen por allí. Nos llevamos una gran sorpresa, porque hay muchísimo coral vivo precioso que se queda a treinta centímetros de profundidad, una auténtica maravilla, espectaculares.

De vuelta del paseo recogimos todo el equipaje y desayunamos tranquilamente en el hotel. Por delante casi cuatro horas de vuelta en coche a Cebú city, directos al aeropuerto para volar por la tarde a Coron, nuestro próximo destino.

Aproveché la mañana para hacer la primera toma de contacto con mi drone recién comprado, y la verdad que es una pasada, va a ser nuestro nuevo compañero de viaje en todos los sitios en los que lo permitan, porque con esto hay que tener bastante cuidado.

El trayecto de vuelta se nos hizo un poco más llevadero, con un poco menos de tráfico, y llegamos sobre las doce de la mañana a la oficina de enterprise para entregar el coche de alquiler. De ahí nos llevaron en transfer a la terminal, y aprovechamos para comer en otra cadena local, el Chowking, barata y un poco mala, pero ya dentro del aeropuerto y con media hora para embarque es lo único que había, porque además el aeropuerto de Cebú es muy pequeño y apenas hay donde elegir.

En una hora estábamos aterrizando en el aeropuerto Francisco B. Reyes, que es muy muy pequeñito, y al pasar a la terminal te preguntan obligatoriamente en qué hotel te hospedas, y te obligan a coger un taxi que ellos eligen, no hay opción de pedir taxi por tí mismo, es muy curioso. Nos llevaron directamente al hotel en una van, y se tarda unos 20 minutos en llegar, pues el aeropuerto está en el centro de la isla.

Nada más llegar a nuestro hotel, conocimos a una pareja portuguesa que estaban buscando compartir barco para hacer el Ultimate Tour al día siguiente, y además ellos ya tenían el barco, con lo cual una cosa menos que hacer, y además tour privado más económico.

Nos bajamos en triciclo al pueblo por unos 75 pesos (un euro y algo) y dimos una vuelta. Coron town es una pueblecito pequeño pero con mucho turismo, muchísimo occidental, y la gente local está muchísimo más acostumbrada a tener turismo, nada que ver con los días en Manila. El contraste es brutal, el cómo puede cambiar tanto un sitio de otro en el mismo país.

Antes de cenar nos fuimos a tomar unas cervezas a un bar que estaba muy animado, ya con turistas de todo el mundo, y probamos unas Ipas.

Para cenar fuimos a un sitio que nos gustó bastante, que aunque no es de los más baratos tenía muy buena pinta y buenas críticas en internet. Se llama El Kuvo, es como una cabaña de madera gigante, con una decoración preciosa y buen ambiente. La comida nos gustó muchísimo, probamos unos rollitos de primavera excelentes, un ceviche un poco diferente a lo que habíamos probado anteriormente, un hummus espectacular con pan de pita y una pizza casera riquísima. Bebimos al menos dos cervezas cada uno,y una margarita, y el precio total para tres personas fue de unos 45 euros (unos 15 euros por persona). Hay que tener en cuenta que un 5% de propina lo incluyen en la cuenta ya.

Después de cenar fuimos directos al hotel, a dar por finalizado otro día intenso, como todos los que hemos pasado en Filipinas.

DÍA 10: Ultimate tour Coron.

En Coron hay dos tipos de excursiones de «island hopping» que puedes hacer. Por una parte, está el llamado Ultimate Tour, y por otro lado está en Escapade Tour. Se pueden hacer estos tours en un barco privado o en uno público. No hay mucha diferencia de precio, y es mucho mejor hacerlo privado por lo que cuesta, pudiendo elegir dónde quieres parar y a dónde quieres ir, siempre dentro de unos límites claro está (tampoco es plan de irnos a Bali con la excursión :). Si lo haces privado los chicos de la tripulación van contigo al mercado, compran lo que quieras comer y después te lo cocinan en el barco.

Si eliges la excursión pública, irás con unas veinte personas en el barco, sujeto al itinerario y a los tiempos que te permitan estar en cada sitio.

El Tour Ultimate incluye cinco o seis paradas, dependiendo de la climatología y el estado de la mar. En nuestro caso, hicimos parada en Kayangan lake, Twin lagoon, Atwayan beach, Coral Garden, Skeleton wreck, CYC island y Barracuda Lake.

No entendimos el por qué no nos llevaron a siete pecados, que nos dijeron que es una maravilla imprescindible, pero no pudo ser, así que lo tenemos pendiente para la próxima vez, porque por supuesto vamos a volver a este país a seguir descubriendo cosas.

El día comenzó bastante temprano, a eso de las seis y cuarto de la mañana ya estábamos desayunando en el hotel, y a las siete menos cuarto nos recogieron para llevarnos al mercado a comprar la comida. Junto a la parejita portuguesa que conocimos, los cinco compartimos barco y tour, y nos fue de maravilla. El precio, a compartir, 12.000 pesos, que son unos 200 euros, (entre cinco personas, 40 euros por cabeza), incluye la comida, el barco y las tasas de todas las islas, pues en Filipina todas las playas tienen una tasa de entrada de entre 50 y 150 pesos.

Entrar en un mercado de Filipinas es algo muy peculiar, y digo peculiar porque no es apto para todos los públicos, me explico. Si eres aprensivo con los olores mejor te quedas fuera. En estas islas de Filipinas, no hay sistemas de refrigeración como estamos acostumbrados a ver en Europa, es decir, la carne se expone en los puestos al aire libre, en mchos casos con ventiladores de los chinos para espantar a las moscas, y el olor es horrible, de los que te dan ganas de vomitar, muy intenso, por eso recomendamos que si eres sensible a los olores no entres. Nosotros entramos y echamos un vistazo. La verdad es que todo es fresco, porque como no pueden conservarlo bien o lo venden en el día o lo tiran, no hay más.

Los guías compraron unos jureles magníficos, atún, carnes como pollo y cerdo, y fruta para los postres. Todo esto te lo cocinan en una barbacoa en el barco a la hora de comer, y te lo sirven en bandejas en la parada para el almuerzo.

Cuando terminamos en el mercado nos fuimos a embarcar al puerto, justo al lado del mercado. Como siempre, un caos generalizado, con el guardacostas (el sheriff del lugar) gritando por un megáfono todo el tiempo a los barcos, que empiezan a acercarse al muelle para recoger a los clientes. Todo lleno de turistas, de vendedores ambulantes vendiendo bolsas estancas, palos de go pro, sombreros, gorras, crema solar, agua, etc etc etc, de barqueros, de tripulaciones…

Tuvimos suerte al ser privado, de embarcar rápido y salir para la primera parada, que está a quince minutos justo en frente de Coron town.

La primera parada es espectacular, cuando vas llegando vas viendo las montañas de roca caliza gigantes, con el mar metiéndose dentro, lo que me recordó mucho a la parte oeste de Mallorca cuando he navegado por allí. Una vez dentro, parada, y nos preparamos para subir a Kayangan lake, que está justo arriba de la montaña, y hay que subir por unas escaleras como quince minutos.

El lago es espectacular, y las vistas desde arriba más aún, aunque la cola para hacerse la foto… madre mía, nosotros pasamos directamente al lago para no perder tiempo, y nos metimos a un bañito del tirón. El chaleco salvavidas es obligatorio, es un coñazo pero hay que llevarlo.

Después de las fotitos de rigor y del bañito volvimos a bajar a la zona del barco, y cuando llegamos ya estaba la tripulación cocinando la comida, y mi amigo Eric en kayack de camino a la siguiente parada, pues el prefirió quedarse abajo y utilizar el kayack tranquilamente.

Cuando bajamos, estaba todo lleno de barcos ya, increíble la cantidad de turistas que hacen estos tours, y nos comentaron que en noviembre aún es temporada baja, que en enero es muchísimo peor.

La siguiente parada está a diez minutitos, Twin Lagoon, donde probé de nuevo el drone, mi primer vuelo sobre el mar, un poco acojonado pero fue bastante bien. Espectaculares las vistas aéreas del sitio, y el arrecife de coral. Hicimos snorkellin por supuesto, y nos relajamos con unas cervecitas bien frías, recién sacadas del hielo de las neveras que llevan los guías.

Twin lagoon es espectacular también, dos lagunas interiores a los que puedes ir en kayack desde el barco, aunque había muchísima gente también. El sitio quita la respiración, qué manera de difrutar!

Hay que tener mucho cuidado con el sol en Filipinas, a las doce de la mañana quema muchísimo, pero muchísimo más que en Europa y que en Andalucía en verano, que ya es decir. Tienes que estar poniéndote crema solar cada quince minutos si no quieres acabar como un salmón noruego. Es muy peligroso, hay que tenerlo en cuenta, cuando menos te esperas ya estás rojo.

La tercera parada, ya para comer, en una playa espectacular, Atwayan beach, con una tiendecita local para comprar más cerveza si necesitas o cualquier cosita para picar, chucherías, etc.

El almuerzo estuvo de lujo, muchísima comida, los chicos cocinan muy bien. El cerdo asado muy rico, lo ponen como si fuesen chicharrones de Jerez. El pescado a la barbacoa muy bien, y los langostinos. El arroz para acompañar con una salsita picante muy buena, y mucho mango para el postre.

Estuve practicando con el drone en la playa, una auténtica pasada las vistas del sitio.

Después de comer nos dirigimos hacia la cuarta parada, y llegamos los primeros, no había absolutamente nadie en Coral Garden, que así se llama el arrecife. Tengo que decir que antes de haber estao en la isla de Siquijor es el arrecife más vivo que jamás he visto, ni siquiera en el México, Colombia o Maldivas había visto un arrecife igual que este, solo superado, como ya digo, por los arrecifes de Siquijor.

Estuvimos una horita con el snorkelling y nos fuimos a un sitio donde hay un barco japonés hundido de la segunda guerra mundial. A mí personalmente no me gustó nada, porque estaba atestado de turistas, todos nadando y molestando en muchos casos, y al final el barco está a 25 metros de profundidad, y la visibilidad estaba malísima, con lo cual solo pudimos ver una parte de la proa, pero muy muy mal. Entiendo que esta actividad merece la pena hacerla más de buceo, porque con el snorquel no se ve casi nada, al menos ese día con la visibilidad que había.

La quinta parada la hicimos en CYC beach, que segú nos contaron, es de las pocas playas donde van los filipinos los fines de semana a celebrar cumpleaños y eventos familiares, ya que no tiene tasa de entrada. La isla es muy pequeña y estaba abarrotada de gente, con lo cual decidimos que no queríamos parar y seguir al siguiente punto, Barracuda Lake, pues pensamos que CYC no merecía mucho la pena.

Barracuda Lake fue la sexta y última parada del tour, y esta sí que merece mucho la pena. Llegamos a una playa donde el barco queda fondeado, y subes por unas escaleras al lago interior, que en realidad es un cráter volcánico. Es precioso, el agua es salobre y tiene la peculiaridad de que el agua en profundidad es geotermal, a unos cuarenta grados. Si eres capaz de bajar a pulmón a unos siete u ocho metros vas a notar que la diferencia de temperatura es brutal. Además, las formaciones rocosas debajo del agua son blanquecinas, muy características, y está todo lleno de peces trompeta pequeños, y cientos de caracoles pegados a las rocas. Merece mucho la pena darte un baño en el sitio. Las fotos que hacen los guías son geniales!

La vuelta a Coron son unos quince minutos. A las cinco menos cuarto de la tarde ya estábamos en puerto, muertos de cansancio, así que cenamos muy pronto en el restaurante del hotel, y nos metimos a la cama, récord! Creo que no me he acostado a las ocho de la tarde en mi vida! 🙂

Como conclusión, y ya conociendo ahora el sitio, hubiera cambiado las paradas del naufragio y la parada CYC por Siete pecados sin duda. La verdad es que no nos informamos bien, pero teníamos entendido que Siete Pecados entra en todos los tours.

Nos hemos quedado con las ganas de hacer el Escapade tour, que nos han comentado que es más de playas desiertas, pero por falta de tiempo no pudimos hacerlo, así que lo dejamos pendiente también con siete pecados.

DÍA 11: Alquiler scooter y vuelta a la isla de Coron. Visita a las termas. Visita Monte Tapyas. El día que perdimos los teléfonos 😦

Después de dormir a pierna suelta toda la noche, nos levantamos a las ocho de la mañana, desayunamos en el hotel y nos alquilamos una scooter en recepción (400 pesos/día, unos 6 euros) para ir al norte de la isla, que se llama Busuanga, a buscar una actividad cuanto menos curiosa, nadar con dugongs, una especie de vaca marina que solo está por esa zona de Filipinas.

La actividad de los dugongs no es habitual en la isla, y por lo visto, y lo que nos contaron, hay que contratarla uno o dos días antes en Coron town, pero ni siquiera desde el hotel pudieron ayudarnos porque no tenían ningún contacto, así que decidimos ir al poblado desde donde parten las excursiones.

La carretera que bordea la isla de Coron es bastante cómoda, sin apenas coches ni tráfico, hay que tener cuidado al pasar por los pueblecitos por el tema de perros sueltos, niños por todos sitios, personas que salen de cualquier lugar y todo esto. Pasamos por pueblitos como Concepción, hasta llegar al norte, donde te cobran una especie de peaje, una ecotasa de 100 pesos para pasar a Busuanga.

Hartos de preguntar por el sitio, y además siendo domingo, nadie nos supo indicar, así que decidimos tirar la toalla y seguir haciendo turismo. Quisimos volver por el otro lado de la isla, y ese fue el peor error que cometimos, ya que en la parte del norte hacia la mitad este no hay carretera, y como había llovido un poco es una auténtica locura cómo estaba aquella zona. Por un momento pensamos que nos quedábamos tirados allí y que rompíamos la motillo a pedazos, pero tras casi dos horas yendo muy muy despacito y evitando surcos y boquetes enormes llegamos al tramo de carretera, con el culo y los brazos molidos, un auténtico palizón.

Aunque en el norte nos recomendaron la playa de Ocam-Ocam, no pudimos apreciar lo espectacular que dicen que es, porque había marea baja y solo vimos una bajamar enorme de piedras, súper feo! aunque debe ser una maravilla con la marea alta, vimos fotos que eran una pasada, pero ese día no tuvimos suerte, ni con la marea ni con los dugongs.

Al volver a Coron town, paramos en unas termas, hotsprings, cuya entrada cuesta cinco euros por persona, y que personalmente pienso que no vale la pena. Nada que ver con las termas de Hidden Valley que visitamos, esas tienen dos piscinas pequeñas y una zona de manglar a la que no te dejan acceder con marea baja. Desconocemos si con marea alta te puedes bañar en la zona de manglar. Lo que sí puedo asegurar es que con 33 grados de temperatura y muertos de calor, lo que menos te apetece es meterte en una terma a cuarenta grados, solo con meter los pies ya fue suficiente, porque llegamos muy mareados y además nos habíamos quemado los brazos y la cara en la moto.

De las termas nos fuimos a comer al pueblo, donde nos esperaba nuestro compañero de viaje, que ese día prefirió descansar tranquilamente, y en cuanto llegamos nos refrescamos con agua y unas cervezas, y pedimos para comer un hummus con pan de pita, unas aceitunas y un ceviche. La comida exquisita! El sitio se llama Pacífico y comimos por 56 euros entre los tres. Se nota que en Coron hay más turismo porque los precios son ligeramente superiores a la media.

Después de comer nos fuimos a subir al Monte Tapyas, una montaña que tiene un cartel de Coron como si fuese Hollywood, pero con 721 escalones. Hay que echarle valor y mucho esfuerzo con ese calor y esa humedad. Llegamos empapados arriba, pero las vistas merecen la pena, aunque con el día nublado no pudimos ver la puesta de sol.

Para bajar lo hicimos despacito, y nos fuimos directos a pegarnos una ducha al hotel, y ahora es cuando empieza lo «divertido» de este día. Tal como llegamos al hotel, mi amigo Eric nos dice que ha perdido el teléfono, y que está seguro que se le ha caído arriba en el Monte Tapyas (OH my gooood), lo que quiere decir que tuve que dejarle un chubasquero (pues llovía fuerte) y que los 721 escalones lo esperaban de nuevo. Mientras estaba yendo yo no dejaba de llamar a su teléfono, que daba señal, hasta que a la media hora me contesta una señorita y me dice que ha encontrado el teléfono y que lo ha dejado en la policía de Coron town.

Cuando Eric regresó ya le conté la película, así que nos duchamos y nos fuimos directos a comisería a recoger el teléfono.

La «Comisaría» de Coron es para reirse mucho en el buen sentido de la palabra. Un señor allí sentado con su asistenta, de uniforme ambos, y el hijo pequeño del señor de unos tres añitos, con una hucha y un cartelito con la frase «Ayuda para mi hijo». En el lado derecho al fondo, un cuartito con una puerta de rejas y tres personajes sin camiseta dentro encerrados. No pude evitar reirme al ver el panorama y el policí me dijo «los malos que han robado» 🙂 Le dimos unos pesos para la hucha y muy amablemente la señora le devolvió el teléfono a mi amigo, y nos pidieron por favor que nos hiciésemos una foto con ellos y con el teléfono, supongo que para mostrar lo eficaz que es la policía en Coron 🙂 Nos despedimos y nos fuimos a tomar unas copitas a la azotea de un hotel, y de ahí a una hamburguesería que se llama KTM.

Las hamburguesas del KTM te las hace el chico allí en una barbacoa al carbón, están excelentes, pero como ya sabréis, mi colon irritable a veces me juega muy malas pasadas, y digamos que la hamburguesa no me cayó nada bien, porque después del KTM nos volvimos a la azotea del hotel anterior, y me entró un apretón de los que marcan una época 🙂 Con cola de chicas en el único baño que había disponible, tuve que decirle a la camarera que me jiñaba vivo, y tuvo la gran amabilidad de mandarme a la planta baja y abrirme una habitación que tenían libre, cosa que agradecí porque además de las cagaleras también vomité la maldita hamburguesa.

Subí para arriba a terminarme mi gin tonic, y nos volvimos al hotel a dormir. Y ahora viene la segunda parte de la historia 🙂 Llego a la habitación y me doy cuenta de que he perdido el teléfono!! Cómo es posible! Mi amigo por la tarde y yo por la noche! La cara más blanca que la pared entre las cagaleras y el teléfono, me fui a recepción y la chica me ayudó muchísimo, llevándome en su moto al hotel donde habíamos estado, y tuve la gran suerte de que llegué, le dije al chico de recepción que me lo había dejado allí y efectivamente! el Móvil estaba en el lavabo con la luz encendida! Con los nervios del apretón ni siquiera había encontrado la luz del baño, así que había puesto la linterna del teléfono y lo había dejado caer en el lavabo.

Por suerte, mucha suerte, los dos teléfonos perdidos aparecieron, y con esto cerramos nuestro último día en Coron, durmiendo a pierna suelta de nuevo.

DÍA 12: Ferry a El Nido, masaje relajante

A las seis de la mañana nos pusimos en marcha con todo el equipaje preparado para salir hacia la terminal de ferrys de Coron town, para lo cual habíamos reservado una van la tarde anterior (11 euros para tres personas). Por delante cinco horas de travesía en ferry, donde Lucía y yo nos sentimos como en casa. Zarpamos a las ocho de la mañana, no sin antes abonar las tasas portuarias, pasar varios controles incluyendo perros policía, facturar la maleta pagando también una tasa, etc etc, lo típico en todas las ciudades de Filipinas.

Este ferry es el más caro que hemos cogido en Filipinas. Salió 166 euros entre los tres, unos 55 euros por persona. Como anécdota que recordar, en la estación marítima justo antes de embarcar, alguien había perdido un pasaporte, español además, y una agente de policía empezó a llamar por su nombre a una tal «Elena Fernández» que no apareció, pero que resultó ser una chica que conocimos en Port Barton días más tarde, y que compartió con nosotros una excursión de island hopping 🙂 El mundo es pequeño!

La previsión marítima al principio pintaba bastante bien, pero la segunda mitad del viaje empeoró y el ferry comenzó a dar balanceos fuertes, lo que llevó a la tripulación a repartir las típicas bolsitas para potar, y viendo lo que ocurrió acertaron de lleno, pues hubo gente que no aguantó.

Durante la travesía hacia El Nido se ven islas paradisíacas, pequeños islotes, y cuando vas llegando ves una parte de la isla de Palawan, Nacpan beach, twin beach, hasta que entras en la bahía pequeñita de El Nido y ya ves las imponentes montañas de caliza que son conocidas en todo el mundo y en instagram.

A la una de la tarde estábamos desembarcando con un calor de 33 grados horrible. De la estación marítima al centro hay cinco minutos caminando, y aún así hay un montón de triciclos cuyos conductores te insisten hasta la saciedad para que cojas uno. Nosotros fuimos andando hasta el centro y no es nada.

Como Eric se había vuelto a equivocar con el hotel (lo había pillado en el quinto carajo a 40 minutos de El Nido pueblo), tuvimos que intentar reservar durante el trayecto en ferry, sin cobetura, así que elegimos dos y los visitamos en persona. Cuando elegimos el que iba a ser nuestro cuartel general los próximos cuatro días dejamos los equipajes, llevamos la ropa sucia a una lavandería (15 euros 10 kilos de ropa de los tres) y nos fuimos a comer a una callecita llena de bares justo detrás de la playita desde donde salen la mayoría de excursiones y tours.

Elegimos para comer un sitio que se llama Vibes Restobar, que es una cabaña grande con dos plantas, y la verdad que estuvimos bastante bien arriba con los ventiladores a tope que te ponen. Pedimos unos calamares fritos, una especie de ceviche diferente a lo que habíamos probado, unos rollitos de primavera, una brocheta de pollo y una especie de presa ibérica. Además pedimos un postre que era una especie de banana con chocolate. Los precios en El Nido son un poco más altos que en Coron, pues es más turístico aún. Esta vez 55 euros entre los tres.

Cuando terminamos de comer nos fuimos a un centro de masaje cercano al hotel, y estuvimos una hora relajados. Los masajes en filipinas son muy baratos, en el orden de unos 700 pesos una hora, más o menos unos diez euros, y te dejan como nuevo. Tienen muchos para elegir.

Después del masaje nos pusimos a organizar el tour para el siguiente día. Nos decidimos por el tour A, y tuvimos la suerte de conocer a una parejita joven de viajeros de Costa Rica, que al igual que nos pasó en Coron con los chicos portugueses, compartimos los gastos del barco privado, así que reservamos y nos fuimos a duchar al hotel.

Para cenar fuimos a una especie de bar mexicano muy cerca del hotel, con buenos cócteles también, que se llama Portos Fiesta. Comimos unos tacos mexicanos por 17 euros con cervezas incluidas, unos seis euros por cabeza.

DÍA 13: TOUR A de El Nido

En El Nido, a diferencia de Coron, los tours empiezan más tarde, como muy pronto a las ocho y media de la mañana, por orden del guardacosta que es el que da la autorización a los barcos para salir a navegar, y además, según nos comentaron, a raíz de las intoxicaciones alimentarias que se han venido produciendo en las excursiones, no te dejan cocinar la comida en el barco aunque sea privado, es decir, esto ya no es como Coron que vas al mercado a comprar tu comida y la tripulación te la cocina, aquí tienen tres o cuatro tipos de menús que ya vienen preparados en bandeja como si fuese un catering. Entendemos que es más negocio que otra cosa, pues no acabamos de creernos lo de las intoxicaciones alimentarias con lo poco que cuidan la higiene en este aspecto en toda Filipinas.

Como teníamos que esperar una hora en la playa desde donde salen todas las excursiones,decidimos ir a por cervezas para llenar la nevera del barco, pues ellos solo te incluyen agua y refrescos, y como buenos españoles nosotros somos de cerveza, así que fuimos a una de las tiendecitas locales de las muchas que hay en la zona y nos surtimos de lo lindo.

En El Nido el precio de la San Miguel es igual que en todos los sitios donde hemos estado, no varía demasiado, diez pesos arriba, diez pesos abajo, más o menos. Como dije antes, empezamos con el Tour A, que es uno de los que más recomiendan en varios blogs de viajes en internet. El precio, 129 euros, barco privado que compartimos con los chicos de Costa Rica que conocimos, cinco personas, con la comida y las tasas de las playas incluidas, lo que viene siendo unos 25 euros por persona, que nos parece bastante bien para lo que ofrece el recorrido.

A las ocho y media ya estábamos embarcando, y como a unos quince minutos la primera parada, Seven Comandos Beach, una playa con arena blanca y un palmeral muy bonito. Llegamos los primeros, y pudimos sacar el drone y hacer algunas tomas, además de hacer snorkelling en un pequeño arrecife que tiene, aunque no está demasiado vivo.

La siguiente parada la hicimos en el Big Lagoon, uno de los sitios más famosos de Filipinas, conocido por aparecer muchísimo en las fotos de instagram, con las montañas de caliza enormes y las típicas estampas de las bangkas filipinas fondeadas dentro.

Cuando llegamos a Big Lagoon ya había bastante gente. Los barcos llegan y fondean fuera, y tienes que ir en kayack para dentro. El sitio es espectacular, de los paisajes más increíbles que hemos visto en todos nuestros viajes, te deja con la boca abierta, agua turquesa que entra dentro de unas montañas enormes formando una inmensa laguna interior. Uno de los concursos de red bull de saltos se hace aquí precisamente.

Los guías muy amables, nos hicieron mil fotos, ya que ellos conocen los mejores sitios donde hacerlas y son unos artistas diciendote cómo tienes que posar, una maravilla! muy divertidos! además de llevarte por todos los rincones, incluido un pequeño desfiladero donde puedes pasar con el kayack.

Pasamos como una hora y media dentro del Big Lagoon, visitando pequeñas playitas que tiene dentro, y después otra vez para fuera en el kayack, hasta llegar a nuestro barco, listos para la próxima parada, la del almuerzo.

Almorzamos en una zona de arrecife pegado a las montañas, muy cerca del Big Lagoon, una zona que se llama Shimizu island, y a diferencia del tour que hicimos en Coron (Ultimate tour) aquí no bajamos a una playa para comer, si no que comimos en el mismo barco. La tripulación te sirve las bandejas que previamente has elegido, y ellos aprovechan para mariscar por la zona, lo que nos llamó bastante la atención, pues cogen una especie de ostras y caracoles de mar que se llevan a casa, mientras nosotros aprovechábamos también para hacer algo de snorkelling y relajarnos un poco en el agua después de comer. Por cierto, el menú que elegimos casi todos fue el de pollo, y habia de cerdo y otro más de verduras.

La cuarta parada del día está cerca del Big Lagoon, en la misma isla justo detrás, y se llama Secret Lagoon. Cuando llegamos ya había bastantes barcos fondeados, sobre todo de los tours que no son privados, con lo cual más gente aún.

La entrada a Secret lagoon es bastante estrecha, los barcos se quedan fuera y tu entras nadando. Es una experiencia muy chula porque no te esperas lo que hay dentro, una laguna pequeña con paredes enormes, como un hoyo gigante. Cuando entramos había un grupo de un barco de tour público, pero la suerte es que al tener ellos un tiempo limitado en cada parada, cuando se van se van todos a la vez, así que hubo un momento que pudimos disfrutar del sitio totalmente solos, un privilegio!

De secret lagoon directos a puerto, a eso de las cuatro y media de la tarde. Descansamos en el hotel después de darnos una buena ducha y salimos más tarde a una calle donde venden souvenirs, para aprovechar y comprar cosillas, pues los siguientes destinos, al ser mucho menos turísticos no tienen tanta variedad como El Nido para llevarte para regalos, recuerdos, etc.

Después de comprar varios souvenirs nos fuimos a cenar, y nos apetecía mucho unas pizzas, así que buscamos una de las pizzerías con mejores críticas en google, y nos fuimos directos allí, pero a la hora punta, al haber tanto turismo en la zona, todo se peta, así que te toca esperar, y así lo hicimos.

Elegimos una pizzería italiana que se llama Trattoria Altrove, un sitio un poco más pijo, pero cenamos increíblemente bien. Pedimos de entrante un carpaccio de ternera y unos tomates relleno de parmesano, y una pizza casera riquísima, además de nuestras respectivas cervezas y alguna margarita, que también las hacen muy buenas allí. El precio un poco más caro, para tres personas 56 euros, unos 18 euros por persona.

Después de la cena nos dimos una vuelta por el pueblo y nos llamó la atención una especie de casino que se montan allí la gente local en medio de la calle. Les encanta apostar y tienen una especie de ruleta y unos dados de colores. Apuestan a los colores y es muy curioso verlo porque se forma un jaleo terrible allí y lo viven mucho 🙂

Y con esto terminó nuestro día, directos a dormir.

DÍA 14: Alquiler de scooter, Visita a Ile Cave, Bulalacao Falls, Nacpan beach

Nuestro décimocuarto día en Filipinas transcurrió entre playa, montaña y selva, y esto es lo bueno que tiene este país, que si te cansas de playa o has tenido un día muy duro en el mar puedes irte al siguiente día a bañarte a unas cataratas de relax, o hacer excursiones a la montaña, a la selva o a cualquier cueva o volcan que se encuentre en la zona.

Alquilamos dos motos (400 pesos/día cada moto, unos 7 euros), y nos fuimos en busca de unas cataratas y una cueva al norte de El Nido, a unos cuarenta minutos aproximadamente.

Nuestro primer destino fue la cueva, que se llama ile cave, y hasta allí llegamos con la scooter. El camino es muy bonito, es plena jungla y vas pasando por puentes y ríos con vacas y cabras sueltas por todos sitios, además de los pollos y los perros como siempre. Cuando llegamos al destino había un pequeño centro de interpretación, con una chica que hace de guía y su marido. Allí estaban los dos tirados en unas hamacas, muy típico del «Filipino style», con unos cuantos de niños pequeños. La chica, Iris, es muy amable, y nos hizo una pequeña introducción en el pequeño museo que tienen, una vez equipados con nuestros cascos y nuestros frontales para alumbrarnos una vez dentro.

Cuando termina la introduccion con la pequeña charla de los descubrimientos que han hecho, las excavaciones y todo lo que han encontrado por ahí, Iris te lleva camino abajo hacia la cueva, a la que llegamos en diez minutitos. El paseo es muy agradable y tienen todo muy cuidado, parece un jardín gigante.

Una vez abajo, ya se puede apreciar la entrada de la cueva, que es bastante grande, y nada más entrar te das cuenta que todo es muy precario, nada de grandes atracciones turísticas como en España, nada de pasarelas o escaleras dentro de la cueva y todo muy muy virgen.

ile cave no es un destino turístico por el momento, no es una actividad que los turistas hagan normalmente, con lo cual merece mucho la pena, pues estábamos los tres solos con la guía, y se disfruta muchísimo si te gustan este tipo de visitas o de lugares.

La cueva está llena de murciélagos, y de sus caquitas. Un manto gris oscuro cubre todas las rocas, y es impresionante mirar las bóvedas que tiene con cientos de murciélagos pequeñitos volando alrededor, molestos por la luz de nuestros frontales.Además, hay estalactitas enormes, y estalagmitas enormes también.

Disfrutamos mucho de la visita, Iris nos enseñó pasadizos que entran para dentro, pero que aún no han sido explorados, con lo cual por seguridad no se puede pasar, pero nos impresionó lo enorme que es la cueva, y lo que queda aún por explorar ahí dentro, a saber lo que encontrarán en el futuro.

La visita te lleva una horita en total, y yo aproveché para volver a volar el drone y sacar unos vídeos muy chulos, pues hay unas montañas de caliza enormes y todo es selva en esa zona.

El precio de la entrada es 9 euros, 3 euros por persona.

Nuestra siguiente parada fue en Bulalacao waterfalls, que está bastante cerca de la cueva. Cuando llegamos allí te encuentras lo típico, una casetilla con un montón de filipinos allí sentados, que te cobran la tasa de entrada, 6 euros por persona, que incluye guía.

El sendero que lleva a las cataratas solo te dejan hacerlo con guía, y la verdad es que es muy agradable, porque tienes que ponerte los escarpines y vas cruzando varios tramos del río, hasta que en unos veinte minutos llegas a la cascada, que en realidad son varios niveles, y merece muchísimo la pena, porque parece un spa natural, y además puedes saltar desde arriba en la catarata más grande, que sin ser espectacular como las Kawasan que vimos en Coron, son bastante bonitas y se pasa un rato muy bueno.

Cuando llegamos había bastante gente, también mucho turista español, pero en media horita nos quedamos prácticamente solos, y fuimos subiendo niveles hasta llegar a la de arriba del todo. Por supuesto, la guía súper amable nos sacó mil fotos.

Estuvimos como una hora dándonos un baño y disfrutando en los tres niveles de las cataratas, y nuestro amigo Eric además se atrevió a saltar desde arriba, nos lo pasamos muy bien.

De vuelta por el sendero nos hicimos más fotos, y volvimos hasta las motos para irnos a la siguiente visita del día, la playa de Nacpan, a una media horita de camino.

Nacpan beach es una playa muy turística de El Nido, y es muy bonita, con su arena blanca y sus palmeras. Cuando llegas, ves enseguida la cantidad de scooters de alquiler que hay en el parking, con lo cual ya te puedes ir haciendo una idea de lo turística que es, pero al ser enorme, la gente se dispersa rápidamente. Si andas unos diez minutos a la derecha enseguida te quedas solo en una playa paradisíaca, toda para tí.

Al principio de la playa hay cuatro o cinco hotelitos con sus piscinas y restaurantes, así que decidimos pararnos a comer, pues entre la cueva y la cascada eran las dos de la tarde, así que teníamos bastante hambre ya a esa hora.

Para comer entramos en uno de los resorts que tenía buena valoración en internet. El Restaurante se llama Angkla Beach Club, muy turístico y más pijo, pero muy bonito, la decoración, la piscina, todo es genial, así que nos sentamos a comer.

Pedimos unos tacos mexicanos, unos calamares a la parrilla con una salsa que estaba muy buena y una especie de croquetas con una salsa brava, además de cervezas y margaritas correspondientes 😉 que con la calor que hacía entraron de lujo. El precio para tres personas fue de 74 euros, uno de los sitios más caros donde hemos comido en todo el viaje.

Después de comer nos dimos un baño en la playa y yo volví a volar el drone, con unas imágenes chulísimas. Al final de la tarde, a eso de las cuatro, la gente empieza a irse de vuelta al pueblo, pues hay cuarenta minutos de camino y además comienzan a aparecer unos amigos muy indeseables, las moscas de la arena, que literalmente te comen en cuanto empieza a atardecer, vimos a gente con las piernas petadas de picaduras, y debe ser muy desagradable, porque por lo visto el bicho es muy pequeñito, pero es súper voraz con la sangre humana, así que decidimos pirarnos antes de que salieran. Hay carteles por toda la playa donde te avisan lo que te puede ocurrir.

Además de las moscas, nos comentaron que los turistas se van a la zona de las cabañas a ver la puesta de sol, pero nosotros preferimos esta zona precisamente por eso, para evitar aglomeraciones de turistas.

De vuelta a El Nido nos encontramos a muchisimas motos de alquiler que estaban volviendo también, y lo de siempre, muschímos niños saliendo del cole y cientos de motos que vuelven del trabajo, perros sueltos, etc etc etc, y además empezó a lloviznar, aunque las carreteras de la zona de El Nido están bastante bien, y vimos muchas obras que están haciendo para mejorar. Se nota muchísimo que el turismo es una buena fuente de ingresos, y que está cambiando todas las infraestructuras de la zona.

En el hotel nos dimos una ducha y bajamos a un bar pequeñito justo al lado, que hacía unos perritos calientes buenísimos (7,50 euros los dos perritos y las dos cervezas), y cuyo dueño es madrileño, con la cerveza más fría que nos hemos tomado en toda Filipinas (se nota la mano española hasta en la forma de trabajar de la camarera, nada que ver).

Mientras nos bebimos unas cervezas estuvimos gestionando el Tour C para el siguiente día. Como siempre, agradecer a los chicos del blog «viajarporfilipinas» las facilidades que ofrecen para organizar todas las actividades en Filipinas. Tienen un calendario donde puedes apuntarte para realizar una determinada actividad y además puedes apuntarte a a ctividades que organizan otra gente, barcos para compartir, etc. Nosotros encontramos a una parejita que buscaba gente para el Tour C, así que nos unimos y dejamos todo listo para el siguiente día, otro día de mar!

Un día con bastante ajetreo, acabamos bien cansados, pero mereció muchísimo la pena visitar todos estos sitios.

DÍA 15: TOUR C de El Nido

Nos levantamos y desayunamos en un barecito local al lado de la playa, e hicimos exactamente lo mismo que dos días antes para el Tour A, comprar cervezas en una tiendecita local, y esperar para embarcar en la playa, además de conocer a la pareja con la que compartimos el barco, Luis y Sara, muy simpáticos, españoles.

Una vez embarcamos y dejamos atrás el jaleo que se forma en la playa, nos dirigimos a la primera parada, Helicopter island, que se llama así porque desde lejos tiene forma de helicóptero. La parada en sí no es más que una playa de arena blanca y palmeras, muy bonita, pero sin otro interés que dar un paseo por la playa, que es muy cortita. El arrecife de coral está muy dañado por el tifón de 2021, aunque está recuperándose, como hemo visto en otros sitios de Filipinas, que los corales se recuperan muy rápido en esta zona después de los tifones.

La segunda parada es uno de los sitios más bonitos que hemos visto en toda Filipinas, Hidden beach, una pequeña laguna que entra dentro de las montañas con aguas súper turquesas, y que haces en kayak. Es una pasada entrar dentro a las pequeñas playitas que tiene, y pegarte un bañito. Vimos bastantes peces y hasta una morena pequeñita entre las rocas. Los guías nos contaron que a veces se cierra al público para grabar programas del tipo supervivientes para varios países.

Si Hidden beach nos pareció increíble, el sitio a donde nos llevaron para almorzar te deja ya con la boca abierta, una islita pequeña con un arrecife de coral enorme que se llama Tapiutan island, y la playita donde comimos, que es privada, se llama starfish island, con un montón de estrellas de mar de color azul preciosas. Para el almuerzo, las mismas bandejas que para el Tour A, pues hicimos la actividad con la misma empresa (Stingray).

Las fotos y los vídeos que hice en este sitio son los mejores que he hecho durante el viaje, el sitio es espectacular, no podría describir tantísima belleza, pues nos quedamos boquiabiertos y muy asombrados. Además estuvimos solos todo el tiempo, había barcos mucho más lejos en otras playas, así que lo disfrutamos muchísimo.

La siguiente parada es Secret beach, la playa que inspiró la novela de Alex Garland que posteriormente pasó al cine con Leonardo Di Caprio como protagonista. Es una playita pequeña muy parecida a la anterior, dentro de la montaña. Había mucha gente cuando llegamos, pero en el momento en que los grupos de los tours públicos empiezan a marcharse te quedas solo, así que aprovechamos para echarnos fotos.

La quinta y última parada, en Cadlao Lagoon, también nos pareció espectacular, entramos en kayak en una especie de fiordo que al final tiene una cabaña de madera en tres niveles, con un embarcadero. Una de esas casas de ensueño que ves por la tele, por supuesto privada, con su guardia que no te deja subir ni a las escaleras. Es un resort que ha sido el mejor alojamiento de lujo de Asia, con varios premios. Disfrutamos mucho del atardecer, y solo estuvimos con dos chicas que estaban haciéndose fotos, todo para nosotros! Llegó un momento en que la tripulación del barco nos llamaban a gritos, porque a las cuatro y cuarto es hora de volver y no les puede pillar la noche navegando.

La verdad es que el Tour C nos gustó más que el A, porque tiene más variedad, y también por los sitios, espectaculares todos. Quizás el menos impresionante es Helicopter island, que es una playa paradisíaca, pero al haber tantas de estas en Filipinas ya no te sorprende tanto como los otros sitios que visitamos. Por cierto, precio del tour C son 200 euros para cuatro personas, en barco privado.

De vuelta al puerto nos fuimos directos al hotel, y de ahí a cenar a un sitio que se llama Happiness, al lado de la playa de El Nido. Pedimos unos kebab que estaban muy ricos, y unos langostinos gratinados, y además nos quedamos bebiendo unos gin tonics para despedirnos de nuestra última noche en El Nido, y de nuestro amigo Eric, pues al día siguiente volvía a España, y nosotros cambiábamos de sitio. El precio de la cena y las copas, unos 56 euros entre tres personas.

DÍA 16: Van El Nido – Puerto Princesa. Visita a Puerto Princesa.

Una vez recogimos todo nuestro equipaje nos despedimos de El Nido muy tempranito, pues a las siete y media de la mañana salía nuestra furgoneta para Puerto Princesa, casi cinco horitas de viaje, con carreteras muy cómodas y poco tráfico. Con una parada de diez minutos para desayunar algún snack en una gasolinera de carretera, y otra parada un poco más larga en la que el chófer tiene su almuerzo, llegamos sobre las doce de la mañana a Puerto Princesa.

La furgoneta hace varias paradas, una en el aeropuerto y las demás en los hoteles donde se alojan los pasajeros. Llegó el momento de despedirnos de nuestro amigo Eric, que volvía a España, primero desde Puerto Princesa a Manila, y al siguiente día desde Manila a Madrid. Así que le deseamos buen viaje y continuamos hasta nuestro hotel, al que llegamos justo para irnos a comer.

El hotel nos ofreció una de las actividades que se suelen hacer en Puerto Princesa, la más famosa, la excursión al río subterráneo, uno de los más grandes del mundo, pero que no hicimos por lo que explicaré más adelante.

Para comer fuimos a un restaurante español que se llama El Txoko, vasco, con unas patatas bravas maravillosas, unas croquetas riquísimas y un ceviche muy bueno, además de unos postres excelentes. El personal muy amable, se nota la mano española porque sirven y trabajan de una forma totalmente diferente a lo que se despacha en toda Filipinas. Es un gustazo comer en este restaurante, con cerveza muy fria, y todo por un precio de 28 euros para dos personas, y hasta tenían carteles antiguos de la feria de Jerez!

Teníamos pensado hacer una actividad chulísima de tres noches y cuatro días, una expedición en barco al sur de palawan, a las remotas islas de Balabac, saliendo desde Puerto Princesa, pero por confiados pensando que podríamos reservarlo allí perdimos la ocasión, todo completo hasta dentro de dos semanas.

Nosotros pensábamos que Puerto Princesa sería más o menos como El Nido, con empresas que ofrecen excursiones y tal, pero nada más lejos de la realidad, en Puerto Princesa no hay absolutamente nada, una ciudad con caos de tráfico muy fea, donde el único atractivo es pasear por un paseo marítimo muy pequeño además de feo, donde la gente local pasa las tardes en los barecitos que hay por la zona. Lo único más interesante es un mercado local que hay en el centro con muchos tipos de arroces que venden a granel. No hay absolutamente nada más, así que cambiamos de planes y decidimos irnos al día siguiente a Port Barton, el mejor descubrimiento y la mejor decisión que hemos tomado en el viaje. Decidimos no perder ni un día más aquí, y pensamos en el Río subterráneo, si se podría ir o no desde Port Barton, cosa que finalmente no hicimos, y que dejaremos pendiente por si volvemos a Filipinas.

Como comimos tarde y bastante, no teníamos más ganas de cenar, así que nos fuimos a descansar al hotel y reservamos una furgoneta para largarnos a Port Barton a primera hora de la mañana del día siguiente.

DÍA 17: Van a Port Barton. White beach.

Nos despertamos a las siete de la mañana y cogimos un triciclo hasta la terminal de furgonetas de Puerto Princesa, desde donde habíamos reservado una furgo para ir a Port Barton a las ocho y media de la mañana.

Cuando llegamos nos llevamos una malísima impresión, pues no hay terminal, solo una oficina de mala muerte en medio de un solar lleno de basuras, y para colmo nos encontramos a la chica que trabaja allí muy nerviosa, haciendo llamadas de teléfono, una tras otra. Nos comenta que va a haber un retraso por problemas técnicos, pero nos dimos cuenta del tirón que no habían organizado nuestro viaje, pues era lunes, y en Filipinas los domingos son sagrados y no trabaja ni el tato, así que todo los lunes se convierten en un auténtico caos a veces, como fue el caso.

Después de cuarenta minutos y mil llamadas telefónicas, nos dice que ya está, que ha conseguido furgoneta, y que nos vamos a Port Barton. Salimos con una hora de retraso, y además el chófer se paró a echar gasolina, más adelante se paró a comprar una garrafa de aceite, se paró a desayunar, se paró en un pueblito a dar una bolsa con cosas a una casa particular y se paró a comer… un desastre total, para un trayecto de apenas tres horas tardamos casi cinco, una pesadilla.

A Port Barton se llega bajando por una carretera de montaña, y ves el pueblito abajo con la playa. En ese momento nos dimos cuenta de que el sitio nos iba a encantar, y efectivamente, Port Barton nos ha enamorado, es una pasada, por sitio y por el ambiente tan bueno que hay, los turistas, la gente, sin estar masificado, al menos en noviembre cuando estuvimos.

Port Barton tiene dos de las mejores playas que hemos visto en todo el viaje, Coconut beach, que además tiene cerditos y vacas sueltos, y White beach, a la que se puede llegar caminando desde el pueblo (unos 35 minutos), en moto de alquiler, o en barco (500 pesos ida y vuelta) en diez minutos.

En cuanto llegamos al hotel, nos pusimos los bañadores y nos fuimos directos a la playa, para comer, pues ya era la una de la tarde. Nos fuimos a la playita principal del pueblo, desde donde salen las excursiones de island hopping, y desde ahí pillamos uno de los barcos para ir a White beach, a la que llegamos en diez minutos.

White beach es una playa preciosa, de aguas turquesas, arena blanca y muchas palmeras, y además tiene un chiringuito local para comer, que suele estar lleno de gente, pero tuvimos suerte y pillamos la última mesita para dos, y allí comimos,. El sitio ni siquiera tiene nombre, pone restaurante en un cartel que te indica que está dentro en el palmeral, nada más.

Comimos unos tallarines y una especie de platos combinados de filete de lomo con huevos fritos, y nos bebimos unas cervezas por supuesto, todo por 17 euros para dos personas.

Después de comer aprovechamos para relajarnos en la playa, darnos un bañito y utilizar las hamacas que hay. Las puedes usar gratis, y también las tumbonas. Por supuesto, en cuanto llegas a la playa, ya te viene el señor con la libreta y el boli para cobrarte la tasa de entrada. En Filipinas es muy típico que venga el señor o la señora con la libretita, y tienes que poner tu nombre, edad y país de procedencia, y pagar la tasa, que en este caso, para White Beach fue de 50 pesos por persona, menosde un euro.

A las cuatro de la tarde nos vino a recoger nuestro barquero y al llegar a la playita del pueblo vimos todos los barcos de los island hopping llegando. Por la tarde al llegar no había ninguno, todos estaban fuera a la una de la tarde.

El ambiente que se forma en la playa de Port Barton después de las excursiones al atardecer es simplemente mágico! Gente de todas las nacionalidades, muchos jóvenes, se relajan en los barecitos a pie de playa para ver la puesta de sol, con musiquita, sencillamente genial para relajarte, así que eso hicimos, tirarnos en unos puff y pedirnos unas copitas antes de cenar, en uno que se llama Happy bar, por 10 euritos todo.

Mientras nos relajábamos allí en la arena, organizamos nuestro siguiente día a través del blog de «Viajarporfilipinas», y conseguimos quedar con una parejita española (la chica que había perdido su pasaporte en Coron) y una parejita argentina para compartir gastos en un tour privado, así que por tercera vez compartimos barco, como ya hicimos en Coron y en El Nido. Una vez más, dar las gracias a los chicos del blog viajarporfilipinas, que lo hacen todo muy sencillo y hacen una labor impresionante para la gente que viaja en Filipinas.

Con las palomitas que te ponen en el chiringuito nos hartamos, y sin ganas de cenar y muertos de cansancio nos fuimos al hotel a dormir.

Port Barton empezaba a atraparnos, y es que como digo, es un sitio que se nos ha quedado marcado. Llegamos casi sin querer, sin haberlo planeado, y ha sido el gran acierto de nuestro viaje.

DÍA 18: Island hopping Port Barton

Nos despertamos a las siete y cuarto y desayunamos en el jardín del hotel tranquilamente. A las ocho estábamos en la playita del pueblo listos para hacer nuestro tour de island hopping.

En Port Barton hay un par de tours de island hopping, no es tan espectacular como los de Coron y El Nido, pero también merece mucho la pena hacerlo, porque hay puntos de snorkelling muy intersantes, con tortugas, además de islas perdidas por ahí en mitad de la nada que son una pasada. El island hopping de Port Barton es una mezcla de playas y snorkelling, así que está bastante bien.

Como ya dije, el día antes habíamos quedado con unos chicos para compartir gastos y volver a pillar un barco privado. Esta vez tuvimos el gustazo de conocer a Guille y a Elena, una parejita española súper joven y muy simpáticos, y a una parejita argentina, Luciana y Pablo, que dejaron su trabajo en Barcelona, dejaron todo, y llevan actualmente (a fecha de enero 2023) un año viajando, un sueño para gente valiente sin duda.

La comida del tour en Port Barton te la hace la tripulación en el sitio que elijan para el almuerzo. El precio es más barato que en Coron y El Nido, 48 euros por pareja, con comida incluida.

Las dos primeras paradas la hicimos en dos puntos de snorkelling, dos arrecidfes donde se notan los daños que produjo el tifón de 2021, pero que se está recuperando ya, aunque aún se pueden ver los daños, porque hay mucho coral destrozado. Los puntos se llaman Twin reef y Fantastic reef. Nadamos un poco y vimos bastante coral y muchos peces, algún pez globo muy curioso con cara de perro y varias cosillas más.

La tercera parada se llama Turtle point. Es un sitio donde se supone que normalmente se pueden ver muchas tortugas, pero la verdad que el mar ese día estaba movido, la visibilidad no era para nada buena y solo conseguimos ver una tortuga, y solo unos minutos porque se fue rápidamente hacia mar abierto.

Aprovecho para comentar que a pesar de que leímos mucho sobre tortugas en Filipinas, nosotros no hemos tenido para nada suerte, no sabemos si porque en noviembre el mar y el tiempo a veces no están óptimos para verlas, pero la verdad es que hemos visto poquísimas, una en Moalboal, otra aquí en Port Barton, y unas cuantas en APO island en Siquijor, nada más. En México y Maldivas nos hartamos de verlas, pero aquí no hubo suerte, esperemos tener más suerte en el futuro.

La cuarta parada fue en Paradise island que como su nombre indica, es un auténtico paraíso, todo para nosotros porque cuando llegamos a comer no había absolutamente nadie, así que disfrutamos de lo lindo, con mucha calor y el agua increíblemente turquesa. Aproveché para sacar el drone y hacer unas tomas bestiales.

La comida abundante y buenísima, todo hecho a la parrilla en la misma playa en un sitio que tienen habilitado. Carne de cerdo, arroz, marisco y unas caballas que estaban increíbles y muy bien hechas. De postre fruta buenísima también.

La quinta parada, después de comer, en otro punto de snorkelling, pero este si que estaba totalmente destrozado, muy afectado por el tifón, aunque tenía una zona que estaba menos afectada, así que estuvimos como diez minutos en el agua y hacer unas fotos.

La sexta y última parada, camino de vuelta a puerto, en Starfish island, una zona donde apenas hay profundidad (por las rodillas), que está llena de estrellas de mar enormes muy bonitas. Estuvimos viendo muchísimas (NO SACARLAS DEL AGUA JAMÁS) e hicimos algunas fotos, aparte de caminar en una lengua de arena en mitad del mar, un sitio súper chulo.

A las cuatro y media de la tarde llegamos a puerto y nos fuimos al hotel a darnos una duchita y a descansar un poco, porque quedamos más tarde para unas copitas y cenar con los chicos con los que compartimos excursión, para aprovechar el ambientito del atardecer en la playa un día más.

Quedamos todos en el Happy bar, el sitio donde estuvimos Lucía y yo la tarde anterior, y nos tomamos unos cócteles viendo el atardecer, y justo después nos fuimos a cenar todos a un sitio que se llama Kusinero del barrio, con comida filipina y vietnamita. Probamos el chaolong, que es una sopa típica de Vietnam, aunque siento decir que no me gustó absolutamente nada, porque le ponen un huevo crudo a la sopa, y la textura no es precisamente agradable, además de los sabores; cadacucharada un sabor diferente. Como no me gustó nada, pedí pollo, que estaba mucho mejor. El precio es muy barato, 11 euros por pareja con las bebidas incluidas.

Después de la cena nos fuimos a descansar. Creo que no ha habido un día que no haya sido intenso en nuestro viaje a Filipinas! Día tras día hemos llegado agotados!

DÍA 19: Alquiler de scooter. Cataratas de Pamuayan. Pamuayan beach. Coconut beach

Después de un desayunito rápido, alquilamos una scooter en el mismo hotel (400 pesos/día) y nos fuimos a unas cataratas que hay cerca de Port Barton, como a quince minutos, y tras pagar la tasa (50 pesos) hicimos el senderito de unos quince minutos, bastante agradable, todo selva muy verde. Por el camino nos encontramos a una de las parejitas con las que compartimos barco el día anterior, Guille y Elena, que venían de vuelta, pues ese mismo día ponían rumbo de vuelta a España y dejaban ya Port Barton camino al aeropuerto de Puerto Princesa.

Cuando llegamos a la cascada solo había dos personas, con lo cual aproveché para sacar el drone y hacer unas fotos. La catarata de Pamuayan es muy bonita, es bastante alta y merece mucho la pena ir, porque no está tan masificada como otras que hemos visto en el viaje.

Conocimos a una familia fililipina con niños pequeños, que estaban de vacaciones; habían venido desde Concepción, un pueblecito por el que pasamos en la ruta en scooter que hicimos en Coron unos días atrás, y tras jugar en el agua con los peques un ratito, nos fuimos al siguiente destino, la playa de Paumayan, que está justo en frente de la parada de starfish point que hicimos el día anterior en el island hopping.

El dia estaba bastante nublado, con lo cual no pudimos apreciar el color turquesa que tiene la playa normalmente, pero eso sí, totalmente vacía, ninguna persona alrededor, puedes caminar en una playa paradisíaca sin nadie alrededor. El problema es que al haber llovido, con la scooter, si no tienes práctica no se puede ir, porque los caminos se convierten en barrizales y es difícil conducir. Vimos a muchos turistas que se habían caído de las scooter por este motivo.

Nos volvimos a Port Barton y comimos en un hotel/restaurante español que se llama «La Lola», un guiño a la genial Lola Flores, artista de nuestra tierra, de Jerez, lo que nos llamó muchísimo la atención. El dueño es un señor de León, Óscar, que fue muy amable con nosotrosy nos contó su historia de cómo llegó a Port Barton y cómo acabó quedándose y montando aquel negocio.

Comimos jamón ibérico, tortilla de patatas española, un choricito picante… una auténtica maravilla poder darse un caprichito de comida española después de tantos días, todo por 28 euros para los dos.

El alojamiento que ofrece «La Lola» también pinta bastante bien, lástima que no lo conocimos antes para habernos quedado.

Después del almuerzo nos fuimos con la moto a Coconut beach, que junto a White beach son dos de las mejores playas que hemos visto en nuestro viaje.

Coconut beach tiene la peculiaridad de tener cerditos y vacas sueltos, así que vas caminando y salen a tu encuentro, súper graciosos; nos hicimos fotos con ellos y justo empezó a llover, uno de los aguaceros tropicales que suelen caer en esa zona, así que nos refugiamos y cuando escampó volvimos al hotel.

Justo esa noche el chiringuito donde hemos estado estos días organizaba una fiesta de la luna llena, así que la playa se llenó de gente, pusieron música en directo y allí estuvimos un rato hasta que nos fuimos a dormir, nuestra última noche en Port Barton.

DÍA 20: White beach y Van a Puerto Princesa. Noche en Puerto Princesa.

Nos levantamos temprano para aprovechar nuestro último día en Port Barton, pues a la una de la tarde teníamos reservada furgoneta para volver a Puerto Princesa, donde haríamos noche para el siguiente día volar a Cebú y continuar con nuestro itinerario. Desayunamos en el hotel y nos fuimos en moto a White beach, para aprovechar y darnos un baño y relajarnos antes de partir.

Decidimos pagar un día más de hotel, para dejar nuestro equipaje y poder ducharnos después de la playa antes de irnos, porque al aser tan barato merece mucho la pena.

White beach no defrauda, pedazo de playa, y que buen recuerdo nos llevamos del sitio! repito, de las mejores playas que hemos visto en Filipinas, un paraíso de postal. Con lluvia también tiene su encanto, y esa mañana nos cayeron varios aguaceros fuertes, teniéndonos que refugiar en el chiringuito más de media hora.

A la una de la tarde, después de una duchita y recoger todo, nos fuimos para Puerto Princesa, que no nos gusta nada, y menos aún después de haberlo pasado tan bien en Port Barton.

Casi cuatro horitas en furgoneta y llegamos al hotel que habíamos reservado, donde nos esperaba una sorpresa, mala en este caso. Cuando entramos a la recepción del hotel, una chica nos dijo que tenían que cambiarnos al hotel vecino, pues tenían una avería con el agua y no se podía arreglar. Cuando vimos la habitación del otro hotel nos bastaron dos minutos para salir corriendo; sin wifi, con bichos por todos sitios, mosquitos, con barrotes en una ventanita que daba a un patio pequeño lleno de basura… de película de terror, la celda de una cárcel española es mejor que esa habitación. Nos devolvieron el dinero y nos marchamos al hotel donde pasamos una noche anteriormente en Puerto Princesa.

Después del «susto», aunque bien resuelto por supuesto, nos fuimos a cenar a unos bares que hay al lado del hotel donde finalmente nos hospedamos, comimos algo rápido y nos fuimos a dormir.

DÍA 21: Vuelo a Cebú y Ferry a Bohol. Alojamiento en Loboc.

Nuestro día 21 en Filipinas comenzó con un desayuno en el hotel (5,76 euros para dos personas), y del tirón yendo al aeropuerto en triciclo, al que se llega en cinco minutos solo.

El aeropuerto de Puerto Princesa es muy pequeño y muy cómodo, y el proceso de control de seguridad y todo esto es rápido; no tuvimos ningún tipo de problema y el vuelo solo duró una horita larga.

En Cebú, como ya comenté anteriormente, es diferente, volvemos al caos total de tráfico, ciudad grande, gente pidiendo dinero y la estación marítima otro descontrol, además, la gente local que pide dinero saben perfectamente que la estación marítima de Cebú no es como el aeropuerto, a donde no se puede acceder; la estación marítima está dentro del puerto, que es enorme y la gente va y viene por todos sitios, y además es el punto de entrada y salida del turismo.

A dicha estación marítima llegamos en taxi desde el aeropuerto (45 minutos con el tráfico, 6 euros), y nos fuimos directos a la taquilla de Oceanjet, que es la naviera que hace el recorrido a Bohol. Compramos los tickets solo 15 minutos antes de la salida del ferry, en unas taquillas que hay fuera de la estación, otro caos con la gente que no para de pedirte dinero en la cola.

El ferry de Cebú a Bohol es el mismo que va a Siquijor, la línea es Cebú-Siquijor, con parada en Bohol, nuestro siguiente destino. Tarda unas tres horitas y cuesta 29 euros para dos personas. Los ferrys son muy precarios, es como una compañía low-cost, con asientos de mimbre, pero son rápidos y eficaces, que al final es lo que cuenta.

La capital de Bohol es Tagbilaran, a donde llega el ferry. Es una ciudad pequeña donde la gente llega para ir a otro destino, es una ciudad de paso sin más interés. La mayoría de gente se va a Panglao, que es una zona de playa con mucha fiesta, mucho turismo, a la zona de Alona beach, pero nosotros estuvimos leyendo que para visitar los atractivos de la isla de Bohol es mejor quedarse en Loboc, más cerca de todo y mucho más tranquilo, y la verdad es que fue todo un acierto!

Cuando sales del Ferry en Tagbilaran, hay un montón de taxistas que se te tiran literalmente encima para llevarte a tu hotel, así que tras regatear precio, pillamos uno y nos llevó directos a Loboc, que está a unos 35 minutos del puerto de Tagbilaran, y nada más llegar soltamos el equipaje y nos bajamos a ver el atardecer en el río con dos cervezas.

La zona de Loboc es una auténtica maravilla, es todo un acierto habernos quedado allí. El hotel tiene una terraza en toda la orilla, puedes bañarte o quedarte allí relajado, muy muy chulo la terraza, aunque como ya expliqué arriba en la parte de alojamientos, este hotel tiene unas instalaciones muy dejadas de la mano de Dios, sin mantenimiento, y bueno, no le hace justicia al sitio.

Hay un restaurante dentro del hotel y cenamos unos noodles rápidos, agotados de todo el día de viaje, y nos fuimos directos a dormir, deseando levantarnos para explorar la isla.

DÍA 22: Alquiler de scooter. Visita a la Fundación de tarseros. Mahogany forest. Chocolate Hills. Arrozales de Candapdapan.

Nuestro día 22 en Filipinas lo recordaremos siempre como uno de los más completos de todo nuestro viaje, y uno de los mejores en cuanto a visitas se refiere, y en cuanto a sitios, pues visitamos desde un santuario de tarseros hasta unos arrozales a dos horas en moto.

A las siete y media de la mañana ya estábamos listos para coger la scooter que alquilamos (400 pesos/día) y salir directos a nuestra primer parada, la Fundación de tarseros, los monos más pequeños del mundo, muy protegidos y en peligro de extinción.

Llegamos los primeros a la fundación, a eso de las ocho de la mañana, y fuimos los primeros en entrar. La entrada son cien pesos por persona. Te ponen un vídeo donde te muestran la tarea que hacen con estos animales, y la labor tan importante que se está haciendo para salvarlos de la extinción.

Sólo se puede acceder al recinto en grupos de tres, con un guía y en absoluto silencio, pues son animales nocturnos, que durante el día están dormidos en cualquier ramita de cualquier árbol, y no se les puede molestar ni con flash de cámara ni con nigún ruido.

La experiencia, aunque muy corta, nos gustó bastante, pues jamás habíamos visto esta especie de simio, que es realmente pequeño; cabe perfectamente en una mano. El guía te saca fotos con tu teléfono sin apenas molestarlos. Tuvimos la suerte de ver tres ejemplares.

Tenemos que decir que antes de decidirnos a hacer esta actividad, nos cercioramos que no se explota a estos animales con fines comerciales, como ocurre en otros países con otros animales. Incluso en la misma isla de Bohol, hay otro santuario donde sí que hacen un negocio tremendo. A nosotros nos pareció correcta la labor que hace esta fundación, y el recinto donde están los animales es un bosque bastante frondoso, y es bastante grande, sin el guía sería imposible encontrarlos.

La siguiente parada, de paso hacia las chocolate hills, en el bosque Mahogany, un bosque creado por el ser humano de árboles de caoba y teka, espectacular. Hay que tener cuidado porque la carretera principal cruza por el bosque, y hay muchos turistas haciéndose fotos en medio, con lo cual puede ser un poco peligroso con tanta gente. Nosotros paramos al un lado, hicimos la foto y continuamos el camino.

Como a cuarenta minutos, pasando por varios pueblecitos, están las chocolate hills, una de las principales atracciones de Bohol. Tienes que dejar la moto abajo en un parking, sacar la entrada y ellos te suben al parque en pequeños autobuses gratis que van y vienen.

A nosotros no nos pareció algo espectacular como otros sitios que hemos visto en Filipinas, pero es muy curioso subir arriba al mirador que hay y verlas, ver la forma de bombón que tienen, algo muy curioso, y además solo cuesta dos euros por persona. La visita la hicimos rápido, una hora más o menos. Hay actividades abajo que puedes hacer extra, excursiones en quads, a caballo, y otras cuantas más.

Nuestra siguiente parada a una hora y media en moto, en la zona de Anda, al este de la isla. Nos fuimos a ver los arrozales de Candapdapan, que según leímos, nada tienen que envidiar a los de Bali por ejemplo. En la época en que nosotros hemos estado la verdad es que no estaban verdes para esas fotos preciosa que se ven en instagram, pero yo aproveché para sacar el drone y echar bastantes fotos desde arriba.

La sorpresa del día nos la llevamos sin saberlo. Hay un sendero desde el arrozal que baja a una catarata increíble, no nos esperábamos ese paisaje ni ese espectáculo de agua! Hay que bajar por un sendero unos quince minutos andando, pero cuando llegas y te encuentras la cascada enorme merece mucho le pena, además con varias zonas de baño en diferentes niveles. Se llaman cataratas de Can-umantad, y todo por 50 pesos por persona, ni un euro! Solo hay un ligero problema… hay que volver arriba…y las escaleras tienen tela! para subir hay que echarle valor! pero realmente vale la pena!

Cuando vuelves arriba, hay un restaurante para reponer fuerzas, y a las tres de la tarde nosotros estábamos muertos de hambre, así que cogimos la carta y nos pedimos una pasta a la carbonara y dos coca colas para subir el azúcar después del esfuerzo y la caminata. Todo por 6 euros, tres por persona.

De vuelta a Loboc, casi dos horitas en moto, fuimos parando en diferentes lugares para echar fotos, pues el camino de vueta está lleno de ríos y arrozales, y muchísimos paisajes increíbles, y nos entretuvimos tanto que se nos hizo de noche y nos perdimos. El GPS nos llevó por un atajo hasta el hotel, que daba miedo. El camino bordeando el río con carteles en los que ponía «zona peligrosa, precaución», otra aventura más para recordar. Al final llegamos al hotel, el restaurante ya había cerrado la cocina mientras nos duchamos, y nos compramos unos fideos de estos de bote para calentar con agua, y a dormir. Un día larguísimo pero fenomenal!

DÍA 23: Alquiler de scooter. Visita a Anda. Snorkelling en Talisay beach, Bas Gamay y pueblo de Anda.

Nos levantamos súper temprano para aforntar otro día intenso como el anterior, y es que a nosotros nos gusta ir a tope para conocer lo máximo, somos viajeros de los que aprovechan todo, pues para relajar ya tenemos nuestra provincia de Cádiz, Ibiza y España en general, que es un súper país para andar haciendo turismo más tranquilo.

De nuevo con la misma scooter del día anterior nos paramos en una casa de cambio para cambiar euros a pesos filipinos. Hay casa de cambio por todos sitios en Filipinas, en concreto hay una cadena que se llama «Palawan house» con el cambio a 1:60, con lo cual está bastante bien. Aprovechamos que había una tiendecita local justo al lado para comprar unos pastelitos para desayunar, y desde en pleno centro de Loboc, comenzamos nuestra ruta hacia las playas de Anda, donde nos esperaba el paraíso!

El camino en moto hasta Anda son unas dos horas, y el estado de las carreteras es bastante bueno, con sus cosas típicas como ya hemos contado antes, perros sueltos, niños por todos sitios, motos, triciclos, lo que nosotros llamamos el Philippine style, pero la verdad es que se hce muy agradable pasar por varios pueblos costeros, pues fuimos por la carretera que hay pegada a la playa, hasta llegar a Anda.

Cuando llegamos nos fuimos directos a uno de los puntos de snorkelling más famosos de la zona, que es justo en la playa privada de un resort que se llama Blue star, con lo cual, solo con pisar su terreno ya te hacen pagar una tasa de cien pesos, que es como un euro y medio por persona aproximadamente. Las instalaciones del hotel son chulísimas, con cabañitas tipo bungalow y unas playas turquesas de auténtica locura, así que nos bajamos y nos metimos directos al mar.

El arrecife de esa zona está bastante bien, aunque no pudimos ver ninguna tortuga, a pesar de que nos habían comentado de wue se ven bastantes en la misma orilla, pero no fue nuestro caso, quizás por la marea baja, aunque nos gustaron bastante la cantidad de coral que hay, es una pasada, y solo para nosotros, no había absolutamente nadie en la playa, solo un barco de una expedición de buceo un poco más adentro, con cuatro o cinco personas haciendo una inmersión con botella.

En unos cuarenta minutitos nos fuimos al siguiente punto de buceo, que se llama Magic Ocean, que es otro resort, pero al tener acceso por fuera del hotel, este es gratuito, así que nos metimos al mar como otros cuarenta minutos, con muchísimos corales el arrecife, miles de peces, pero de nuevo, cero tortugas, y es que como ya hemos comentado antes, no ha sido un viaje donde hayamos visto una infinidad de tortugas, a pesar de que leyendo varios foros se comenta que se ven bastantes en la zona, pero, sea por la marea baja o por lo que fuese, no tuvimos la suerte de verlas ahí.

Después de las dos paradas en puntos de snorkelling, nos fuimos a buscar una de las joyas de la corona de Anda, la playa de Bas gamay, que está bastante oculta por caminos dentro de un bosque tropical que hay que buscar hasta dar con él preguntando a gente de la zona. Había un cartel donde ponía que la playa estaba cerrada temporalmente por tareas de conservación, pero un chico nos dijo que fuésemos sin problemas, así que allá fuimos.

Nada más encontrar el sitio, dejamos la moto arriba y bajamos por un caminito que llega directo a la playa y lo que vimos al llegar no se puede explicar con palabras, una playa de las típicas que salen en las postales o en los fotones de instagram, sin nadie, toda entera para nosotros, así que saqué el drone, nos hicimos mil fotos, y disfrutamos bañándonos en un auténtico paraíso natural, una auténtica pasada las aguas turquesas y la arena blanca.

Al llegar eso de las tres de la tarde, comenzaron a llegar familias filipinas de la zona, porque al ser viernes, tienen la costumbre de pasarse el finde en las playas allí, y es súper curioso, porque es tipo España Benidorm en los años cincuenta, familias enteras cargadas de tiestos, mesas, sillas, comida, para echar el fin de semana, y además son muy amables, les encantan los españoles y enseguida te invitan o te dan charla, son muy curiosos con la gente de fuera.

Cuando salimos de Bas-gamay, decidimos ir al pueblo de Anda y a su playas de White beach y Quinale beach, pero de repente comenzaron a llegar unas nubes negrísimas y un vientecito que claramente anunciaba chaparrón tropical, y viendo la hora que era ya, las tres y media de la tarde, teniendo en cuenta que de vuelta eran dos horas en moto y la tormenta… decidimos marcharnos de vuelta.

Con la lluvia empezando a caer, pasamos por sitios donde ya había caído, pues estaba todo encharcado, y tuvimos la suerte de que no nos cayó a nosotros todo, si no yendo en moto es mala cosa, por el tema de los resbaladizo de la carretera y el estado que tienen allí a veces algunos caminos. Se puede volver por la carretera del día anterior de las plantaciones de arroz, más al interior, pero decidimos volver por la costa, que está bastante mejor y con menos tráfico.

De vuelta paramos en un pueblecito que se llama Jagna, que tiene un MCdonalds, así que al no haber comido nada en todo el día, decidimos parar a comernos unas hamburguesas, la única vez que hemos comido en un MCDonalds en este viaje. Por cierto, los precios son un poco más baratos que en España. Gastamos unos seis euros en un par de hamburguesas y dos coca colas.

Ya en Loboc paramos en el supermercado más típico de toda Filipinas, un «Seven Eleven» que tiene de todo, y aprovechamos para comernos unos pastelitos para merendar y comprar pasta de dientes y gel de ducha, pues hay muchos hoteles donde hemos estado que no te ponen nada de nada.

Después de la merienda-cena del Seven Eleven nos fuimos al hotel, no sin antes haber dado una vueltecita por el centro de Loboc, que es una pequeña placita y poco más, adornada con las luces de Navidad por supuesto, porque si hay una cosa que les gusta a los filipinos es la Navidad y adornar todo con luces, que les viene de la herencia americana de los años de la segunda guerra mundial.

Cuando llegamos al hotel, nos tomamos unas cervecitas y nos fuimos directamente a la ducha y a la cama. Otro día más disfrutando de este país, cada día que pasaba más nos gustaba.

Nos ha encantado la isla de Bohol, y sin duda, volveríamos para quedarnos en la zona de Anda más tiempo, al menos cuatro días por la zona porque es una auténtica maravilla, que incluso tiene cenotes y cataratas a las que no pudimos ir por falta de tiempo. Volveremos! El sitio bien lo merece.

DÍA 24: Ferry a Siquijor.

Después de desayunar y hacer el check-out en el hotel, cogimos un taxi que el mismo hotel nos pidió de vuelta a Tagbilaran, donde se encuentra la estación marítima de ferrys, como comentamos días atrás.

De nuevo, la compañía oceanjet con sus ferrys de los asientos de mimbre, hacia nuestro próximo destino, la isla de Siquijor, donde según se cuenta en el país, es una isla mágica llena de curanderos y gente que se sale un poco de lo común, tanto, que tiene un festival de sanadores, curanderos o como quieran llamarse, en los que personalmente no creo, pero que es una atracción más a la hora de visitar Siquijor.

El ferry tarda casi dos horitas a Siquijor, al Puerto de Larena, que está en el norte. Había otro pero era por la tarde noche, así que decidimos ir hasta larena aunque después tuviésemos que movernos en taxi al hotel y la zona turística. El precio es de unos 13 euros por persona. Como anécdota comentar que a mitad de la travesía tuvimos la suerte de ver delfines comunes, que nos acompañaron un ratito.

Al llegar lo típico, un montón de taxistas esperando para llevarte, a lo que hay que sumar jeepneys también, particulares, cosa que nos sorprendió, ya que Siquijor es una isla muy pequeña.

Conocimos a una pareja australiana con la que compartimos Jeepney, y tras regatear algo al conductor, nos lo dejó a 400 pesos, 200 por pareja, lo que viene siendo como unos 4 euros, para un trayecto de unos veinte minutos, y te deja en la puerta de tu hotel u alojamiento, que se agradece al llevar equipaje.

En el apartado de hoteles ya comenté que decidimos darnos un capricho esta vez, porque el hotel de Loboc no cumplió para nada nuestras expectativas, y no queríamos marcharnos de Filipinas con tan mal sabor de boca en cuanto a hoteles se refiere.

Nada más llegar al hotel, nos fuimos directos a la piscina, pedimos unos cócteles y pasamos el resto de la tarde ahí relajados, viendo la puesta de sol maravillosa, en mitad de la jungla y con unas vistas espectaculares al mar, pues el resort estaba en una montaña.

Esa noche cenamos en el mismo restaurante del hotel, y conocimos a los dueños, muy amables, un sueco que había vivido en España, casado con una Filipina. La cena maravillosa, el personal del hotel muy amable, y además nos invitáron los dueños a un gazpacho andaluz pero con toques filipinos, un detallazo que nunca olvidaremos. Nos fuimos a dormir súper contentos esa noche!

DÍA 25: Alquiler de scooter. Sambulawan underground river, Cambugahay falls, árbol centenario, Snorkelling en Tubod sanctuary.

Como siempre, nos levantamos muy temprano para aprovechar el día, y a las ocho de la mañana estábamos saliendo con una scooter alquilada en el mismo resort (400 pesos/día).

Nos fuimos directos a la zona turística de San Juan, al hotel Coco-grove, que organiza el Tour que va a APO island, una reserva natural de tortugas, pero cuando llegamos, nos dijeron que el Tour hay que reservarlo un día antes, y que sale justo a las ocho de la mañana del mismo hotel, así que dejamos nuestros datos y quedamos en volver por la tarde para formalizar y reservar el tour para el siguiente día.

Leyendo el blog de «Viajarporfilipinas», los chicos recomendaban muchísimo visitar un río subterráneo que hay en la isla de Siquijor, que no es como el de Puerto Princesa (que nos quedamos con las ganas de visitar), pero que merecía mucho la pena, así que nos fuimos directos hacia el sitio donde se encuentra, a una media hora en la scooter.

El Río subterráneo de Sambulawan, que así se llama, nos sorprendió muchísimo para bien, es una experiencia súper chula porque bajas muy hondo, desde que llegas ya ves la pedazo de cueva por donde hay que entrar, y una vez dentro es maravilloso, vas con un guía que te va llevando y contando todos los detalles. No hace muchos años que descubrieron el río, en 2017, y aún no es una de las principales atracciones turísticas de Siquijor, pero no nos queda duda de que lo será muy pronto.

La entrada cuesta unos seis euros por persona, y te incluye el guía obligatorio, y el equipo, que es una luz frontal y un chaleco salvavidas, además de llevar por supuesto tus escarpines o chanclas. A las nueve y media de la mañana fuimos los primeros visitantes del día, así que lo disfrutamos para nosotros solitos. Justo cuando salíamos llegaba otra pareja.

La bajada a la cueva es un poco peligrosa, la escalera es muy estrecha, totalmente vertical, literalmente está anclada a una pared, así que hay que bajar peldaño a peldaño con muchísimo cuidado, no hay nada de seguridad, y si te caes puede ser bastante grave. Cuando llegamos abajo ya se puede oír el ruido del río cayendo, entrando para adentro, es una auténtica pasada.

Después de oír las explicaciones en el primer tramo de la gruta, donde hay arañas enormes y muchísimos murciélagos, como los que vimos en El nido, nos metimos en un pasillo estrecho, el agua te llega un poco más de la cintura en todo el recorrido, pero te dejas caer de espaldas y vas flotando con el chaleco tranquilamente, dejándote llevar detrás del guía.

La actividad no es apta para personas claustrofóbicas, porque el pasillo es bastante estrecho, con unas bóvedas enormes, nosotros lo disfrutamos muchísimo! El recorrido son unos veinte minutos por cada sentido y dentro hay zonas abovedadas donde puedes echarte fotos y salir hasta del río, una maravilla!

Lo único malo, y que recordaremos siempre, es que se nos jodió la Go Pro dentro de la gruta, por fallo del sistema de fábrica, con solo unos días de uso, una auténtica pena porque no pudimos hacer más fotos ni vídeos en los siguientes días. Fue una pena pero queda como anécdota (al llegar a España nos han dado una nueva a estrenar)

Justo al lado del río subterráneo, a unos diez minutos en moto, llegamos a las cataratas de Cambugahay, que están súper chulas sin tener la espectacularidad de otras que hemos visitado en otros sitios durante el viaje, pero están muy guay porque tienen unas cuerdas desde donde puedes engancharte, hacer el loco o el tarzán y tirarte al agua. Al ser fin de semana, coincidimos con muchos filipinos que se van a pasar el día allí con la comida y con todos los bártulos, como vimos en la isla de Bohol el finde que estuvimos en las playas de Anda. La entrada a las cataratas no llega al euro por persona, una maravilla!

Nos refrescamos allí en los diferentes niveles que hay, nos hicimos fotos y estuvimos unos cuarenta minutos. Lo único malo es subir las escaleras de vuelta, empinadísimas, y con el calor y la humedad…madre mía! las cascadas en Filipinas son sinónimo de escaleras sí o sí.

Nuestra siguiente parada, de camino a la zona de San Juan de nuevo, en el árbol centenario, un baniano de más de 400 años un icono de Siquijor, al que atribuyen poderes curativos. Tiene una especie de fuente/piscinita alrededor donde la gente mete los pies y hay unos pececitos que vienen y te empiezan a morder para quitarte los trocitos de piel muerta. Nosotros no metimos los pies por higiene, no nos llamaba la atención lo de ver tantos pies metidos ahí 🙂 Por cierto, la entrada a la zona del árbol cuesta 50 pesos, menos de un euro, te echas la foto y tampoco tiene más misterio ni nada más que ver, un árbol enorme con un tronco descomunal. Por cierto, compramos souvenirs en las tiendecitas que hay fuera, bastante baratas para llevarte unos recuerdos.

Después de ver el árbol centenario mágico, nos fuimos directos a la playa del Hotel Coco-grove, para terminar de reservar nuestro tour a APO island el siguiente día, y aprovechar para hacer snorkelling en unos de los arrecifes más espectaculares que hemos visto en todo nuestro viaje, por no decir el que más, el santuario de Tubod, simplemente espectacular, y lo mejor, gratuito, y a veinte metros de la orilla, nada más meterte, nadar un poquito y… magia pura! miles de corales muy vivos de todos los colores, cientos de peces y cero tortugas, nuestro lunar negro del viaje. Nos dijeron que se veían tortugas en la misma orilla, pues una vez más no conseguimos ver ni una!

Si entras por la zona del hotel Coco-grove te hacen pagar 150 pesos para hacer snorkelling, pero si entras justo al lado, hay un carril con indicaciones, aparcas la moto y bajas a la playa y te metes al agua directamente. Nosotros dejamos las mochilas debajo de unas barcas de pescadores, porque el sol y el calor de ese día fueron bestiales, no pasaban cinco minutos sin tener que ponerte crema solar, sin exagerar, un solo bastante agresivo y un calor sofocante.

El arrecife es increíble, sobran las palabras para describir algo similar, ni siquiera en nuestro viaje a Maldivas vimos un arrecife en este estado. Nos quedamos más de una hora en el agua, alucinando con cada coral y cada pez, buscando tortugas por todos los rincones, aunque como digo, no conseguimos ver ninguna. La única pena, la que comenté, que se nos jodió la cámara en el río subterráneo, pero tenemos fotos aéreas del arrecife 😉

A las cuatro de la tarde, después del bañito y dos cervecitas que compramos en un kioskito de la playa, nos fuimos a comer a un restaurante que se llama Angel Wish, de marisco y pescado, típico del sureste asiático, con peceras llenas de peces vivos, que te cogen y te lo cocinan allí. Probamos las ostras y nos comimos dos jureles grandes a la parrilla. Estuvimos solos en el restaurante, pues a las cuatro de la tarde los filipinos han comido ya cuatro veces 🙂 El precio, 23 euros para dos personas, con varias cervezas.

Con el tremendo calor de ese día y después de comer, decidimos visitar la famosa Paliton beach, una de las zonas turísticas de Siquijor. Es una playita muy pequeña con un montón de turistas, donde normalmente se va a ver la puesta de sol. Nosotros nos compramos un par de cocos con ron, que nos bebimos en la orilla, y no esperamos la puesta de sol porque queríamos aprovechar la piscina del resort, que tenía unas vistas increíbles y unas puestas maravillosas, así que nos volvimos directamente al hotel, y allí disfrutamos de unos cócteles en la piscina, relax total antes de la cena.

Después del relax y la duchita, nos bajamos al pueblo, a San Juan, donde quedamos para cenar con la pareja que compartió Tour C de El Nido con nosotros, Luis y Sara, que curiosamente coincidieron con nosotros en nuestro itinerario de viaje, y casualmente coincidimos ese día en Siquijor.

Cenamos unas pizzas riquísimas y unas tostas en un sitio muy chuli al lado de la playa, que se llama Marco Polo. La dueña es muy amable, una chica filipina con experiencia de años trabajando en Estados Unidos, Rachel, que nos trató fenomenal! El precio unos 800 pesos, unos 13 euros para dos personas.

Nuestra idea era cenar e ir a tomar unas copitas, pero se ve que en noviembre en Siquijor hay muy poco turismo, nada que ver con diciembre y enero, que nos dijeron que todos los bares a tope. No había ni Dios en el pueblo, así que decidimos irnos al hotel a dormir, porque la verdad este día fue bastante intenso, aunque lo disfrutamos muchísimo, y queríamos estar descansados para nuestro tour a APO island.

DÍA 26: Tour a APO island. Santuario de Tortugas.

Nos levantamos muy tempranito para estar a las ocho en punto en el hotel Coco-grove, desde donde te llevan en un autobús a Tambisan, a una media horita, donde hay un puerto pequeñito desde donde salen las excursiones a APO island.

APO island es una pequeña islita a la que se llega en una horita en barco, pero a diferencia de otros tours que hemos hecho, este no puede hacerse por privado, con lo cual vas en el barco con mucha gente, aproximadamente unas 30 personas, y está todo muy organizado, es como nosotros decimos, sota, caballo y rey, todo con tiempos muy marcados y no te dejan hacer absolutamente nada por libre en la isla; bueno sí, ir a comprar al único pueblecito que hay, que es muy pequeño y viven de esto.

Nos contaron que anteriormente había un resort y te podías quedar a dormir, pero actualmente está cerrado y tienes que volver forzosamente.

El Tour incluye tres paradas de snorkelling con tortugas, pero no vas nadando por libre, tienes un guía cada dos personas, y lo entendemos, porque ya de por sí eso es una feria, y no se podría imaginar a todo el mundo persiguiendo o tocando a las tortugas, y además incluye el almuerzo en una zona de la playa que tienen habilitada.

El arrecife es una preciosidad, está muy vivo, y esta vez sí, vimos bastantes tortugas, grandes y pequeñas, que comen tranquilamente en el arrecife mientras la gente les toma cientos de fotos, y se ve que están muy acostumbradas pues no se asustan.

En este sitio siempre vimos una actitud muy buena respeto a los animales, nadie las tocó ni se les molestó demasiado, y los guías estuvieron muy atentos velando en todo momento por que se cumplieran todas las normas.

El precio que pagamos es mucho más caro que cualquier otro island hopping de Filipinas, ya que al no poder compartir barco te ponen el precio que ellos quieren, y en este caso salió unos 60 euros por persona, que para lo que es nos pareció caro, yo no repetiría, pues entendemos que en Siquijor hay sitios para hacer snorkelling que merecen mucho más la pena,y además gratuitos y libres, como Tubod y Tulapos por ejemplo, que aunque nosotros no tuvimos la suerte de ver tortugas, conocimos a gente que las había visto en diferentes días.

En el Tour conocimos a unos chicos españoles muy simpáticos, con los que hicimos amistad, y nos cruzamos con ellos el día siguiente también en otro sitio de la isla.

Como se nos jodió la cámara, no tenemos fotos, excepto alguna que otra que nos pasaron.

De vuelta a Siquijor, de nuevo el bus hasta el hotel Coco-grove y de ahí decidimos irnos al hotel a disfrutar de la piscina y de los ya famosos cócteles. Además ese día nos quedamos a cenar en el restaurante del resort de nuevo, unas pizzas artesanas increíbles!

Este día, personalmente, me fui haciendo a la idea de que el final de nuestro viaje estaba muy cerquita, y es que el tiempo vuela cuando se pasa bien. Con ese pensamiento me fui a dormir.

DÍA 27: Alquiler de Scooter. Snorkelling en Santuario de Tulapos. Salagdoong beach. Snorkelling en Tubod.

Nuestro día 27 amaneció con un desayunito en el restaurante del hotel, y poniéndonos en marcha muy tempranito, para ir a la oficina del puerto de Siquijor town (Población) a preguntar por los billetes de ferry a Dumaguete, desde donde teníamos un vuelo de vuelta a Manila el día siguiente.

Siquijor town está a unos 20 minutos en moto desde donde se encuentra toda la zona turística (San Juan), y un poco menos desde nuestro hotel. Cuando llegamos al puerto, entramos en la oficina y nos dijeron que no se pueden comprar los billetes con un día de antelación, así que nos dijeron que fuésemos dos horas antes de la salida del ferry que quisiéramos coger. Con un poco de incertidumbre aceptamos y comenzamos nuestra ruta del día, otro día súper intenso como todos los que hemos pasado en este país.

Nos fuimos a hacer snorkelling al norte de Siquijor, al santuario de Tulapos, otro que recomendaban en muchísimos blogs de viaje, pero tuvimos la mala suerte de que el mar estaba revuelto, y la visibilidad era casi nula, sólo siendo posible ver alguna cosilla en las zonas menos profundas. La verdad es que el arrecife pintaba bien, y vimos ejemplares bastante grandes de peces, y según nos comentaron se llegan a ver muchos tiburones de punta blanca, pero desafortunadamente no pudimos ver casi nada.

No se puede hacer snorkelling por libre en Tulapos, solo con guía, y cuesta cien pesos por persona, un euro y medio por persona. Estuvimos cuarenta minutos metidos en el agua, y como estaba la marea baja tuvimos que andar muchísimo hasta el mar, pero en la zona intermareal vimos muchísimas almejas gigantes, de las que dan perlas, muy famosas en la zona, muy bonitas, de varios colores.

De Tulapos fuimos bajando por la costa a Salagdoong beach, otra de las recomendadas, cuya tasa de entrada cuesta también cien pesos por persona, y donde nos encontramos a los chicos españoles que conocimos en el island hopping de APO island el día anterior. Comimos allí en un barecito local que hay en la playa, pero antes estuvimos bañándonos y haciendo fotos con el drone. La playa es pequeña y es muy bonita, pero la han afeado un poco porque han construído unas gradas para que los filipinos que van los findes se lo pasen bien allí, una forma un poco extraña de cargarse una playa en mi opinión.

Después de comer nos fuimos al pueblo donde están los curanderos, San Antonio. Según cuentan, hay poderes extraños en ese pueblo, y hay unas personas que dan unos masajes, que se llaman hilots. Nosotros intentamos encontrar a uno de ellos preguntando, pero esto se ha convertido un poco en un timazo, y aprovechan para sacar dinero a los turistas, así que decidimos marcharnos porque no nos convencía para nada. Lo sentí mucho por Lucía, porque a ella le gustan muchísimo estas cosas que para mí no tienen demasiada credibilidad, como buen científico que soy 😉

De San Antonio volvimos a San Juan, donde Lucía decidió irse a un centro de masaje y yo aproveché para volver al santuario de Tubod, donde hice otra media horita de snorkelling, y de nuevo me quedé maravillado con el arrecife. Lo vuelvo a repetir, puede ser uno de los mejores arrecifes que he visto en mi vida, la experiencia ha sido brutal!

Para terminar el día, nuestra última noche en Siquijor, en total relax en la piscina, con cenita posterior en el hotel y despedida de los chicos del staff, que nos dieron una sorpresa haciendo algo que ellos hacen fenomenal, coger una guitarra o un karaoke (guitarra en este caso), y cantar! Muchísimas gracias al staff de Southmountain resort! el equipo es genial!

DÍA 28: Ferry a Dumaguete y Vuelo a Manila. Centro comercial Greenbelt en Manila.

Nos levantamos temprano para hacer equipaje y despedirnos de nuestro resort. Hemos pasado cuatro días increíbles en Siquijor, y nos fuimos con cierta penita, más que nada porque el fin de nuestro maravilloso estaba a la vuelta de la esquina.

Tras desayunar, el dueño del hotel nos hizo un favor muy grande (uno más), llevándonos en su propio coche a Siquijor town al puerto, a la oficina del ferry, a la que llegamos una hora antes de la salida del barco. Ahora sí, compramos los billetes con la compañía Montenegro (9,50 euros por persona), y tras pagar las tasas del puerto y las tasas del equipaje (50 pesos por maleta), embarcamos una horita más tarde. Como anécdota, tuvimos algunas cucarachas corriendo por los mamparos del ferry, acompañándonos jueguetonas en nuestra pequeña travesía 🙂 🙂

Estamos muy agradecidos a todo el personal del Southmountain resort, desde los dueños a los empleados. Se portaron increíble con nosotros, nos han hecho sentir como en casa, nos han ayudado con todo lo que hemos preguntado, en definitiva, no podemos estar más agradecidos a todo el equipo!

El ferry tarda una horita aproximadamente en llegar a Dumaguete, que tiene un puerto pequeñito, donde nos encontramos lo mismo que en Bohol, un montón de taxistas en triciclo ofreciéndose para llevarte a donde haga falta.

Pensamos en hacer un tour rápido por la ciudad, pero teniendo en cuenta cómo funcionan las cosas en Filipinas nos fuimos directos al aeropuerto para evitar sustos de última hora, pero cuando llegamos nos llevamos la sorpresa de que el aeropuerto de Dumaguete es minúsculo, que en cinco minutos pasas los controles de seguridad y que solo tienen vuelos con Manila dos veces al día, y vuelos de avionetas privadas que no paran de aterrizar y despegar en la única pista que tienen. Por cierto, el triciclo del puerto al aeropuerto nos costó unos 6 euros, caro parael trayecto que era de apenas diez minutos.

Llegamos seis horas antes de nuestro vuelo por miedo a que ocurriera cualquier cosa, y es que claro, al estar en otra isla por la mañana, no te la puedes jugar, y menos teniendo que volver para Madrid, que no es lo mismo que perder un vuelo interno entre islas, así que no arriesgamos.

Cuando embarcó la gente del primer vuelo a Manila, el de la mañana, el aeropuerto se quedó vacío, siendo nosotros los dos únicos viajeros en la terminal, que solo tiene una sala de espera pequeña, e incluso hubo trabajadores que nos preguntaron a dónde íbamos y que incluso se reían asombrados de que estuviésemos ahí teniendo el vuelo de la tarde a Manila.

Pasaron las horas y con ellas el aburrimiento, y lo peor es que ni siquiera hay un bar dentro de la terminal, pero sí unos bares fuera, así que volvimos a salir a la calle para ir a comer, porque estábamos muertos de hambre, así que salimos a un restaurante mexicano que está fuera, que se llama Señorita, donde comimos un burrito y un muslo de pollo asado, pero fue caro y muy regular, unos diez euros por persona, que para lo que fue nos pareció caro, pero era la única opción decente que había y no nos quedaba otra.

A las cuatro de la tarde embarcamos con la compañía Philippines airlines en nuestro vuelo a Manila, a la que llegamos en una horita y cuarto en un vuelo bastante cómodo y rápido, donde te ponen un snack para picar, cosa que agradecimos.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Manila, y teniendo en cuenta la experiencia de los primeros días de nuestro viaje, lo primero que hicimos es contratar el Grab hasta Makati (9,50 euros), que es donde teníamos el hotel reservado para pasar sólo esa noche, pues al día siguiente nos íbamos a Madrid 😦

El tráfico horrendo, tardamos unos 40 minutos en llegar, pero el conductor del grab era un señor muy simpático, que estuvo contándonos bastantes cosas sobre el país,y que incluso nos comentó que los Filipinos envidian mucho a los europeos porque les gutaría ser tan guapos como nosotros 🙂 Nos echamos unas risas y el trayecto se hizo muy ameno, y además el señor nos recomendó sitios para cenar. Los Grab funcionan muy bien en Manila, como ya contamos al principio.

Una vez hecho el chek-in en el hotel, subimos a la azotea para ver las vistas, y directamente bajamos para cenar, y es que justo en frente del hotel estaba el famoso Mall de Greenbelt, un mega centro comercial de los que se estilan en Asia, lleno de bares y con mucho ambiente, y la verdad que la decoración navideña preciosa, para echar muchas fotos.

Como los restaurantes españoles están muy de moda en la capital, y sobre todo en la zona ejecutiva, Makati, donde nos alojábamos, decidimos comer en uno, que se llama Barcino, una delicia de comida española, donde puedes comer hasta paellas de todo tipo, jamón ibérico, etc etc, muy muy español.

Pedimos unas patatas bravas, un surtido de croquetas de varios sabores y unos boquerones en vinagre, y nos pusieron un bollo tostado con aceite de oliva para probar, que buenoooooo después de un mes! Eso sí, en esa zona de la capital, los precios son mas altos que la media de otros lugares por supuesto. En este caso pagamos 45 euros para dos personas, acostumbrados a pagar en las islas entre 10 y 15 euros para dos, pero bueno, nuestra última noche bien lo merecía, y además nos tomamos dos estrellas galicia heladas!

De cenar nos fuimos directamente a dormir, pues queríamos aprovechar la piscina de la azotea del hotel por la mañana y hacer compras antes de irnos al aeropuerto por la tarde.

DÍA 29: Centro comercial Greenbelt. Almuerzo. Vuelo a Madrid con escala en Abu Dhabi.

Nuestro último día en Filipinas (con mucha pena) comenzó con un desayuno en el restaurante del hotel (11 euros para dos personas), y nos subimos a darnos un bañito a la piscina, donde nos hicimos algunas fotos y nos bajamos en una media horita para hacer el check-out.

Cruzamos al centro comercial Greenbelt, para hacer algunas compras de última hora y dar una vuelta por las tiendas de ropa y algunas tiendas locales, y también para ver el centro comercial gigante, de los que se llevan mucho por Emiratos Árabes y por Asia en general. Antes, en el check-out nos permitieron dejar nuestras maletas en consigna, para no ir cargando con ellas al centro comercial, sin ningún coste asociado, lo cual agradecimos muchísimo.

Aunque teníamos nuestro vuelo a las seis de la tarde, teniendo en cuenta el tráfico de Manila, y recordando que los primeros días estuvimos a un minuto de perder el vuelo a Cebú, decidimos irnos a las dos de la tarde, no sin antes almorzar en un restaurante de sushi en el mismo centro comercial de Greenbelt, que se llama Watami Philippines, donde comimos un sushi riquísimo y una especie de sopa servida en un cuenco de piedra hirviendo, muy rico. El precio, como dije antes, es más elevado en esta zona. Pagamos unos 1000 pesos para dos personas.

Nos fuimos directos al hotel a recoger nuestras maletas, y llamamos a un grab para irnos directamente al aeropuerto de Manila, a donde llegamos en unos 35 minutos.

El Aeropuerto de Manila estaba a rebosar de gente, y lo peor de todo, cuando llegamos al control de seguridad nos dijeron que no eran válidas las tarjetas de embarque en el teléfono móvil, que teníamos que ir al mostrador de facturación, y viendo las colas que había en los mostradores de Etihad Airways nos echamos a temblar.

Una vez llegamos al mostrador les dijimos que no teníamos nada que facturar, pues sólo hemos viajado con las maletas de cabina esta vez, pero se ve que aunque en la ida no nos pusieron ningún tipo de problema, ni tampoco en los vuelos internos que hemos cogido, a la vuelta todo es diferente, y no te pasan ni un solo kilo. En Filipinas, normalmente te dicen siempre que máximo siete kilos en la maleta de cabina, y si te pasas te la facturan gratuitamente, al menos en Etihad, así que no nos quedó más remedio que facturarlas, a pesar de que odiamos esto porque ya nos las han perdido varias veces en vuelos con escalas largas.

Apenas tuvimos una hora en el aeropuerto, a pesar de llegar tres horas antes, y embarcamos con un poco de estrés. El vuelo iba completamente lleno, con filipinos moviéndose por todos sitios, muy nerviosos, niños llorando, gente que no paraba de hablar…un caos como el país mismo, nada que ver con la ida.

Nueve horas y media después, y habiendo dormido algo (lo que nos dejaron) llegamos a Abu Dhabi, doce de la noche local, y tuvimos la suerte de conocer la nueva terminal A, recién inaugurada, que a la ida no estaba abierta.

Posiblemente, la nueva Terminal A de Abu Dhabi sea la mejor del mundo. Nos quedamos asombrados con lo que han montado allí, ya que más que una terminal parece un mega centro comercial con cientos de tiendas, muchas de ellas de lujo. Nosotros nos fuimos directos a cenar a un Burger King, mientras pasaban las tres horas de escala que teníamos.

Embarcamos a las tres de la noche hora local de Emiratos, y tuvimos un vuelo de siete horas a Madrid, que nos pasamos dormidos a ratos y viendo algunas películas.

DÍA 30: Llegada a Madrid. Vuelo a Jerez.

Tras 23 horas de viaje aterrizamos en Madrid a las ocho de la mañana, en pantalones cortos, con un frío de cojones, aunque dentro de la Terminal casi ni lo notamos con la calefacción a tope. Una vez pasamos los controles de pasaporte, cogimos el transfer a la otra terminal, desde donde volaríamos a casa, a Jerez.

Desayunamos en uno de los bares del aeropuerto unos molletes con jamón y un cola cao riquísimos, y nos sentamos tranquilamente a esperar. Las seis horas de espera en la terminal se nos han hecho eternas, con jet lag y cansadísimos, una de las peores escalas que he tenido de todos mis viajes. Fue horrible tener que esperar tanto tiempo para volver a casa.

El vuelo a Jerez con Iberia sin problema, llegamos a casa a las cinco de la tarde, después de 32 horas de viaje de vuelta, una auténtica locura.

EPÍLOGO

Aquí termina uno de los viajes más intensos que hemos hecho en los últimos años, donde hemos disfrutado, hemos sufrido algunas veces, sobre todo en mi caso, de estrés, pero sobre todo hemos vivido una experiencia única e irrepetible.

Filipinas es un país para volver una y otra vez, porque tenemos la impresión de que nos han quedado sitios por descubrir, la expedición a Balabac que no pudimos hacer por falta de planificación, la visita al Río subterráneo de Puerto Princesa, el haber estado más días en la zona de Anda en Bohol, los otros Tours de El Nido, el escapade Tour de Coron, las cataratas que no pudimos visitar en Manila por las lluvias, la zona de Pinatubo, y por supuesto Siargao que está de moda y nos han contado que es una pasada… son tantísimas cosas por ver y descubrir, que bien merecería la pena regresar,y sin duda, lo haremos, aunque nunca se sabe.

Gracias a todas las personas que nos han ayudado durante el viaje, a los filipinos por ser tan ambles con nosotros en la mayoría de casos, a la gente que escribe en blogs sus experiencias y las comparten desinteresadamente con los demás… pero sobre todo, y en general…GRACIAS FILIPINAS!! por ofrecernos esta experiencia grandiosa que ha superado todas nuestras expectativas.

Hasta la próxima!

Si has llegado hasta aquí con tu lectura, felicidades! porque es largo, muy largo!, y por supuesto, si quieres ver vídeos del viaje, de nuestro drone, visita nuestro instagram!

@QRICOVIAJE

PRESUPUESTO DEL VIAJE (2 PERSONAS)

Vuelos (ida y vuelta a Filipinas)….. 1150 euros (dos PAX)

Transportes

  • Grabs ……………………………. 59,73 euros
  • Triciclos ………………………… 15,28 euros
  • Coche de alquiler………… 25,16 euros
  • Furgonetas transfer ……. 128 euros
  • Ferrys …………………………….. 129,36 euros
  • Scooter de alquiler ……… 50,28 euros
  • Uber (Madrid) ………………. 17,70 euros
  • Taxis ……………………………….. 57,56 euros

TOTAL TRANSPORTE ……………..483,07 EUROS

Comidas y cenas

  • Madrid …………………………….. 61,80 euros
  • Manila ……………………………… 139,31 euros
  • Cebu ………………………………… 10 euros
  • Moalboal ………………………… 41,32 euros
  • Coron ………………………………. 76,66 euros
  • El Nido …………………………….. 138,78 euros
  • Puerto Princesa ……………… 43,38 euros
  • Port Barton ……………………… 56,65 euros
  • Bohol ……………………………….. 34 euros
  • Siquijor ……………………………. 73 euros

TOTAL DESAYUNOS/COMIDAS/CENAS………675 EUROS

Alojamientos

  • Madrid …………………………………. 80 euros
  • Manila ………………………………….. 158,68 euros
  • Cebú …………………………………….. 65,80 euros
  • Moalboal ……………………………… 108,46 euros
  • Coron ……………………………………. 225 euros
  • El Nido ………………………………….. 252 euros
  • Puerto Princesa …………………… 81 euros
  • Port Barton …………………………… 85,50 euros
  • Bohol …………………………………….. 80,38 euros
  • Siquijor ………………………………….. 184,59 euros

TOTAL ALOJAMIENTOS ……………….. 1321,41 EUROS

Excursiones/Actividades

  • Manila
  1. Hidden Valley ………………………… 96 euros
  2. Casa Manila ……………………………. 4 euros
  3. Fuerte Santiago/José Rizal……. 2 euros
  • Moalboal
  1. Sardine run Moalboal ………….. 13 euros
  2. Kawasan falls …………………………. 6,90 euros
  • Coron
  1. Ultimate tour …………………………. 59,52 euros
  2. Termas …………………………………….. 10 euros
  • El Nido
  1. Tour A ………………………………………. 59,52 euros
  2. Tour C ………………………………………. 95,60 euros
  3. Ile Cave ……………………………………. 5,84 euros
  4. Bulalacao falls ………………………… 11,70 euros
  • Port Barton
  1. Island hopping ………………………. 48 euros
  2. Pamuayan falls ………………………. 2 euros
  3. White beach …………………………… 2 euros
  • Bohol
  1. Fundación tarseros ………………… 5 euros
  2. Chocolate hills ………………………… 3,57 euros
  3. Arrozales/cataratas ………………… 2 euros
  • Siquijor
  1. Underground river ………………….. 13,39 euros
  2. Árbol centenario ……………………… 2 euros
  3. Snorkelling Tulapos ………………… 5 euros
  4. Paliton beach ……………………………. 1 euro
  5. Salagdoon beach …………………….. 1 euro

TOTAL EXCURSIONES/ACTIVIDADES ………….. 438,47 EUROS

Fiestas/copas/cerveceo

  • Aeropuerto Jerez ………………………………………. 7,20 euros
  • Aeropuerto de Madrid …………………………….. 15 euros
  • Sala VIP Aeropuerto de Abu Dhabi ……….. 100 euros
  • Manila …………………………………………………………. 72 euros
  • Moalboal …………………………………………………….. 20 euros
  • Coron …………………………………………………………… 10 euros
  • EL Nido ………………………………………………………… 72 euros
  • Port Barton ………………………………………………….. 20,16 euros
  • Siquijor …………………………………………………………. 30 euros

TOTAL FIESTAS/COPAS/CERVECEO ………………….. 346,36 EUROS

CURIOSIDADES FILIPINAS

  • El horrible tráfico de las grandes ciudades, en especial el de Manila, pero nunca hay accidentes 🙂
  • La gente va a trabajar como puede, subidos a camiones, de cuatro en motos súper pequeñas.
  • En las horas punta, los jeepneys van hasta arriba, con gente por fuera incluso, y hacen un ruido como si fuesen ferraris viejos.
  • Los pueblos son un auténtico caos, se construyen a lo largo de las carreteras.
  • Los Filipinos aman los karaokes, se pasan días y días cantando, incluso alquilan los equipos por días.
  • En casi todos los sitios hay que pagar tasas por todo, baratas en la mayoría de los casos.
  • Hay muchísimas tiendecitas antiguas, como las barracas antiguas en España, y muchas viviendas tienen sus tiendas debajo con una ventana con rejas al exterior para la venta.
  • La gente aprovecha cualquier momentito para descansar, te ves a muchos tumbados en la misma oficina del rent a car o en cualquier rincón.
  • Los filipinos, al menos en Manila, odian la lluvia, en cuanto caían dos gotas la ccalle quedaba vacía.
  • Para subirte a un Jeepney o un bus solo tienes que sacar la mano y paran, y para bajarte se ponen a mínima velocidad y saltas directamente.
  • Los lunes hay mucha gente que no va a trabajar, y les ponen claúsulas en los trabajos para frenar esto, porque los filipinos se pillan auténticas cogorzas los fines de semana 🙂 🙂
  • En los restaurantes cuando comes, nadie te retira los platos hasta el final, y te suelen traer toda la comida a la vez.
  • Cuando alquilas un coche o moto y conduces por ahí, tienes que utilizar el claxon en todo momento para avisar de todo, es la costumbre y nadie se enfada cuando te tocan el claxon como en España 🙂
  • Los puestos de comida callejera suelen tener tres o cuatro ollas, y es muy normal que vas y destapas una a una para ver la comida que tienen del día.
  • Hay muchos perros callejeros en Filipinas, por todos sitios, normalmente con muchas enfermedades y rascándose 24/7
  • En las farmacias, que suelen ser supermercados grandes, hay sillas en filas de cuatro para esperar tu turno para pagar.
  • En algunas islas ponen a secar en los lados de las carreteras tanto arroz, como coco y mango, por todos sitios, a pleno sol.
  • Los filipinos son muy creyentes, y practican la fé. Van a la iglesia, y hay muchas sectas como la Iglesia ni Cristo. Te la encuentras por todas partes.
  • Hay monumentos religiosos y estatuas de santos por todas las carreteras, por todos sitios.

SEIS DÍAS EN PARÍS

Buenas ricoviajer@s!

Vamos con nuestro primer viajecito de 2023, nada más y nada menos que a una de las ciudades más bonitas de Europa, la capital francesa, París, ciudad de la luz, del amor, del arte, de los bohemios… y así podríamos seguir describiendo a esta maravillosa ciudad que tantas y tantas cosas ofrece, a pesar de sus precios, caros en general, pero que bien merece la pena visitar cada cierto tiempo (mi última vez fue en 2008).

Esta vez hemos planificado el viaje con un mes de antelación, más que nada por el precio de los vuelos, que últimamente se están poniendo por las nubes, nunca mejor dicho. Cada vez es más complicado viajar con maleta de cabina sin dejarte un pastizal, y es que, para seis días, y teniendo en cuenta el frío que hace en París en pleno febrero, es muy difícil que te llegue con una mochila pequeña, más que nada porque la ropa térmica ocupa muchísimo espacio, además del chaquetón o abrigo que hay que llevar en estas fechas, las botas para la lluvia, etc.

El viajecito ha sido idea de unos amigos de Jerez que viven en Madrid, y a pesar de que nos lo dijeron con tiempo, nos demoramos en comprar los vuelos, y nos han salido por 120 euros por persona, precios bastante altos para haberlos cogido con un mes de antelación, con lo que ya os podéis hacer una idea de que cada vez hay que planificar antes los viajes, pues como comentaba, los precios se están poniendo cada vez más prohibitivos para los que somos currantes. La aerolínea elegida esta vez, la low cost vueling, cada vez cobra más por las maletas de mano y por elegir asiento, cosa que no hicimos para ahorrarnos al menos veinte euros por cabeza. (Sí, el precio de los asientos es abusivo ya también)

París no es una ciudad barata en muchos aspectos, y esto hay que saberlo y tenerlo en cuenta antes de ir. Los alojamientos son caros, aún en temporada baja, en febrero, incluso yendo a un hostel con camas compartidas, sale más caro que la media de otras ciudades europeas, aunque bien es verdad que a la hora de comer y cenar los precios son bastante asequibles si sabes elegir y has mirado sitios con antelación y te has informado bien de dónde ir. Hay sitios con menús a diez y doce euros, pizzerías buenas, bonitas y baratas, comida asiática, sushi barato, pero amigos, el problema es la bebida, cualquier cerveza no baja de siete euros en París, y los refrescos exactamente igual. Nos sorprendieron los precios que tienen las bebidas y cómo te sube la cuenta por beberte dos cervezas comiendo, con lo cual esto hay que tenerlo en cuenta siempre.

TRANSPORTE PÚBLICO

En cuanto al transporte público, el metro funciona bastante bien, y dependiendo de la distancia, la red de metro se divide por zonas en París, con precios desde 1,90 euros el billete unitario a los destinos más cercanos, hasta 5 euros que pagamos por ir a Disney o a al aeropuerto de Charles de Gaulle, que están ya en zona cinco, las más alejadas. Pero hemos descubierto en este viaje lo bien que funciona Uber en París, una auténtica maravilla, y es que, al ser seis personas, los trayectos nos han salido muy baratos, teniendo en cuenta el tiempo que te ahorras (que es oro) y que te recogen y te dejan en la misma puerta de donde quieres ir o visitar. Con cada trayecto que hemos hecho, algunos de hasta quince-veinte minutos, hemos ahorrado muchísimo tiempo, no pagando nunca más de tres o cuatro euros por persona, con lo cual merece mucho la pena, porque apenas hay diferencia con el precio que pagas por el metro o el bus, y ganas mucho tiempo y comodidad. Sin duda, repetiríamos. Ha sido nuestra primera experiencia con Uber, y la verdad es que bastante contentos por el servicio.

Como Lucía no conocía Disney y le hacía mucha ilusión, decidimos irnos dos días antes que nuestros amigos, para así pasar un día entero en el parque temático, así que hemos tenido dos alojamientos diferentes, uno en un pueblo cercano a Disney y otro en la capital.

Si queréis saber cómo fue nuestra experiencia en Disney, voy a redactar otro post aparte, porque creo que lo merece, ya que te puedes ahorrar mucho dinero de antemano sabiendo o siguiendo ciertas pautas o consejos que no sabes hasta que no estás allí.

ALOJAMIENTO

Para continuar con el tema alojamientos, para Disney, elegimos un hotel de la cadena Ibis, que ya habíamos probado en nuestra escapada a Bilbao, y que nos gustó bastante por su relación calidad/precio.

El Ibis Marne La Vallée Val dÉurope está en un pueblo muy cerquita de Disney, en Val d`Europe, a tan sola una parada en el RER, que es uno de los trenes que circulan por París, solo dos minutos desde que te subes y te deja en la misma puerta del Parque. La estación está en la misma puerta del hotel, con lo cual fue magnífico levantarte y en cinco minutos estar en Disney.

Como el de Bilbao, no nos defraudó, habitación amplia, limpia, cómoda, con buena cama y buen colchón (no así las almohadas, y odio esto), y el personal amable y atento. Como anécdota, comentar que el cuarto de baño de la habitación imita al baño de cualquier yate de lujo, y es que parece que nuestra profesión nos persigue allá por donde vamos. Fue muy curioso, pero la verdad que el baño bastante cómodo también.

El hotel cuenta con una cafetería/bar, y ofrecen desayuno por 12 euros por persona y tienen carta para cenar con pasta, pizzas y otras cosillas que nos parecieron bastante caras para lo que eran. Pero solo con salir a la calle te encuentras un bar pequeñito en la misma estación de metro, con precios mucho más baratos, con lo cual es otra opción a tener en cuenta, que ya explicaré en el post de Disney.

Los precios para dos noches, en la tónica general de los precios parisinos para los alojamientos, 175 euros entre los dos, lo que equivale a unos 87 euros por persona, que teniendo en cuenta el sitio tampoco nos pareció tan caro.

Para el alojamiento de la capital, nuestra amiga Elena eligió el Hotel Cervantes by Happyculture, muy cerca de la parada de metro de Rome, a unos quince minutos caminando de la Ópera de Garnier y de Galerías Lafayette, bien situado, cómodo, tranquilo y con habitaciones más pequeñas que el Ibis, pero muy cómodas y limpias también.

El Hotel cuenta con un patio precioso abajo, que puedes utilizar para tomar un café y para fumadores, y además pone a tu disposición bollería y café gratis de cortesía al lado del patio, y una sala abajo para desayunos, que por cierto, nos incluía en el precio. Pagamos por tres noches 190 euros por pareja, unos 95 euros por cabeza, con el desayuno, con lo cual tampoco nos pareció caro teniendo en cuenta los precios a los que están los alojamientos en París, y la relación calidad/precio que ofrece este hotel.

DÍA 1. LLEGADA A PARÍS CHARLES DE GAULLE

Como os decía más arriba, tomamos un vuelo desde el aeropuerto de Sevilla al de París Charles de Gaulle, que es uno de los tres que tiene junto a Orly y Beauvais. Como siempre, nos desplazamos desde Jerez a Sevilla en nuestro coche, y esta vez decidimos aparcar en el parking de Aena de larga estancia (P2 en Aeropuerto de Sevilla), con un precio de 25 euros para los seis días.

El vuelo, con una duración de unas dos horas y media, bastante incómodo, no por que hubiese turbulencias en el aire, si no porque las turbulencias nos la dieron un grupo de niños de entre 7-10 años que nos tocaron en los asientos de delante y de detrás, con unos padres irresponsables que viendo cómo la jefa de cabina llamaba una y otra vez la atención a los chicos, no hacían nada para poner orden, todo lo contrario, pasotismo absoluto y el avión convertido en un recreo de cualquier colegio de primaria, con niños chillando, saltando, metidos seis en asientos de tres… en fin, una pesadilla de vuelo, muy molesto, y es lo que siempre decimos, yo no soy padre, pero señores, los que tengáis hijos, educarlos, enseñarlos a respetar las normas de convivencia, a saber estar en los sitios, es lo mínimo de respeto que hay que tener para con los demás, y seguramente, a todos nos iría mejor.

Cuando llegamos a Charles de Gaulle, a las ocho y media de la tarde, te das cuenta del horario europeo que tienen los franceses, y es que a estas horas la gente ya ha cenado y las frecuencias del transporte público se reducen bastante. Como teníamos que ir a Disneyland, nos hartamos de buscar opciones, pero al ser casi las nueve de la noche, un trayecto que normalmente son diez minutos en tren, se convierte en 45 minutos en bus hasta otro pueblo cercano, desde donde tienes que coger el tren a Disney, con lo cual, llegamos a las diez de la noche al hotel.

Tras preguntar a varios chóferes de bus casi ninguno se ponía de acuerdo o no sabían, aunque acabamos descubriendo que la opción era tomar el Bus G-19 hasta Torcy (2,50 euros por persona), y desde Torcy tomar el RER A (4,90 euros por persona), que es un tren de cercanías que funciona como un metro, hasta Disney (en el caso de mis amigos) y hasta la siguiente parada, Val d`Europe, que era la nuestra.

Cuando llegamos a la estación de Val d´Europe, nada más subir las escaleras vimos el hotel a treinta metros, cosa que agradecimos enormemente, más que nada por no cargar con la maleta y por el frío, pero la cafetería/bar estaba cerrada ya y no hubo forma de encontrar nada en los alrededores, ni siquiera comida a domicilio. Gracias a que fuimos previsores e hicimos bocatas antes de salir, esa noche cenamos tranquilamente en la habitación, con dos cervecitas y dos botellas de agua que compramos al módico precio de 15 euros (ironic mode ON)

DÍA 2. VISITA A DISNEYLAND PARÍS

Voy a elaborar un post aparte porque creo que merece la pena. Hay muchas cosas que se deben saber antes de ir a Disney y que nadie te cuenta, con la que además te ahorrarás dinero.

DÍA 3. DE DISNEY A PARÍS. VISITA A MOULIN ROUGE, MONTMARTRE, SACRE COEUR Y TORRE MONTPARNASSE

Tras el agotador y emocionante día que pasamos en Disney, recogimos las cosas a eso de las diez de la mañana y pusimos rumbo al centro de París, para lo cual tomamos el RER A desde Val d’Europe a la estación de Auber (5 euros por persona), y desde ahí hasta la estación de Ópera. Desde esta estación fuimos caminando al hotel Cervantes, unos quince minutos. El RER A tarda unos 20 minutos hasta el centro de París.

Tras encontrarnos con nuestros amigos que llegaban desde Madrid esa misma mañana, decidimos ir a comer a la zona del Moulin Rouge, con el objetivo de ir subiendo poco a poco y caminando hacia el barrio de Montmartre y la basílica del Sacre Coeur.

Para comer decidimos ir a un sitio de comida asiática, uno de los muchos que abundan por esa zona, llamado Mitao, en el cual nos atendieron bastante bien y donde los precios son parecidos a cualquier restaurante asiático en España, con la excepción que explicaba antes; si pides bebida la cuenta sube muchísimo. Como no nos pudimos resistir a tomar una cerveza, pedimos una heineken, además de un menú que tenían a 11 euros, y que incluía unos rabiolis más un plato a elegir, que en mi caso fue un poke bowl de salmón que estaba bastante bueno. Comimos muy bien seis personas, y la cuenta 20 euros por persona, lo que quitando la cerveza (7 euros) se quedaría en 13 euros, lo que cuesta comer en cualquier restaurante chino en Andalucía.

Tras el almuerzo empezamos a caminar por la zona, por un boulevard que te lleva hasta el famoso Moulin Rouge, y donde por cierto, todo está lleno de tiendas eróticas y sex shops de lo más variopinto. Después de hacer fotos y hartarnos de reír con los objetos que por allí se venden y la «lencería fina» de todos los modelos, la foto de rigor con el famoso Molino, y rumbo al «Mural de los te quiero», un mural en un muro donde la palabra «te quiero» está escrita en todos los idiomas. Es un sitio que desconocía que existiera, y es lo que decía, París siempre te sorprende en cada visita.

Poco a poco fuimos subiendo hacia el barrio bohemio de París, el barrio de los pintores y los artistas, Montmartre, atestado de turistas, parando en cada puesto de artesanía, en la plaza de los pintores, donde hay mucha gente haciéndose caricaturas, acuarelas, y donde venden muchísimos souvenirs a precio de saldo. Yo compré por un euro cinco llaveritos de la torre Eiffel, que es uno de los souvenirs más típicos que se venden por París.

La Basílica del Sacre Coeur es uno de los monumentos más impresionantes de París, por su belleza y su imponente arquitectura, con las vistas de toda la ciudad, ya que se encuentra sobre una colina, y lo mejor de todo, la visita es gratis, solo hay que pagar si quieres subir a la cúpula. Nosotros hicimos la visita sin la subida y la verdad que es impresionante ver la réplica que tiene de la Piedad de Miguel Ángel por ejemplo, o los frescos de la cúpula y el altar, impresionante. Tras hacernos mil fotos hicimos una parada en un típico café parisino junto a la Basílica, donde sorprendentemente el café vale más que una cerveza. Sí, tal como lo leen, me costó una cerveza 4,50 euros, el sitio más barato que he visto en todo París para beber una cerveza, cosa que me sorprendió bastante por el sitio tan turístico. Pagamos 20 euros entre los seis, cervezas y cafés. Continuamos caminando hacia el metro más próximo, y pasamos por unas calles que son como una little África, con peluquerías y comercios típicos de Senegal o Mali, espectacular el cambio de cultura en apenas unos metros desde la Basílica.

Desde la Basílica pillamos el metro hasta la zona del Panteón, un monumento donde están enterrados los grandes hombres y mujeres de la patria, como Marie Curie o el escritor Víctor Hugo. No visitamos el interior porque ya estaba cerrado, pero el exterior es impresionante con todas las columnas gigantes, digno de ver y de ser fotografiado.

Bajando por el Panteón llegamos a la zona del Jardín de Luxemburgo, que bordeamos (estaba cerrado también), dirigiéndonos hacia la Iglesia de Saint Sulpice, uno de los enclaves de la famosa novela de Dan Brown, El Código Da Vinci, donde se encuentra la línea rosa y la famosa vidriera que alumbra el cambio de estación en los solsticios. La verdad es que es una iglesia impresionante, tanto o igual que la Madeleine, y la visita es gratuita también. Además de lo imponente del altar y la iglesia en general, hay una réplica de la Sábana santa que se puede visitar también.

La siguiente visita la hicimos a la Torre Montparnasse, cuyas vistas desde arriba y de noche merecen la pena, aunque no es comparable a la Torre Eiffel. Yo me quedaría con la Torre Eiffel y me ahorraría los 18 euros de Montparnasse, sinceramente. Subimos en ascensor y las vistas son muy bonitas, pero como ya digo, desde la Torre Eiffel es más o menos lo mismo, pero más espectacular.

Decidimos cenar en la zona de Montparnasse, que tiene muchísimos bares, y elegimos un restaurante que se llama La vache comptoir, donde probamos unas hamburguesas espectaculares, a precio Ibiza claro está, 19-22 euros por hamburguesa. El personal del bar hablaba español y además nos tomamos unos ron cola que nos cobraron como a 8 euros por cabeza, bastante bien para el precio del alcohol en París. El precio que pagamos fue más alto de lo normal por todo esto, unos 38 euros por persona, pero la verdad es que también probamos cuatro postres además de las copas, con lo cual nada fuera de lo común.

Tras cenar, pedimos un Uber, y una furgoneta Mercedes súper moderna nos recogió, con el techo de Leds luminosos en plan discoteca, otra experiencia graciosa hasta llegar al hotel, donde algunos continuaron con cervecita un poco más en ese maravilloso patio.

DÍA 4. FREE TOUR, MUSEO DEL LOUVRE, PLAZA DE LA CONCORDIA, PUENTE DE SAN ALEJANDRO, INVÁLIDOS Y PASEO EN BARCO POR EL SENA

Nuestro cuarto día en París amaneció lluvioso, con la típica lluvia fina que suele caer en esa zona. Tras desayunar cogimos otro Uber hasta la plaza del Hotel de Ville, el ayuntamiento, que por cierto, ya está decorado con los aros olímpicos de cara a los próximos juegos, que se celebrarán en la capital francesa el próximo 2024.

Mis amigos habían contratado un Free tour en español, y habíamos quedado con el guía a las diez de la mañana. Un grupito numeroso de habla española fuimos recorriendo diferentes puntos turísticos durante unas dos horas, Notre Dame, la Santa Chapelle, el museo del Louvre, la rivera del Sena, hasta llegar al punto final en la plaza de la Concordia.

La verdad es que merece mucho la pena visitar todos estos sitios con un guía, porque cuenta cosas muy interesantes que te sorprenden bastante, toda la historia de París, anécdotas de personajes históricos, etc. y además te recomienda sitios para ver por libre o sitios que no son turísticos y que no te esperas que existan, sitios dónde comprar souvenirs baratos y mil historias más. Al ser un free tour, el precio lo pones tú en base al trabajo que ha realizado el guía. Es totalmente libre.

Después de acabar el free tour nos quedamos en el Museo del Louvre haciendo fotos con las famosas pirámides, y poco a poco subimos caminando por la Concordia hasta el puente de San Alejandro, con sus esculturas imponentes y buenas vistas para hacer más fotos. Me recordó mucho a Rafa Nadal, porque existe la tradición de que el ganador del Roland Garros se toma fotos en el puente con el trofeo.

Para visitar el Louvre es necesario al menos un día entero. Es enorme, y no le haría justicia visitar sólo la Monalisa, ya que este Museo guarda grandes joyas, que merecen mucho más tiempo. Yo tuve la suerte de haberlo visitado hace quince años, pero seguro que volveré alguna vez de nuevo con más tiempo.

Nos fuimos a comer a un restaurante cerca de los Inválidos, desde donde se pueden tomar unas fotos muy chulas de la Torre Eiffel entre callejuelas. El bar Le centenaire es un poco peculiar, y digo peculiar no por los precios, que para la zona en la que está están bien, pero el servicio es bastante extraño, el personal es muy raro, y a veces tienen muy malas contestaciones, pueden ser muy bordes. La verdad que fue un poco desagradable y nos quedamos un poco asombrados, y la comida no es para tirar cohetes, la pasta a la bolognesa que me comí no sabía a nada, con todos mis respetos al cocinero o cocinera. La verdad es que fue una equivocación teniendo más bares alrededor, pero las prisas y el querer ir rápido para visitar más sitios, a veces es lo que tiene.

La tarde empezó a ir mal, cogimos un bus que estaba atestado de gente hasta el Jardín de Luxemburgo, el chófer no quería subirnos porque iba lleno, y encima llevaba a una niña de unos seis añitos en el asiento del conductor, jugando a cobrar a los pasajeros. Nos quedamos muy asombrados, la niña sin cinturón encima del padre en un autobús urbano y cogiendo el dinero de los pasajeros, inexplicable. Cuando llegamos a los Jardines de Luxemburgo, ya habían cerrado, y es que los parques públicos en París, al menos en invierno, cierran entre las cinco y las cinco y media de la tarde, horario al cual no estamos acostumbrados en España, así que tuvimos que cambiar itinerario, y visitar las catacumbas. Cuando llegamos nos encontramos otra sorpresa más, todas las entradas vendidas para ese día, con lo cual pérdida de tiempo y de dinero, pues nos desplazamos desde el Jardín de Luxemburgo en otro Uber.

Más torcida no podía ir la tarde, así que decidimos ir al Barrio latino, echar un vistazo a todos los bares y las tiendas de crepes que hay por las calles, y hacer tiempo para el siguiente plan que teníamos previsto, el paseo en barco por el río Sena, así que compramos unas botellitas de vino y unas tapitas en un súper, y cogimos otro Uber hasta el muelle del puente del alma, que es desde donde salía el barco.

La empresa de barcos que nos recomendaron en el free tour matinal se llama Bateaux Mouches, y dejan subir a bordo comida y bebida, lo que es un plus, porque está muy bien beberse unas copitas de vino y comerse unas tapitas mientras paseas por el río viendo todos los impresionantes monumentos de la ciudad.

Como opinión personal, me gustaría haber hecho el paseo durante el día, porque de noche la verdad es que hacía bastante frío en la cubierta, y tampoco se aprecian realmente bien los monumentos, a excepción de la Torre Eiffel, que es imponente también de noche.

El precio del paseo en barco ronda los 18-20 euros en casi todas las empresas turísticas de la zona, aunque a nosotros nos salió 14 euros por persona al haber adquirido las entradas en la misma empresa del Free tour que realizamos por la mañana.

Tras la excursión, pillamos otro Uber para ir a la zona del Hotel, donde cenamos unos revueltos buenísimos en un restaurante cercano, con buenos precios también. El Chez gladines es una especie de restaurante de comida vasco/francesa, una especie de pizzería/hamburguesería con un toque de bistró parisino. La verdad es que el precio nos sorprendió bastante, ya que pagamos 12,50 euros por cabeza, con cerveza incluida, algo que como ya habéis leído, es inusual en París.

Después de la cenita, todos al hotel, donde nos acabamos el vinito sobrante de la excursión en barco.

DÍA 5. GALERÍAS LAFAYETTE, MADELEINE, CAMPOS ELÍSEOS, ARCO DEL TRIUNFO, SUBIDA A LA TORRE EYFFEL Y PLAZA DEL TROCADERO

Lucía y yo decidimos levantarnos un poco antes que el resto del grupo, y aprovechar la cercanía de las Galerías Lafayette para hacer una visita. Aunque las tiendas que hay allí se escapan a nuestro bolsillo, el edificio merece mucho la pena. Hay una cúpula gigante dentro y un mirador arriba en la terraza, y todo gratuito. Me recordó muchísimo al Primark de la Gran Vía de Madrid, que seguramente habrán copiado de estas galerías. Las vistas desde la azotea merecen la pena, y además hay un cartel muy chuli para hacerse fotos.

A cinco minutos caminando de las galerías, se encuentra la Madeleine, una espectacular iglesia que por fuera parece el Panteón de Atenas, con las columnas espectaculares, y cuya visita, también es gratuita. Es uno de los monumentos que más me han impresionado de todo lo que he visto en la ciudad. Si el exterior es increíble, el interior no iba a ser menos, con una réplica de la Piedad de Miguel Ángel y un altar precioso, con unas lámparas de cristal que cuelgan del techo hasta casi el suelo preciosas, y muchas capillas en los laterales, con diferentes estatuas de santos. No lo había visitado antes, y la verdad es que ha sido una sorpresa muy buena.

Continuamos caminando hacia la Plaza de la Concordia, y de ahí empezamos a subir los Campos Elíseos, viendo las diferentes tiendas de lujo que hay y haciendo muchas fotos, hasta llegar al Arco del Triunfo, al cual subimos por 12 euros por persona.

La subida al Arco es un poco complicada, pues la escalera es de caracol y son bastantes escalones, sin ascensor, pero merece mucho la pena, porque las vistas de diferentes avenidas enormes que desembocan todas en la rotonda (pues el Arco es una rotonda enorme), es increíble, además de tener otra perspectiva de la Torre Eiffel, muy cerquita, y de la zona de rascacielos de la Defense, con el arco moderno al fondo.

Como teníamos reservada la entrada a la Torre Eiffel a las cinco y media de la tarde, decidimos coger un Uber y comer por la zona de los campos de Marte, que como bien sabréis, son los enormes jardines que se extienden a los pies de la Torre. Comimos en una pizzería italiana que se llama La Piccolina pizzas, buena, bonita y barata, con pizzas muy ricas y buena atención por parte del señor que atendía, que hablaba un poco de español. Con cerveza incluida, el precio, 15 euros por persona.

Y como colofón al viaje, el sitio imprescindible, el monumento más visitado del mundo, La Torre Eiffel, cuyas entradas hay que reservar con antelación, pues tiene demasiada afluencia turística. Se ofrecen varios paquetes para conocer el monumento, y el precio varía si quieres subir por las escaleras o por los ascensores. Por las escaleras se puede subir hasta la tercera planta, y a la cima solo se puede acceder en ascensores.

Nosotros decidimos subir en ascensor, y bajar por las escaleras, pues merece la pena vivir la bajada o subida andando entre tanto amasijo de hierro, ver la cantidad de remaches (made in Eiffel) que tiene, y las vistas espectaculares.

Nosotros pudimos ver el atardecer desde arriba, por eso habíamos reservado a las cinco y media de la tarde, porque es la hora clave en febrero para poder ver la puesta de sol desde la cima. Es algo que merece mucho la pena, y ver los colores que va tomando el cielo a 310 metros de altitud es algo que no se ve todos los días. En la cima hay una réplica del pequeño despacho que tenía Gustave Eiffel, con figuras de cera que recuerdan la visita de Thomas Edison al famoso arquitecto.

Cuando tomamos fotos desde todas las perspectivas y bajamos las escaleras, salimos al exterior y vimos la cantidad de top mantas que hay vendiendo souvenirs de todos los tamaños y de todos los tipos. Una cosa curiosa que se puede hacer es coger un tuk-tuk asiático para ir a la plaza del Trocadero, la última visita que teníamos programada antes de la cena. El chico del tuk-tuk nos cobró 20 euros para seis personas, y la verdad que fue súper divertido ir hasta la plaza con la música a todo volumen en ese cochecillo de colores.

La plaza del Trocadero es un sitio perfecto para ver la Torre de noche, y para ver su encendido con Leds, a cada hora en punto. Hay mucha gente en la plaza, y hay gente tocando instrumentos y cantando, con lo cual se hace muy agradable la visita, y merece mucho la pena pasar un ratito allí, a pesar del frío que hacía ya a las ocho de la tarde.

Para la cena, decidimos de nuevo cenar cerca del hotel, así que como de costumbre, otro Uber, y directos allí. Como estábamos antojados de sushi, había un sitio que se llama Tachibama justo en la calle del hotel, 17 euros por persona con bebida incluida.

Para concluir nuestro viaje, pues al otro día salíamos temprano para el aeropuerto de Charles de Gaulle, compramos cervecita y vino en un supermercado, y aprovechamos la ya cotidiana zona común del hotel para despedirnos.

DÍA 6. HUELGA DE TRANSPORTES EN PARÍS, AEROPUERTO Y VUELTA A ESPAÑA

Nos ha coincidido el viaje con una huelga general de transportes justo el día que teníamos que volver, así que como nuestro vuelo era a las diez de la mañana y no había metro, no queríamos ninguna sorpresa desagradable, así que decidimos reservar un Uber para las siete y media de la mañana. Entre dos personas ya no sale barato, pues nos cobraron 48 euros a Lucía y a mí por media hora al aeropuerto, pero fue la única opción para evitar las sorpresas de la huelga.

Al final, todo fue perfecto, avión a Sevilla en hora y una vuelta cómoda. No así para dos de mis amigos, cuyo vuelo a Madrid fue cancelado por la huelga. Esta vez hemos tenido suerte, y pudimos volver rápido.

Hasta la próxima París !

Lo que más nos gustó

Todo. París es una ciudad con muchas cosas que ver y qué hacer, y no basta una visita para conocerlo todo.

Hay sitios no turísticos que son espectaculares

Hay alternativas para todos los bolsillos, sobre todo a la hora de comer fuera

Lo que menos nos gustó

Hay demasiada gente que no es amable, no sabemos si por cultura o porque nos tocaron unos cuantos

Los precios de ciertos monumentos, demasiado altos para lo que realmente ofrecen

La huelga de transportes y de las pensiones, un horror para los turistas, si no andas espabilado te puedes quedar allí tirado.

DOS DÍAS EN BILBAO

Buenas ricoviajer@s!

Después de un año y algo sin escribir vuelvo a retomar mi blog con muchas novedades, entre ellas un cambio de trabajo, con mi vuelta a la navegación a otro yate, de nuevo en Ibiza, mi segunda casa, con lo que sumo ya ocho temporadas en la isla. La verdad es que ha sido una temporada cargada de trabajo, con vuelta a la normalidad total después de la pandemia, muchísimo turismo y muchas ganas de volver a revivir grandes momentos, y como no, de volver a viajar con total tranquilidad y volver a vivir escapaditas cortas como las que os voy a contar, esta vez en el norte, en Bilbao, una ciudad que nos ha parecido maravillosa, moderna y gastronómicamente hablando, una delicia!

Nos decidimos por Bilbao por una oferta de vueling desde Sevilla, con fecha del 20 al 23 de diciembre, aterrizando en Bilbao a eso de las diez de la mañana, ganando ese día para visitar la ciudad, aunque perdimos el último día, ya que el vuelo de vuelta lo pillamos a las 7:40 de la mañana, pero es lo que tienen estos vuelos súper baratos, que hay que hacer pequeños sacrificios, aunque ya os adelanto que ha merecido muchísimo la pena.

Nos fuimos con un par de mochilas de mano, suficiente para dos días y medio y no tener que pagar por las maletas en cabina, cuyos precios se están volviendo abusivos en los últimos tiempos en la mayoría de compañías de bajo coste.

VUELOS

Como siempre, nos desplazamos a Sevilla desde Jerez en coche, con la novedad de que esta vez, y por vez primera, hemos utilizado el servicio lavacolla, que es una empresa que te recoge el coche en la terminal de salidas, y después te lo devuelven lavado en la misma puerta. Para los tres días que hemos estado en Bilbao pagamos 14 euros por este servicio, más barato que el parking de Aena y con la ventaja de que te recogen y te traen el vehículo, con el consiguiente ahorro de tiempo y la comodidad que supone.

Nos fuimos con la idea de que iba a hacer bastante frío en el norte, por las fechas, pero nada más lejos de la realidad, los tres días con temperaturas de entre 20 y 23 grados, más que en Jerez, ¡ Increíble! y vaya suerte, sólo el primer día nos llovió de forma muy débil, porque según nos contaban la gente local, en Bilbao llueve bastante y de forma frecuente en estas fechas, con lo cual pudimos sentirnos muy afortunados.

El aeropuerto de Bilbao es pequeño, muy cómodo, pero hay algo que lo hace muy peculiar, el viento que normalmente sopla en la zona, haciendo que la aproximación y el aterrizaje en pista sean un poco… llamémosle «divertido» o «acojonante», porque el avión bota una barbaridad y se mueve muchísimo, hasta el punto de dar saltos que nos levantaron del asiento literalmente, con gente gritando y otras partiéndose de risa, para gustos colores, aunque en nuestro caso fue más bien un acojone tremendo.

Tras la anécdota del aterrizaje, bus al centro de la ciudad, del a compañía Bizkaibus, que vale 3 euros y tarda unos 20 minutos en dejarte en pleno centro urbano de Bilbao.

ALOJAMIENTO

Para alojarnos, elegimos el Hotel Ibis Bilbao centro, muy bien situado, cerca de zona de bares de pintxos y cerca del casco histórico de la ciudad, con muy buenas conexiones de metro y tranvía, aunque andando se llega a todas partes en diez o quince minutos desde este hotel.

Reservamos el hotel mediante la conocida página de alojamientos Booking, y el precio bastante bueno para los tres días, 95 euros para dos personas.

La habitación amplia y bastante cómoda, con un baño amplio con cabina de ducha, calefacción en perfecto estado, minibar y televisión, todo funcionando. La cama doble de 1,60, muy cómoda, al igual que las almohadas, que para mí es algo fundamental a la hora de reservar un hostal u hotel.

TRANSPORTE PÚBLICO

Para movernos casi siempre andando, aunque utilizamos el metro y el tranvía para desplazarnos a los sitios que estaban más lejos, como San Mamés o Portugalete, un pueblecito que visitamos el último día.

El precio del metro de Bilbao es 1,50 el billete unitario, al igual que el tranvía. Ambos transportes son muy nuevos, muy limpios, y funcionan a la perfección.

DÍA 1. LLEGADA Y VISITA AL CASCO HISTÓRICO

Tras hacer el check-in y dejar el equipaje en el hotel, decidimos comenzar a visitar sitios de la ciudad antes de comer, y lo que nos pillaba más cerca era la Alhóndiga, una antigua bodega convertida en centro cultural, de exposiciones y con varias tiendas. La recuperación del edificio ha sido magnífica, y lo más llamativo son las columnas que tiene con varios murales, la biblioteca y unas cuantas tiendas de artesanía local. Con 20 minutos la visita está más que finiquitada.

Aprovechando las fechas navideñas nos paramos en una administración de loterías para comprar lotería del gordo, que siempre nos gusta llevarnos de los sitios que visitamos. Como anécdota, comentar que el primer premio tuvo terminación en 90, y justo habíamos comprado el 70. Casi!, al menos el reintregro tocó.

La siguiente visita que hicimos fue a la estación de tren de la concordia, que tiene una fachada preciosa para hacer fotos, y se ve muy rápido, prácticamente de paso hacia el centro histórico.

Cruzando la ría ya puedes ver la zona del Arenal y el teatro Arriaga, todo con adornado navideño y un gran árbol de navidad de color rojo, y poco a poco te vas adentrando hacia el casco histórico, a la zona conocida como las siete calles, llenas de bares de pintxos y gastronomía típica de la zona.

Habíamos estado mirando previamente los blogs de otros viajeros y seleccionamos unos cuantos de bares, empezando en la plaza nueva, centro neurálgico y lleno de gente y turismo en el casco histórico.

Nuestra primera parada, el bar Gure Toki, que aunque parece que tiene nombre japonés, es más vasco que las chapelas que se estilan por la zona. Por supuesto probamos el chacolí, un vino muy típico de la zona, con unos cuantos de pintxos deliciosos, a muy buen precio. Unos cinco pintxos y cuatro chacolís por 17 euros, entre los dos. hay que tener en cuenta que los precios en Bilbao son un poco más caros de lo que estamos acostumbrados a pagar en Andalucía.

La siguiente parada, el Bar Charly, con más pintxos y más vinos, donde nos atendieron de lujo, como si fuésemos conocidos de toda la vida. La especialidad, las gildas y las anchoas, y un postre de tarta de queso que estaba buenísimo. La casa invitó a los chupitos también. El tato maravilloso y la calidad de los pintxos buenísima.

Tras la comida y el atracón de pintxos nos fuimos hacia la zona del Museo Guggenheim, paseando por la ría desde el mercado de la rivera, que es un mercado gastronómico que también es bastante bonito de ver, pasando por el puente zubizuri, uno de los más bonitos de la ciudad por las vistas que tiene, y aprovechando para comernos un helado con el paseo.

A eso de las seis de la tarde comenzó a llover, el típico chiri-miri de la zona, poca cosa, con buena temperatura. Tras ver el Guggenheim iluminado de noche, y un espectáculo de fuego que tiene fuera, decidimos coger el tranvía para ir a ver uno de los estadios más famosos de España, el del Athletic de Bilbao, San Mamés, que además es de nueva construcción.

San Mamés es una preciosidad, iluminado por fuera con los colores rojo y blanco del Athletic, y en toda la ciudad se respira un ambiente futbolero espectacular, todo el mundo con su equipo, las tiendas y los bares con bufandas y banderas, la verdad que es una pasada para alguien futbolero como yo.

El estadio ofrece un tour y visita al museo, pero hay una forma de verlo gratis y tomándote una cervecita, y es que dentro hay un bar que se llama La campa de los ingleses, con la cristalera que da al estadio. Subimos y la verdad que es impresionante ver el estadio por dentro sentados con una cervecita. Además el bar está adornado con camisetas de los futbolistas, bufandas, trofeos y muchos detalles, merece mucho la pena verlo.

A las nueve de la noche decidimos ir a cenar a la zona de la gran Vía, la calle Diputación, en el centro, otra zona de pintxos muy famosa, que no defraudó para nada.

Hicimos una parada en el Bar el globo, uno de los más famosos, y no defraudó para nada, pintxos diferentes para probar y buen vinito.

Me llamó muchísimo la atención que la gente de Bilbao está acostumbrada a cenar en barra, y que van de bar en bar probando pintxos, con lo cual aunque siempre está todo lleno siempre encuentras un hueco en barra para comer, pues la gente se va moviendo mucho, va entrando y saliendo, con lo cual rápidamente estás en barra pidiendo.

Justo al lado del Globo está la biblioteca Foral de Bizkaia, que es muy moderna, todo lleno de cristaleras que se ven desde la calle.

Después del globo entramos en el restaurante la olla, llenísimo de gente, pero igual de eficiente que los anteriores. Probamos su pintxo estrella, las txapelas gratinadas y otros cuantos pintxos más.

Los precios medios de los pintxos en los bares de esta zona rondan los 3-3,50 euros, que no está nada mal para una cenita rápida y de calidad.

Tras la cenita de pintxos, nos fuimos caminando rumbo al hotel, poniendo punto y final a nuestro primer día en Bilbao.

DÍA 2. VISITA AL GUGGENHEIM, MUSEO MARÍTIMO Y PORTUGALETE

Segundo día de escapada, amaneció fresquito en Bilbao, con la sorpresa (que no sabíamos nada de esto de antemano) de que era el día de Santo Tomás, una fiesta que se celebra en toda la ciudad, y que pone a rebosar el casco histórico con puestos de comida y miles de personas que van a comer un plato típico de ese día, los talos, una especie de arepa venezolana, pero rellena de chorizo de la tierra.

Nos fuimos directamente a la visita del Museo Guggenheim, cuyas entradas habíamos comprado por internet una semana antes al precio de 13 euros por persona. La verdad es que lo que es el edificio es una auténtica pasada, para estar un día entero haciéndose fotos. El exterior, el sitio, la ría, todo es una maravilla y muy fotogénico. Visitamos el famoso Puppy, un jardín vertical con forma de cachorro de perro, y la famosa araña, todo de arte moderno o contemporáneo como se suele decir.

Pero por dentro he de decir que me decepcionó totalmente. No volvería a pagar 13 euros por ver una exposición así, más que nada porque nosotros no sabemos apreciar el arte contemporáneo, ni valorarlo. Para mí algunas obras parecían un montón de chatarra pegada a la pared, cosas sin sentido que no sabría apreciar. Pero para gustos, colores, no seré yo quién ponga en duda la calidad de las exposiciones del museo sin tener ni idea sobre el tema, solo es mi opinión personal.

Como anécdota, me quedo con una frase que me dijo un camarero de un bar del centro: «Ahórrate la entrada del Guggenheim, que si vas a los contenedores de la esquina ves lo mismo» . Saquen conclusiones 😀 😀 😀

Tras la visita al Guggenheim desayunamos en un bar de fuera, que por cierto, vaya clavazo nos pegaron por dos cafés y dos dulcecitos, 15 euros, y nos dirigimos hacia el museo marítimo, que está un poco más adelante a unos quince minutos caminando. En la entrada del Museo marítimo hay una grúa de astilleros muy famosa en la ría, a la que llaman «Carola», marca de la casa, que representa la actividad industrial ligada al sector marítimo que tradicionalmente se ha venido desarrollando en toda la ría de Bilbao y alrededores.

La entrada al museo marítimo cuesta dos euros por persona, con la opción de conseguir un calendario de 2023 con motivos de barcos y fotos antiguas de la ría de Bilbao por un euro más. Nos pareció una entrada muy barata para todo lo que tiene el museo.

Hay maquetas de barcos, barcos antiguos expuestos dentro, exposiciones, una sección dedicada al surf, que fue pionero en la zona en toda España, y diferentes artilugios y objetos marítimos, así como la historia a través de una pantalla virtual, de cómo ha evolucionado la ría y lo muy ligada que está la ciudad y sus habitantes a la tradición marítimo-pesquera. Para nosotros, que trabajamos en el sector marítimo, la visita fue una pasada, salimos muy contentos y nos gustó mucho.

La siguiente parada nos llevó al mirador de Artxanda, al cual se accede con un funicular muy curioso desde abajo, ya que tiene un desnivel bastante considerable, pero tiene las mejores vistas de Bilbao. La ida y la vuelta en el funicular cuesta 4,30 euros por persona. Cuando llegamos arriba hay un mirador desde donde se ve toda la ciudad. Hacía muchísimo viento, como el día anterior, que me recordó al «aterrizaje peculiar» del avión.

Nota: arriba solo hay tres restaurantes que no nos convencieron para nada, así que decidimos bajar y regresar al centro a comer y seguir probando la comida de la zona.

Como comentamos antes, Bilbao se pone hasta la bandera el día de Santo Tomás, tanto que casi es imposible andar por las calles de la cantidad de gente que hay ese día, lo que me recordó a los días grandes del carnaval de Cádiz, demasiado para nosotros. No sabéis cuánto nos alegramos de haber recorrido todo el casco histórico el día anterior totalmente en calma, porque ese día de Santo Tomás es imposible. Grupos y grupos de amigos comiendo talos y bebiendo sidra en las calles, lo que como en todos los sitios acaba en un macrobotellón.

En la zona del Arenal montan los puestos para vender los talos, y comentaros que fue imposible probarlos ahí de la cantidad de gente haciendo cola para comprarlos, así que nos fuimos casco histórico adentro, en busca de otro de los bares que habíamos marcado en nuestra agenda, el Berton, otro clásico con fama de bueno, bonito y barato. Pudimos probar por fin los famosos talos, muy ricos, y probamos gildas, anchoas y zamburiñas, exquisitas. El trato de la chica que nos atendió también buenísimo, recomendándonos en todo momento lo que era imprescindible probar allí.

Tras salir como dos globos hinchados del Berton, nos fuimos a caminar a la Plaza Unamuno, llenísima de gente también como todo Bilbao ese día. Y de ahí nos fuimos a descansar media horita al hotel.

Tras el descansito breve, nos fuimos a coger el metro para visitar Portugalete, un pueblo al norte de la ría con una tradición marinera muy importante, y uno de los pocos puentes colgantes con transbordador que existen en el mundo, con cincuenta metros de altura, digno de ver y perfecto para fotos. El cruce de Portugalete a Getxo cuesta solo cincuenta céntimos de euro, y tarda dos minutos en cruzar la ría, así que vimos el centro de Portugalete y después Getxo, porque también el metro llega hasta allí, pudiendo volver a Bilbao de nuevo desde la otra orilla.

Nos quedamos con la pena de no poder cruzar de un lado a otro andando a cincuenta metros de altura, porque el puente es transitable, pero resulta de que estaba en obras de mantenimiento, así que no pudimos más que conformarnos con atravesar en el transbordador, señal para que volvamos en otra ocasión.

Después de volver de nuevo en metro a Bilbao, nos fuimos al hotel, nos dimos una duchita y nos fuimos caminando a la plaza Nueva, donde habíamos reservado un sitio más caro de lo normal para cenar en plan señores y despedirnos hasta la siguiente visita, el restaurante Víctor Montes, una preciosidad por dentro, con un producto de primera categoría y un personal muy amable y atento, que como no, nos recomendó lo imprescindible que teníamos que probar. Las croquetas de centollo caseras increíbles, el carpaccio de pulpo espectacular, y la pluma ibérica de bellota ya para llorar de buena, además unos postres caseros riquísimos. Unos noventa euros entre los dos, un pequeño homenaje que nos dimos, un caprichito de los que gustan para despedirnos de nuestro viaje.

Nos fuimos a la cama con la sensación de que necesitábamos al menos una semana más para seguir conociendo el país Vasco. Nos ha encantado y nos encantaría volver a conocer otras ciudades. Nos hemos llevado una impresión muy buena de la amabilidad de la gente de Bilbao y de la ciudad en general, muy moderna y muy cómoda de visitar, ni grande ni pequeña. Sin duda volveremos!

DÍA 3. VUELTA A SEVILLA.

Sin sobresaltos, con un vuelo a las 7:40 de la mañana, con lo cual tocó madrugar mucho, ir en taxi hasta el aeropuerto (15 euros) y volver a Sevilla a recoger nuestro coche para volver a Jerez.

Otra escapadita más…Cómo lo echábamos de menos!

Hasta la próxima!

LO QUE MÁS NOS GUSTÓ

Todo en general

La gente muy amable

La comida

La cultura de pintxos

Lo moderna que es la ciudad

Lo cuidado que están los edificios

LO QUE MENOS NOS GUSTÓ

La cantidad de gente haciendo macrobotellón el día de Santo Tomás y las aglomeraciones que había ese día.

La visita al interior del Guggenheim, no entendemos esa clase de arte

PRESUPUESTO (2 PAX)

Vuelos ………….. 60 euros

Hotel Ibis………. 95 euros

Comidas y cenas …. aprox. 170 euros

Entrada Guggenheim….. 13 euros/PAX

Entrda Museo Marítimo ….. 3 euros/PAX

Metro/Tranvía …… en total unos 15 euros

Autobús aeropuerto…. 3 euros/pax

Funicular ……………….. 4,30 euros/PAX

Taxi aeropuerto………. 15 euros

Loterías de navidad y souvenirs…. 30 euros

BARANDA 22, EL LUJAZO DE COMER EN EL PALMAR, PARAÍSO GADITANO

Buenas ricoviajer@s!

Este fin de semana hemos estado disfrutando de la costa de Vejer y Conil, en un auténtico paraíso como es la playa del Palmar, con su ambiente surfero y ese buen rollo que solo desprende esta bendita tierra.

Como todos los años, El Palmar nunca defrauda, ni en invierno con sus olas, ni en verano con la afluencia de gente que viene a visitar toda nuestra provincia de Cádiz.

Escribo este post porque hemos descubierto un sitio de esos que nos gustan, de esos que tienen las tres «B», de bueno, bonito y barato, y si encima a todo eso le añadimos que está en primera línea de playa y en el Palmar, el plan sale redondo, completo, magnífico.

El sitio se llama «Baranda 22», uno de los chiringuitos del Palmar, en primerísima línea de playa, con un ambiente genial y una comida que quita el «sentío», con una comida basada en el atún rojo de la zona y en el pescaíto fito típico de nuestra zona.

Tanto nos gustó que hemos repetido por segunda vez esta semana, y es que tanto la calidad del producto, los precios y sobre todo, el buen trato del personal hacia los clientes hace que repetir sea todo un placer.

Llegamos a las tres y cuarto de la tarde, pero sólo tardamos diez minutos en tener mesa para cuatro, pues no admiten reservas por el momento, así que llegas y esperas turno como toda la vida. Legar al Palmar un sábado y poder comer tan rápido, y sentarte tan rápido en una mesa es todo un lujazo.

El resto, ya os lo podréis imaginar, buena compañía y medias raciones, y más comida, y más atún,y más pescaíto frito….y cerveza, mucha cerveza!! 😀

Como sugerencia os recomiendo las croquetas de carabinieros con ali oli, que tienen un sabor espectacular. Os recomendaría también las sardinas a la plancha, que son diferentes a los espetos típicos de la provincia de Málaga por ejemplo, los boquerones y por supuesto las tortillitas de camarones, y la especialidad de la zona, el atún rojo. El tartar de atún una exquisitez, con sabores cítricos, una fusión muy buena con la cocina oriental.

Comimos los cuatro increíblemente bien, por el precio de 20 euros por cabeza, que entiendo es muy muy buen precio en pleno verano en primera línea de un auténtico paraíso de playa.

Después de la comida comienza la música en directo en el mismo local. Todos los findes van desfilando diferentes artistas, con diferentes estilos de música, con lo cual, tras el baño en la playa, la puesta de sol en el chiringuito es espectacular.

El único pero que pondría es que falta un arrocito negro en la carta!! y que debido a la pandemia todo cierra a las doce de la noche, y la velada se hace muy corta, pero ya se sabe, cuando te lo pasas genial, el tiempo vuela!, y por eso, volveremos muy pronto, para seguir disfrutando (por fin) de esta maravilla de verano, que como en Cádiz, ni uno!.

Hasta la próxima!

UN PASEO EN KAYAK POR EL RÍO GUADALETE (JEREZ)

Buenas ricoviajer@s!

Ayer hicimos una actividad chulísima que nunca antes habíamos probado, un paseo en kayak por el río Guadalete, en Jerez.

Históricamente este río ha vivido unido a Jerez y a sus habitantes, hasta que en los años 70 se empezó a dejar de lado con la llegada de las fábricas azucareras y los vertidos. Ayer pude recordar todas las historias que me contaban mis abuelos sobre el río, cuando eran jóvenes e iban a pasar días de «playa» allí, cuando iban a pescar, cuando iban a comprar pescado a los pescadores de la zona, etc.

El río fue fuente de riqueza, pues era navegable desde su desembocadura, en El Puerto de Santa María, hasta la barriada de la Corta, donde se pescaban sábalos, robalos e incluso doradas, ya que la marea subía hasta esa zona. Tras la construcción del Azud del Portal, los peces dejaron de llegar, el río comenzó a colmatarse de sedimentos y los vertidos industriales terminaron de darle puntilla.

Desde hace unos años, diferentes gobiernos municipales con la colaboración de la Junta de Andalucía han ido anunciando a bombo y platillo (dichosa y mentirosa política) diferentes planes de recuperación de la rivera del Guadalete, sin que hasta ahora se hayan plasmado al cien por cien.

La ciudad de Jerez necesita aprovechar un recurso abandonado desde hace años, y no puede seguir viviendo de espaldas a su río, ya que hay varias generaciones que desconocen totalmente la joya que tenemos en la ciudad, a solo diez minutos en coche del centro urbano.

Y es aquí cuando entra en juego Lars, un señor natural de Suecia, que sin muchas ayudas ha apostado por el río, poniendo en marcha una empresita que se dedica al alquiler de kayaks, piraguas, padel surf, y que en un futuro próximo quiere poner en valor el entorno con talleres de educación ambiental, cosa que me pareció una auténtica maravilla, pues yo fui educador ambiental durante varios años antes de dedicarme totalmente al mar, a los yates y a la docencia de las titulaciones marítimas profesionales.

Lars es un enamorado de la zona, llegó procedente de la costa del sol, y según me contó se quedó enamorado de Jerez y de la zona, pues es un antiguo piragüista profesional que aún compite, aunque ahora, como él bien dice, en categoría senior, la exigencia es ya más por hobby.

La empresita que ha montado se llama Surfjak Aqwasport Jerez, aunque está pensando en cambiarle el nombre y ponerle «Puerto de Jerez», haciendo una clara referencia o un guiño a la historia tan importante que tuvo el río para Jerez en su día.

El paseo en kayak es muy agradable, para todos los públicos, pues dispone de canoas tipo «indias» para toda la familia, adultos y niños, además de tablas de padel surf y una canoa dragón para más personas, que seguro hará las delicias de muchísimos escolares que visiten el entorno con sus colegios.

Por 10 euros tienes la opción de pegarte una hora remando, y de pasar un rato inolvidable con la familia o amigos, o en solitario, pues es un ejercicio físico muy completo.

Nosotros remamos en dirección norte, pasando por delante del monasterio de la Cartuja, que es posiblemente el monumento más importante de la provincia de Cádiz. Conforme vas remontando el río, el silencio y la tranquilidad es absoluta, acompañado del canto de diversas aves del entorno, garzas, abejarucos, vencejo moro, golondrinas, además de poder observar fauna local, muchísimos galápagos leprosos enormes, que se tiran al agua desde las orillas al paso de los kayaks, nutrias que toman el sol en los árboles de la rivera y que asoman la cabeza para respirar en el agua.

Conforme vas subiendo el canal se va estrechando hasta parecer un manglar tropical, unos kilómetros más arriba. Puedes llevar tu teléfono móvil, pues Lars te ofrece gratis una bolsita estanca para que no se moje, y puedes hacer fotos con el móvil dentro de la bolsita.

Parece mentira que tengamos algo así en Jerez, y que no se haya puesto en valor hasta ahora, y es una pena que los políticos no se impliquen, y que tenga que venir un particular y tirar de sus propios medios para poner en valor esta auténtica joya natural.

El 80% de los jerezanos no saben que existe esta maravilla natural, y ya es hora de darle el valor que merece, y devolver el río Guadalete a la ciudad.

Para concluir, comentaros que existen diversas actividades a lo largo de la provincia de Cádiz, para todos los amantes de las piraguas y el kayack, y hay una web que las ofrece, que se llama Yumping, que además tiene más actividades al aire libre.

Hasta la próxima!

Síguenos en instagram: https://instagram.com/qricoviaje?igshid=MzNlNGNkZWQ4Mg==

TRES DÍAS EN MILÁN

Buenas ricoviajer@s!

Tras nuestro paso por Venecia, y siguiendo la ruta por Italia de nuestro viaje «13 días por Italia», llegamos a la ciudad europea de la moda, Milán, famosa por su glamour, su cuadrilátero de la moda, la plaza del Domo, Leonardo da Vinci, la ópera, el cementerio monumental, el mítico estadio de San Siro, y mucho mucho frío a finales de noviembre!

Llegamos a la Estación de tren a eso de las dos de la tarde. El trayecto desde Venecia son unas dos horas aproximadamente. El tren es de alta velocidad, muy cómodo, y el trayecto se disfruta muchísimo, pues se ven los Alpes nevados al fondo, y hace paradas en Verona, Padua y Brescia, con lo cual se pueden ver estas ciudades de pasada. El precio fue de 40 euros para dos personas.

La estación de Milán es bastante grande y preciosa, con el techo tallado, y muy moderna, con bastantes tiendas. Es una especie de estación de tren y centro comercial.

Antes de dirigirnos al hotel, pasamos por el McDonalds de la propia estación, pues por la hora que era ya, cerca de las dos de la tarde, no queríamos jugarnos el llegar tarde a comer en el centro, así que nos decidimos por dos hamburguesas rápidas y así poder ir tranquilos hasta el hotel, hasta el que llegamos en metro, que cuesta dos euros por persona y viaje en esta ciudad.

Nos cobraron un impuesto turístico al igual que en Florencia. Pagamos 16 euros entre los dos.

ALOJAMIENTO

Lucía se encargó de buscar alojamiento en la ciudad, muy cerquita caminando del centro, y la verdad que eligió bastante bien, pues por precio y calidad el hotel no defraudó, con desayuno -riquísimo- incluido.

Teniendo en cuenta que Milán es una ciudad bastante cara, el alojamiento para dos noches nos costó 130 euros, precio mucho más alto que en las demás ciudades que visitamos, pero aún así mereció la pena muchísimo, pues estuvimos muy cómodos.

El hotel se llama Allegroitalia Espresso Darsena. Las habitaciones son muy cómodas, la zona está bien localizada y como contaba antes, incluye un desayuno buffet muy rico, con fruta, cereales, zumos, café, miel de panal, bollería y varias tartas.

TRANSPORTE

Al igual que en la mayoría de las ciudades italianas que hemos visitado durante durante nuestra ruta, por Milán es fácil moverse caminando, y se puede llegar a todas las zonas de interés y monumentos en poco tiempo.

Nosotros utilizamos el metro porque tuvimos muchísima lluvia los dos días, y hasta el aeropuerto de Bérgamo el último día tomamos un autobús directo. El precio del metro son dos euros por persona y viaje.

Hay tranvías por la ciudad, pero no lo utilizamos, así que desconocemos el precio de este transporte.

DÍA 1: LLEGADA, HOTEL Y VISITA A SANTA MARÍA DELLA GRAZIE (SANTA CENA DE DA VINCI)

Tras llegar al hotel e instalarnos, decidimos hacer una de las visitas que más ganas tenía de hacer, si no la que más, a la iglesia de Santa María della Grazie, donde se encuentra la famosísima obra de arte del genial Leonardo, La Santa Cena.

Tengo que decir que fue uno de los días con más suerte y más potra que he tenido en todos mis viajes a la hora de visitar un monumento tan famoso.

Para visitar la Santa Cena de Leonardo hay que reservar al menos con dos semanas de antelación, cosa que nosotros desconocíamos y que no hicimos. Cuando llegamos a Santa María della Grazie y vimos el cartel de «todo vendido» en los próximos quince días, se nos derrumbó la iglesia encima, de la decepción tan grande de no poder ver la obra de arte, pero un rayo de suerte nos vino a caer encima nada más salir de la zona de taquillas. Se nos acercó una chica y nos preguntó en inglés que si queríamos entrar, que era la guía de un grupo de turistas y que le habían fallado dos personas.

Al principio desconfiamos, para no caer en un posible timo, pero efectivamente, allí tenía las entradas, al mismo precio que en las taquillas, lo cual nos hizo pensar que no era reventa, y que la propuesta iba en serio.

Eran las siete menos cuarto de la tarde, y la visita comenzaba a las siete, así que en quince minutos pasamos del derrumbe y la decepción a la euforia por haber tenido aquel golpe de suerte, que nos permitió entrar a la visita.

Lo que vi dentro superó todas mis expectativas. Había leído meses antes «La cena secreta», donde Javier Sierra desgrana los muchísimos secretos que esconde la obra maestra del maestro da Vinci, pero contemplar el fresco en persona es espectacular, no puedes apartar los ojos de la obra, buscando todos los detalles y todos los secretos que había leído en el libro.

La Santa Cena es espectacular, entras en una sala, el antiguo refectorio de los frailes de Santa María, y te la encuentras ahí en la pared al fondo, gigantesca, con la mirada de los apóstoles y Jesús en el centro. El fresco está vivo, transmite muchísimo, incluso para gente no iniciada en esto de las artes como es mi caso. una vez que entras en la sala ya obran las explicaciones, sobra todo, directamente te eclipsa, y te pones a mirar y a buscar todos los detalles.

Desgraciadamente, el tiempo de la visita se limita a quince minutos, que pasan como si fuesen dos, y te despierta un vozarrón de una señora que prácticamente te echa a empujones de la sala, con malos modos porque la gente normalmente no se quiere ir, y cuesta salir de la sala.

Hay otro fresco en la sala, una pintura extraordinaria también, pero como digo, queda en segundo plano ante semejante obra de arte.

Compramos unos souvenirs y nos fuimos de vuelta al centro, con lluvia y un frío tremendo, muy normal en pleno noviembre en la capital Lombarda.

Visitamos la zona del mercado y la plaza del Domo, con la impresionante catedral allí en medio, y la Galería Vittorio Emanuele II, con sus tiendas de lujo, las grandes marcas, y abarrotada de gente (No me la puedo imaginar ahora con la pandemia de COVID). Había un árbol de navidad inmenso, de cristales de Svaroski, precioso iluminado.

Después de la Galería nos fuimos a la plaza de la Ópera de Milán, con el monumento a Leonardo da Vinci justo al lado, y de ahí volvimos caminando a la zona del hotel.

Cenamos en una pizzería muy cerca del hotel, que se llama Pizzeria naturale, muy rica, con pizzas al horno de leña. Cenamos unos cócteles de marisco además de las pizzas. El precio para dos personas fue de 25 euros.

DÍA 2: VISITA AL CEMENTERIO MONUMENTAL, ESTADIO DE SAN SIRO, NAVIGLI Y BARRIO CHINO:

Tras probar el magnífico desayuno que nos incluía el hotel, nos pusimos en marcha. Con el día lluvioso, decidimos coger el metro y visitar el cementerio monumental de Milán, uno de los más impresionantes de Europa por la cantidad de esculturas y obras de arte que albergan sus tumbas.

La verdad es que no acompañó para nada el tiempo, pues además de la lluvia, sin parar en todo el día, nos hizo un frío de cojones, muy incómodo para andar al aire libre en un cementerio monumental.

A pesar de lo malo del día lo visitamos. El cementerio es enorme, la visita es gratuita, y parece un museo al aire libre con tantas esculturas de mármol. Impresionante.

La visita se puede hacer perfectamente en una hora y media, y recomiendo que se haga con buen tiempo, si no se hace muy pesada y acabas empapado aunque lleves paraguas.

Del cementerio, nos fuimos a media mañana, y de nuevo en el metro, hacia el estadio de San Siro. Para un futbolero como yo esto suponía una visita obligada, y además era día de partido, el Inter contra el Spal de Ferrara. Nos pensamos ver el partido, pero queríamos seguir visitando la ciudad, pues teníamos muy poco tiempo. Tengo que decir que con el tiempo me he arrepentido muchísimo de no haber asistido al partido, pues van a derribar el estadio para construir otro más nuevo, así que perdí la oportunidad de verlo por dentro, aunque disfrutamos del ambiente que se forma fuera, del pre-partido, con muchísimos puestos de souvenirs y de comida, y muchísima gente alrededor. Visitamos la tienda del Inter de Milán también ya de paso.

De San Siro nos fuimos al barrio de los canales, el Navigli, lleno de universitarios, y de bares. La visita con tanta lluvia también fue un poquito pesada, pues no se puede disfrutar mucho con tanta agua.

El Navigli tiene dos canales que se construyeron en 1179, para hacer de Milán uno de los puertos fluviales más importantes, con entrada desde el mar, cosa que finalmente no fue, aunque sirvieron para transportar mercancías en barcos fluviales.

Comimos pasta en una pizzería que se llama Vetusta Insigna, espagueti y macarrones, a la carbonara y a la boloñesa, buenísimos por cierto. El precio para dos personas fue de 28 euros, catorce por cabeza, muy asequible al tratarse de Milán.

Después de la comida visitamos el barrio chino de Milán, una especie de Chinatown con muchísimas tiendas y restaurantes chinos, sushi, comida tailandesa, etc. Son tres calles que recorres rápidamente, y de ahí visitamos el cuadrilátero de la moda, con muchísimas tiendas de lujo y coches de alta gama, más que nada por curiosidad, pues ya tenemos suficiente con trabajar en Ibiza en los yates y ver bastantes lujos de estos todo el año.

Después de la visita al barrio chino nos fuimos a la zona del hotel, y cenamos en la mis a pizzería del día anterior, pues nos había gustado mucho tanto la comida como la atención y el trato recibidos por el personal del restaurante. Probamos otra pizza diferente y unos antipasti. esta vez el precio para dos personas fue de 28,50 euros, bastante asequible también para tratarse de Milán.

Y con la cenita nos despedimos de la ciudad, y de nuestro viaje de trece días por Italia, pues al siguiente día nos íbamos a Bérgamo para coger el vuelo de vuelta a Sevilla, donde nos esperaba, aún sin saberlo (pobres de nosotros) un coche que se había quedado sin batería en el parking de Aena, pero que quedó en una anécdota más que incluimos en la ruta italiana.

DÍA 3: BÉRGAMO Y DESPEDIDA DE MILÁN.

Tras desayunar en el hotel y recoger nuestras cosas, nos fuimos caminando a una plaza desde donde una empresa de autobuses te lleva al aeropuerto de Bárgamo, que está a media hora de la capital. El precio del bus al aeropuerto es de 7 euros por persona.

Quién nos iba a decir que Bérgamo, dos meses más tarde, se iba a convertir en la primera ciudad europea donde comenzó a contagiarse el COVID… 😦

Compramos unos souvenirs y comimos en el McDonalds del aeropuerto, y nos volvimos a Sevilla.

Hasta aquí nuestro viaje a Milán

Saludos!

Lo que más nos gustó

  • Ciudad moderna y a la vez conserva su esencia.
  • Si sales del centro no hay muchos monumentos que ver.
  • Visitar La Santa cena de Leonardo
  • Cercanía del Lago Como y los Alpes, que dejamos para la siguiente ocasión.

Lo que menos nos gustó:

  • El clima que nos hizo, horrible, con mucha lluvia y frío
  • Los precios, carísimo todo, aunque logramos encontrar sitios buenos, bonitos y baratos para comidas y cenas.
  • Me arrepiento muchísimo de no haber entrado al partido de fútbol del Inter de Milán.

PRESUPUESTO (2 personas)

Alojamiento Hotel Allegroitalia Espresso Darsena ………………………….. 130 euros

Transporte (incluyo tren de venecia y metro) ………………………………….. 78 euros

Impuesto turístico ……………………………………………………………………………….. 16 euros

Comidas/cenas ……………………………………………………………………………………… 104 euros

Souvenirs ………………………………………………………………………………………………. 45,20 euros

Paraguas ………………………………………………………………………………………………… 3 euros

Total ……………………………………………………………………………………………………….. 376,2 euros

MEDIO DÍA EN MURANO Y BURANO

Buenas ricoviajer@s!

Dentro de nuestro viaje a Venecia, aprovechamos una mañana para visitar las islitas que se encuentran en la laguna, pues recordemos que Venecia es una laguna gigante con varias islas.

Digamos que hay líneas de metro -vaporetto- ( Líneas 3, 4.1, 4.2, 12, 13, N) que llevan a estas islitas en una media hora aproximadamente, y que merece muchísimo la pena visitar.

Por una parte, Murano, la isla del vídrio por excelencia, con figuritas y todo tipo de objetos construidos por artesanos que soplan el cristal al rojo vivo hasta convertirlo en todo tipo de cosas, y cuyos talleres se pueden visitar para verlo en directo, y por otra parte, Burano, con sus preciosas calles llenas de casitas de colores y los encajes artesanales que hacen sus gentes, y que venden a los visitantes por un pastizal, aunque hay imitaciones chinas a precio de saldo que puedes comprar como souvenir.

El trayecto en el vaporetto es muy agradable, pues va pasando por diferentes zonas de Venecia, dependiendo desde donde lo tomes. El día que fuimos hacía mucha niebla, típico de la región, pero tuvimos suerte de que fue levantando durante el viajecito.

Como curiosidad, pasamos por una islita que es el cementerio de la región, que visitan los locales a menudo, y que tiene una parada de vaporetto allí mismo.

Cuando llegamos a Murano, lo primero que nos llamó la atención fue que había «Acqua Alta», o lo que es lo mismo, marea grandota que inundaba las calles, y muchos locales con botas de agua o una especie de patucos de plástico en los pies para cruzar por las calles, pues estaban inundadas.

Hay tiendecitas y talleres de vídrio por todas partes, y un museo del vídrio, el cual no visitamos por falta de tiempo.

Le dimos la vuelta entera a la isla, llegando hasta el faro, que es muy chulo, y después nos paramos a comprar unos souvenirs de cristal para nuestra colección de viajes que tenemos en casa.

Nos interesamos por las casitas de colores, y nos contaron que al haber tantísimos días de niebla en la laguna, antiguamente los pescadores se guiaban por los colores para volver a casa, o para conocer la casa de cada uno, muy curioso.

La isla de Murano es muy pequeña, y bastan dos horas para recorrerla rápidamente parando a hacerte mil fotos.

Volvimos a coger el vaporetto y nos fuimos para Burano, más pequeñita aún y con más casitas de colores, más encantadora aún que Murano.

Nada más llegar había una tienda con una señora mayor haciendo encajes, una maravilla poder hablar con ella y preguntarle por el arte y la destreza con que estaba haciendo tal obra de arte, que vale una pasta, bien justificada en este caso, pues vaya trabajera!

Hay una casita muy famosa en el pueblito, la casa di Bepi, que es diferente al resto, con dibujos de formas geométricas en su fachada, y cuyo propietario era muy famoso por proyectar cine en sábanas, y animara los niños de Burano a dedicarse al cine.

Tras recorrer la isla, muy pequeña como decíamos, compramos unos abanicos de encaje como recuerdo, y una muñeca para mi sobrina pequeña, y nos volvimos a Venecia tranquilamente, para pasar la tarde en la ciudad, pues en esta ocasión íbamos con el tiempo muy justito.

Existe la posibilidad de visitar una tercera isla, Torcello, aún más pequeñita, que solo tiene una iglesia para visitar, así que decidimos dejarla para una próxima vez.

Así que, hasta la próxima!

Lo que más nos gustó:

  • La gente local de las islas, muy amables, muy simpático todo el mundo, encantados de ayudarte.
  • Las figuras de vídrio de Murano, el trabajo con el vídrio en general, una maravilla.
  • Las casitas de colores de Burano. Es uno de los sitios del mundo más coloridos.
  • La arquitectura, los puentes, los canales de las pequeñas islitas.

Lo que menos nos gustó:

  • Como todo en Venecia, los precios, cualquier souvenir cuesta dinero, aunque en el caso de las islas está justificado, pues es trabajo hecho a mano, totalmente artesanal, y eso hay que pagarlo.

PRESUPUESTO:

Vaporetto ………………………………… 30 euros (Tarjeta de dos días)

Souvenirs ………………………………… 59 euros

Total ………………………………………….89 euros

TRES DÍAS EN VENECIA

Buenas ricoviajer@s!

Y tras la magnífica aventura de Florencia llegamos a la mítica y famosísima ciudad de los canales, Venecia, que en realidad es una laguna gigante en la que se ha construido, con muchísimas islitas alrededor, visitables, que esconden auténticas maravillas, como Murano y Burano, unas auténticas joyas que recorrimos en una sola mañana.

Una vez más utilizamos el autobús de la compañía low cost flixbus para desplazarnos. El trayecto desde Florencia a Venecia dura unas tres horas, ya que hace un par de paradas, en Bolonia, y en Padua, ciudades en las que se puede apreciar el ambiente universitario claramente en cuanto el autobús entra en estas ciudades.

Hay una peculiaridad, y es que el bus te deja en la estación de Mestre, en Marghera, desde donde se puede tomar un tren de cercanías a Venecia, que tarda unos diez minutos en llegar, y cuesta 1,35 euros por persona. Te deja en la estación de tren central de Santa Lucía, en todo el centro. Nada más salir a la calle, lo primero que te llama la atención es la cantidad de turistas que hay y los canales, con muchísimo tráfico marítimo.

Venecia se ha convertido en un verdadero parque temático, y si tienes la oportunidad de hablar con gente local todos te dirán lo mismo, que ya no se puede vivir ahí, pues todo se ha vuelto muy turístico, y los precios tanto de la venta de viviendas como del alquiler se han vuelto inasumibles, para una élite minoritaria que viene de vacaciones, así que es muy triste ver la mayoría de casas cerradas a cal y canto, comidas de humedad por la falta de mantenimiento. Miles de turistas visitan durante el día la ciudad, como si fuera un parque temático que cierra a las siete de la tarde y hasta el otro día. Esa fue nuestra impresión de la ciudad de los canales, que por cierto, es única en el mundo, preciosa.

ALOJAMIENTO

Ya que estábamos en la ciudad de los canales, qué mejor que elegir un barco para alojarse!, y más tratándose de gente del mar como nosotros, y eso es lo que hicimos, alojarnos en un yate clásico muy bonito, aunque un poco antiguo.

Lo encontramos por booking, y se llama Yacht Fortebraccio Venezia, que como venía diciendo, es un yate clásico. El precio para dos noches y dos personas fue de 87 euros, en camarote doble con baño.

Esta vez no acabamos muy contentos con la elección, pues la localización del barco no es la mejor , pues se encuentra en la islita en frente de Venecia, y hay que depender todo el tiempo del Vaporetto, lo que supone un mayor gasto, y esto es un problema, porque el transporte es carísimo en Venecia. El atraque del barco se encuentra en la isla de Giudecca, justo en frente de Venecia. Es una isla muy pequeñita, pero tiene mucho encanto, con sus gentes muy amables y sus locales y tiendecitas de gente local, antiguo pueblo de pescadores.

Además de la localización, el baño del camarote, al ser antiguo y no tener buen mantenimiento, se inundaba a las primeras de cambio con la ducha, lo que no es muy agradable.

Otro de los problemas era que al estar el barco en uno de los canales principales de tráfico marítimo, el movimiento es continuo. Nosotros estamos acostumbrados, pues trabajamos en yates, pero para las personas que se mareen esto puede ser un problema más gordo de lo normal.

También tenemos que decir que el chico que se encarga de recibir a los clientes es muy amable y muy servicial. Te ayuda en todo lo que necesites, y te recomienda sitios del lugar para comer o cenar.

TRANSPORTE

Venecia es una de las ciudades europeas con el transporte público más caro, ya que al haber solo barcos el precio del combustible aumenta por cuatro. Hay una red de «metro», o que funciona igual que un metro, pero son unos barcos que se llaman vaporettos, cuyo precio de viaje son 7,50 euros, válido para una hora.

Evidentemente, sale más barato comprar una tarjeta de diez viajes, que cuesta 30 euros por persona, una auténtica locura, pero es lo único que podíamos hacer en nuestro caso para ahorrar dinero, al tener que cruzar obligatoriamente a la isla de Giudecca. Así que si vas a Venecia de viaje, no cometas nuestro error!!, te ahorras más con un hostal en el centro o a las afueras de Venecia, porque no tendrás que utilizar los vaporettos, y como mucho gastarás 1,35 en el tren que va a Marghera, que solo tarda diez minutos con conexiones todo el día.

Hay una opción barata para cruzar por los canales pequeños de dentro de la ciudad. Te cruzan los mismos gondoleros en barquitos pequeños por 2,50 euros. A nuestro alojamiento no iban, así que nos tocó pagar el vaporetto.

DÍA 1: LLEGADA A VENECIA

Llegamos a las cuatro de la tarde a la estación de Marghera, a las afueras de Venecia, y tras coger el tren que comentaba antes, llegamos a las cuatro y media a la estación central de Santa Lucía.

Lo primero que hicimos es echar un vistazo alrededor y comprar el ticket del vaporetto para llegar a Giudecca y dejar las maletas en el barco, nuestro alojamiento.

Cuando llegamos eran las seis de la tarde, y mientras nos acomodamos casi era la hora de la cena, pues ya sabéis que en Italia hay horario europeo, y las cenas son antes que en España, así que siguiendo la recomendación del chico del barco fuimos a cenar a un sitio local de la islita de Giudecca, que se llamaba Do Mori, con especialidades locales y buen marisco y pescado.

Pedimos una pizza echa al horno y una especie de salpicón de marisco con almejas, todo riquísimo. Y lo mejor, el precio, que para ser Venecia, bastante bueno, 36,50 euros pagamos entre los dos.

Tras la cena decidimos cruzar a la ciudad para la primera toma de contacto. Al igual que nos pasó en Florencia, dadas las fechas, ya estaba el alumbrado de navidad encendido, lo que le da un toque más especial aún si cabe a las calles venecianas, plagadas de tiendecitas de máscaras de carnaval y miles de figuritas de cristal de Murano.

Por la noche Venecia está muy tranquila, y es que como comentaba antes, hay muchísimas excursiones de día que traen a cientos de turistas, que lo ven todo y se marchan sin pernoctar en la ciudad. A las diez de la noche tienes toda la Plaza de San Marcos para ti solo, y puedes callejear más a gusto sin tanto turista.

Tuvimos mucha suerte, pues solo una semana antes se había producido una gran inundación, que suele ocurrir con grandes mareas en la zona. Había plataformas de madera puestas por todos sitios, para que los turistas pasen por encima a modo de pequeños puentes, sin mojarse los pies.

La subida de 2019 de la marea ha sido de las más fuertes de las últimas dos décadas, destrozando comercios e inundando todo a su paso.

De la plaza de San Marcos nos fuimos a ver el famoso Puente del suspiro y el puente Rialto, que de noche cambia totalmente, pasando por muchísimas tiendecitas.

Tras la vueltecita por el centro volvimos a tomar el vaporetto para regresar a Giudecca. Cuando llegamos al barco aprovechamos para relajarnos en el salón común, tomarnos dos cervecitas y retirarnos a nuestro camarote a descansar.

DÍA 2: VISITAS A MURANO Y BURANO

Nos despertamos tempranito, a eso de las ocho y media de la mañana, y cogimos el Vaporetto para cruzar al centro, desde donde volvimos a coger otro vaporetto que nos llevó a Murano. El trayecto es muy agradable en barco, aunque ese día, había muchísima niebla en la laguna de Venecia, cosa que por otra parte es muy normal allí, por eso las casitas de las islas están pintadas de colores.

Las visitas a Murano y Burano las contaremos aparte en este post, «Murano y Burano en una mañana».

Tras pasar la mañana por la laguna de Venecia, en Murano y Burano, nos fuimos de vuelta al centro de la ciudad, y buscamos un sitio que nos recomendaron para tapear, de los que nos gustan, bueno, bonito y barato. El sitio se llama Bacareto da Lele, frecuentado por universitarios, gente joven y de todo tipo, un sitio de gente local, maravilloso, muy muy barato para estar en Venecia. Lo único malo es que casi todos los montaditos y las tapitas que tiene en la carta se van agotando rápido, pero es una buenísima opción para comer y recargar pilas antes de seguir visitando cosas.

Después de comer nos dimos el capricho que hay que darse al menos una vez en la vida si vas a Venecia, el paseo en Góndola, que aunque es muy caro, regateamos y lo pillamos por 50 euros, cuando el precio normalmente son 80 euros. Uno de los Gondolieri accedió a pasearnos en su Góndola por ese precio, no sin antes reírnos un rato y oír el ya típico: «españolitos, siempre igual regateando precios».

El paseo en Góndola dura media hora, y merece la pena porque te llevan por callejones muy estrechos, y te enseñan las casas de venecianos ilustres, artistas, pintores, etc. Todo genial, y el chico muy amable haciéndonos fotos y explicándonos todo.

Aprovechamos el resto de la tarde para comprar algunos recuerdos y para visitar la plaza de San Marcos, esta vez de día. Decidimos no entrar en la iglesia, porque ya llevábamos encima demasiadas visitas a iglesias tanto en Roma como en Florencia, así que sólo la vimos por fuera, y así evitamos también perder tiempo en la cola inmensa de turistas que sí querían visitarla.

Visitamos una librería muy famosa, que es una auténtica maravilla. La habíamos visto en las noticias un par de semanas antes, por el tema de las inundaciones. Tiene en su interior una góndola donde ponen los libros cuando sube la marea y empieza a entrar agua, para salvar los que puedan. Los que quedan inservibles los apilan en el patio trasero, formando una escalera en la que puedes subir y mirar desde arriba el canal que pasa por la parte de atrás.

La librería se llama Acqua Alta, y además de una góndola grande, en el interior hay maniquíes disfrazados, armaduras, láminas de acuarelas y muchísimos objetos más, además de gatos que te saludan y puedes acariciar, que deambulan por toda la librería. Los dueños han constituido una especie de asociación para ayudar a los gatitos callejeros, y puedes dejar tu donativo para comprarles comida de gato. Es un sitio genial, muy auténtico, en el que disfrutamos muchísimo y nos gustó bastante. Compramos algunos recuerdos y una lámina preciosa que pensamos colgar en casa.

Nos fuimos a cenar a un sitio que se llamaba Birrería Barbanera, del que no destacaría nada en particular, un poco caro y del montón, lo típico de Venecia. Pedimos unas cervezas y unas pizzas, y nos volvimos para el barco en el vaporetto, súper cansados. Un día muy bien aprovechado para despedirnos ya de la ciudad, pues al siguiente día nos marchábamos a Milán. Unas cervecitas de relax en el salón común del barco, y al camarote a dormir.

DÍA 3: DESPEDIDA DE VENECIA

Tras desayunar, recoger nuestras cosas y dejar nuestro camarote, nos despedimos del chico responsable del barco-alojamiento, y dejamos Giudecca en el vaporetto hacia el centro de la ciudad, donde compramos los últimos souvenirs, dimos un paseíto corto y cogimos el tren de cercanías en la estación central de Santa Lucía, hacia Marghera, donde tomamos nuestro tren para Milán, a eso de la una de la tarde.

Atrás dejamos ya Venecia, una ciudad que no deja indiferente a nadie por sus peculiaridades, por ser única en el mundo, por sus precios, sus tiendas, la cantidad de turismo que tiene (antes de la pandemia), sus canales, sus gondolieri y los canales. No se si volveremos, pues la verdad es que Venecia puede visitarse en un día si no piensas ir a las islas de Murano y Burano, y además, se ha convertido en un gran parque temático, que ha hecho que se pierda un poco la esencia que tenía, pero que merece la pena visitar y perderte por sus rincones donde aún quedan algunos vestigios de la vida local.

Hasta la próxima!

Lo que más nos gustó:

La ciudad, muy característica, única

Los barcos y los canales

Un modo de moverse totalmente distinto a lo que acostumbramos. Todo depende del transporte marítimo.

Lo que menos nos gustó:

Venecia se ha convertido en un parque temático

Demasiada saturación turística

Precios desorbitados para todo, transporte público, restaurantes, souvenirs…

PRESUPUESTO (2 PERSONAS)

Alojamiento Yacht Fortebraccio Venezia …………………………… 82.96 euros

Vaporetto …………………………………………………………………………………. 75 euros

Comidas/cenas …………………………………………………………………………. 70.40 euros

Góndola …………………………………………………………………………………….. 50 euros

Souvenirs ………………………………………………………………………………….. 29 euros

Total …………………………………………………………………………………………… 307.36 euros

MEDIO DÍA EN PISA

Buenas ricoviajer@s!

Durante nuestro viaje a Florencia, visitamos la famosa ciudad de la Torre inclinada, a una hora aproximadamente en tren desde la capital Toscana, que por cierto, es muy pequeñita, y basta una mañana o medio día para visitarla.

Como principal atracción, la famosa torre, con cientos de turistas haciendo poses para tomarse la fotografía de rigor, a cada cual más curiosa, o más cómica.

Llegamos a la estación de tren de Pisa a eso de las diez de la mañana, lloviendo bastante, así que decidimos coger un autobús urbano que te deja en la misma torre por 2,50 euros por persona, y que tarda unos quince minutos en llegar.

Cuando llegamos, lo primero que llama la atención es la cantidad de puestecitos ambulantes que hay con todo tipo de souvenirs a la vente, además de las colas de turistas (sobre todo chinos y coreanos).

He de confesar que me esperaba la torre muchísimo más alta de lo que realmente es, y la ciudad más grande, porque en realidad es un pueblito, pero con mucho encanto, además de tener muchísimo ambiente universitario.

Nosotros nos dedicamos a visitar la zona del Baptisterio y la catedral, que están junto a la Torre inclinada, sin llegar a pasar al interior, pues ya veníamos muy cargados de iglesias, cúpulas y escalones desde Roma y Florencia, así que nos dedicamos a caminar alrededor de los monumentos y a echar fotos. Y sí, nosotros también nos pusimos a hacer poses cómicas para tomarnos alguna fotos con la torre 🙂

Compramos algunos souvenirs de recuerdo y caminamos hacia el centro de la ciudad a eso de las doce de la mañana, pues desde las diez a las doce te da tiempo suficiente para ver todos los monumentos.

Después de pasear por el centro y ver algunas tiendas, comimos unos perritos calientes con patatas en un negocio local ( 11 euros entre los dos con cervezas), y caminamos a la plaza donde está el edificio que alberga la universidad, con una estatua de un caballero en mitad de la plaza.

Seguimos caminando de vuelta a la estación de tren, cruzando uno de los puentes por encima del río, donde pudimos observar que había aún sacos de arena apilados de las inundaciones que hubo dos semanas antes de nuestra visita, que afectaron además de Pisa, a Florencia y Venecia.

Pisa tiene su encanto, pero sin su famosa torre sería un pueblito más de los muchos que puedes encontrar por la Toscana. Se puede ver perfectamente en medio día, incluso en dos horitas si vas de pasada y no vas a subir a la torre o vas a entrar en la catedral y el Baptisterio.

A la una de la tarde estábamos cogiendo el tren de vuelta para Florencia, justo para llegar y almorzar.

Lo que más nos gustó

  • Lo cerquita que está de Florencia
  • Poder hacer una visita en medio día
  • La torre, los jardines y los monumentos de alrededor
  • Buenos precios para comprar souvenirs en los puestecitos que hay

Lo que menos nos gustó:

  • Por poner algo, el día lluvioso. No nos paró de llover en toda la mañana
  • Nos esperábamos la famosa torre mucho más imponente

PRESUPUESTO

Tren Florencia-Pisa (Ida y vuelta dos personas) ……………………………….. 34,80 euros

Souvenirs ………………………………………………………………………………………………. 15 euros

Perritos calientes y cervezas ……………………………………………………………….. 11 euros

Total ………………………………………………………………………………………………………. 60,80 euros

CINCO DÍAS EN FLORENCIA

Buenas ricoviajer@s!

Tras los cinco días en Roma, llegamos a la capital de la Toscana, la cuna del Renacimiento, Florencia, a bordo del Flixbus, el autobús «lowcost» italiano, que tarda unas tres horas en unir las dos capitales.

El trayecto desde Roma a Florencia es muy agradable, pues es todo autopista, y los paisajes de la Toscana, entrado el otoño, son preciosos, muchísima montaña y mucho verde, como nos gusta a nosotros, y muchos pueblecitos durante todo el trayecto.

Como nos pasó en Roma, al ser flixbus una compañía de autobuses «lowcost», la estación suele estar a las afueras de la ciudad, y para llegar al centro hay que tomar un tranvía que tarda unos quince minutos en hacer el trayecto.

Cuando llegamos a la parada central nos sorprendió la cantidad de gente y de turismo que hay en Florencia, con ríos de gente andando y tomando fotos, con el atractivo de que en noviembre ya está el alumbrado navideño. Florencia es una auténtica joya en navidad, uno de lo sitios más bonitos que hemos visitado, con un centro precioso, limpio y adaptado para todo el turismo que tiene.

ALOJAMIENTO

Para los cinco días reservamos un hostal en el centro, el Soggiorno La Cupola B&B, con una terraza con vistas espectaculares a la catedral y al Domo, con una localización perfecta para visitar todo andando, cerca de todos los monumentos y sitios de interés.

El personal del hostal es muy atento y en cada planta tienes una zona común, donde te dejan todos los días diferentes galletas y bizcochitos, para que desayunes o meriendes.

Las habitaciones son preciosas, es como una casa antigua reformada, con camas muy cómodas y habitaciones muy amplias. El cuarto de baño perfecto. De los mejores hostales donde nos hemos hospedado en nuestros viajes.

Cuando llegas al hotel te cobran el impuesto turístico, en nuestro caso 24 euros para cinco días.

TRANSPORTE

Florencia es una capital que se puede recorrer perfectamente a pie, ya que no es tan grande como Roma, y las distancias no son excesivamente largas.

Desde el centro es fácil llegar a todos los monumentos y sitios de interés caminando, pero además puedes moverte en tranvía por 1,50 euros el billete, y está todo bastante bien comunicado y señalizado.

DÍA 1: LLEGADA Y VUELTECITA POR EL CENTRO

Llegamos en torno a las 6 de la tarde al hostal, y tras echar un vistazo rápido a la terraza con las vistas a la catedral, salimos para una primera toma de contacto.

Aún con lluvia y el cielo muy nublado y gris, el centro de Florencia es espectacular, precioso, y muy muy cuidado. En el momento en que llegas a la plaza del Duomo, lo primero que te llama la atención es la torre campanario de la catedral y el Batisterio en mitad de la plaza, además de la cúpula de la Catedral de Santa María del Fiore.

La cantidad de tiendecitas que hay por las callejuelas ya te da una idea de la cantidad de turismo que mueve esta ciudad, y a cada cual más bonita, y más aún con el alumbrado de navidad.

Tras caminar como diez minutos parándonos en muchísimas de estas tiendecitas, llegamos a la plaza del famoso «porcellino«, un jabalí al cual según dicta la tradición, hay que tocarle el hocico y poner una moneda dentro de la boca, de forma que si la moneda cae en la rejilla de la fuente el futuro te traerá de vuelta a la ciudad. En mi caso, tras tirar tres o cuatro monedas estoy seguro de que volveré bastantes veces, pero en el caso de Lucía tal afirmación vamos a dejarla en duda 🙂

En la plaza del «Porcellino» hay un mercadillo lleno de puestos con souvenirs y todo tipo de artículos de regalo.

Seguimos caminando y llegamos a la plaza de la Signora, donde se encuentra la fuente de Neptuno, la estatua ecuestre de Cosimo de Medici, y el palacio Vecchio con uno de los «David» de Miguel Ángel que hay en la ciudad, porque en Florencia, uno de las actividades que puedes hacer es buscar a los «tres David», tanto el que está en la Academia de las artes, el más famoso, como los otros dos, cuya localización voy a guardarme para no chafaros la ilusión de buscarlos!

En la plaza de la Signora también hay varias estatuas de mármol en la Loggia, donde destaca Perseo con la cabeza de medusa. Todo este conjunto se puede ver gratuitamente, y además es un sitio donde se ponen a tocar músicos y artistas callejeros, muy recomendable para hacer una paradita y descansar unos minutitos mientras los oyes.

Tras visitar la plaza continuamos hacia uno de los símbolos de la ciudad, el fotografiado «Ponte Vecchio», que es un puente muy peculiar, con casas construidas encima, que actualmente son joyerías de las marcas más reconocidas a nivel mundial.

Cruzando por el puente lleno de turistas, llegamos al otro lado del río Arno, y decidimos dejar esa parte para el siguiente día, pues teníamos que cenar, y ya se sabe que en Italia, al menos en Florencia, la cena es antes que en España, y no queríamos sorpresas de última hora y no poder cenar, así que regresamos por el puente y buscamos una trattoría cerca del hostal, que se llama «Il contadino», comida casera, buena, bonita y barata, con buena pasta y buen vino, que te sirven en unas jarritas pequeñas, muy curioso. Como anécdota, contar que uno de los camareros era de Ecuador y conocía Andalucía, así que charlamos con él y nos recomendó a la hora de cenar.

El resto, vuelta al hotel súper cansados, duchita y la cama a descansar.

DÍA 2: VISITA AL DOMO, CATEDRAL, BATISTERIO Y CAMPANARIO

Nos levantamos pronto después de dormir perfectamente, ni un solo ruido, ni una sola molestia. Desayunamos y bajamos directos al domo, que como era de esperar, estaba empezando a llenarse de turistas haciendo cola para empezar a visitar todos los monumentos.

Florencia tiene una pulsera turística que te da acceso al Batisterio, a la catedral, al campanario y al museo, que cuesta 17 euros por persona, un precio bastante asequible comparado con los precios de Roma, donde sólo un monumento tenía ese precio.

Nuestra primera parada fue el Batisterio, un edificio con unas puertas enormes cuya madera está tallada con diversas escenas bíblicas. A mí me recordó mucho a los retablos que llevan los pasos de semana santa de Jerez, con tanto baño de oro presente. La más famosa es la Puerta del Paraíso, pero cada lado del edificio tiene una puerta con escenas y personajes diferentes. El interior es más bien sobrio, con poca luz y frescos en el techo.

Baptisterio de Florencia

La siguiente visita la hicimos al campanario. Las vistas desde arriba son increíbles, de toda la ciudad y las afueras. Merece muchísimo la pena subir los 414 escalones que te llevan arriba del todo, a 82 metros de altura, y quedarte un rato a ver las campanas de bronce enormes, y el paisaje toscano desde las alturas.

Tras bajar de nuevo todos los escalones del campanario, teníamos reservado horario de visita a la catedral a la una de la tarde, así que aprovechamos para visitar el Museo del domo, que tiene una réplica en su interior de la fachada de la catedral, de Arnolfo di Cambio, y cientos y cientos de estatuas de mármol, entre ellas la famosísima «Piedad florentina» de Miguel Ángel, la «María Magdalena penitente de Donatello o el «Profeta Habacuc». En el patio hay algunas de las puertas originales del Baptisterio también, perfectamente conservadas.

Tras la visita al museo, y teniendo en cuenta la reserva para la una de la tarde a la catedral, decidimos mientras llegaba esa hora hacer una nueva visita al Ponte Vecchio, para verlo de día.

De la visita a la catedral me quedaría con la belleza de la gran cúpula de Brunelleschi, cuyos frescos son impresionantes y una vez más, la subida hasta arriba, 463 escalones y 92 metros de altura, diez más que el campanario, las vistas y la perspectiva de toda la ciudad y los campos toscanos.

Con la segunda subida del día – y la segunda bajada- las ganas de comer nos pasaron factura, así que decidimos que era la hora de probar el famoso Focacchio florentino, una especie de bocadillo/sandwich/pizza que está riquísimo, con muchísimos ingredientes que puedes combinar.

Nos sentamos en un bar del centro muy típico, el «Vinaino», con precios muy buenos, a 7 euros el focacchio, que al ser enorme, con uno cortado por la mitad sobra para dos persona que no comemos demasiado, como nuestro caso. Focacchio + cervezas= 15 euros, buenísima fórmula para continuar con nuestra visita por la tarde.

La primera visita de la tarde nos llevaría hasta la iglesia de la Santa Croce, que se parece muchísimo a Santa maría Novella, pues de nuevo el autor de la fachada, Arnolfo di cambio, deja su sello característico al lugar. La entrada cuesta 8 euros por persona y sería una visita más si no tuviese en su interior las tumbas de personajes de la altura de Galileo Galilei, Maquiavelo o Miguel Ángel, entre otras celebridades…

A la salida de la iglesia, y en la misma plaza, montan un mercadillo navideño que visitamos, bastante caro por cierto.

En nuestra vuelta para el centro de la ciudad encontramos una tienda dedicada al famoso personaje de cuentos «Pinocho», cuyo autor es florentino también, y que se ha convertido en uno de los souvenirs que venden por toda la ciudad, de madera, de todos los tamaños y colores.

La tienda es una preciosidad, toda llena de juguetes de madera. Hasta una moto a escala que le regalaron a Valentino Rossi, está expuesta en su interior. Es simplemente genial, puedes quedarte horas dentro contemplando los juguetes de madera y el antiguo taller del primer propietario, cuyos descendientes siguen actualmente con la tienda.

Al final de la tarde, y de vuelta al hostal, aprovechamos de la cercanía de una lavandería para lavar nuestra ropa, pues tras cinco días en Roma y dos en Florencia nos quedaba lo mínimo limpio. Con un par de cervecitas para pasar el rato, pusimos nuestra ropa en las lavadoras y en cuarenta minutos estaba lista. Por 8 euros la ropa de los dos limpita y seca, lista para aguantar el resto del viaje.

Para cenar nos fuimos al Mercado central de Florencia, que nos recordó mucho al mercado de San Miguel de Madrid. El mercado de Florencia es un mercado tradicional de toda la vida, con sus puestos de verdura, fruta y pescado, pero que además está lleno de bares. Es un mercado gastronómico, con comida local, pizzas, focacchios y diferentes tipos de menú, y con comidas del mundo como el sushi. En definitiva, una amplia oferta gastronómica en el centro de la ciudad.

Pedimos unas pizzas en uno de los locales, que se llamaba pizzeria sud, que no estaban nada mal, hechas al horno de piedra artesanal, muy muy ricas. El precio tampoco estuvo nada mal, 19,50 euros entre los dos, incluyendo cuatro cervezas, que son mucho más caras en Italia que en España, y suben muchísimo las cuentas en los bares.

Y tras la cenita que nos pegamos dimos por finalizado nuestro segundo día en Florencia, bastante largo y bien aprovechado por cierto.

DÍA 3: VISITA AL MUSEO UFFICI, JARDÍN BÓBOLI Y PIAZZA MIGUEL ÁNGEL

Si has continuado leyéndonos hasta este punto, descubrirás la ubicación del tercer «David» de Miguel Ángel en la ciudad, pero empecemos por la primera visita del día, la famosísima Galería Uffizi, que como su propio nombre indica, fueron construidas como oficinas cuando el Palacio Vecchio se quedó pequeño, y que acabaron como almacén de todas las obras de arte que recopiló Cosme de Médici, el gran mecenas del Renacimiento, una de las colecciones de arte más grande del mundo.

La Galería tiene varios pisos y corredores enormes, con cientos de estatuas y cuadros, ordenadas cronológicamente, y obras muy importantes y conocidas, de grandísimos autores como Miguel Ángel, Rafael, Boticelli y Leonardo da Vinci.

Hablamos de grandes obras de la talla de «El nacimiento de Venus» y «La primavera» de Boticelli, «La Anunciación» de Leonardo, «La Sagrada Familia» de Miguel Ángel o la «Madonna del jilguero» de Rafael, cuadros que siempre había visto en documentales y que me hacía muchísima ilusión poder ver en persona, en vivo y en directo, además de estatuas famosas como el «Laocoonte» de Bandinelli.

En la Galería puedes pasar el día entero admirando obras de arte, de hecho, merece todo ese tiempo. Nosotros estuvimos unas cinco horas, hasta el medio día prácticamente, y eso viéndolo todo de pasada, deteniéndonos en las obras más importantes, pero absolutamente todo es digno de pararse un rato y contemplar todo. Puede ser uno de los museos más importantes a nivel mundial.

Comentaros que hay que ir bien temprano, porque la cola de turistas que se forma te puede hacer perder más de una hora fácilmente para sacar la entrada, que por cierto, son 12 euros por persona sin audioguía.

Tras la visita a la galería pusimos rumbo al Jardín Bóboli, que está en el Palacio Piti, el cual no visitamos por falta de tiempo. Los jardines son enormes y la entrada cuesta 6 euros por persona. Sinceramente, es una visita que me hubiese ahorrado, porque he visitado jardines mucho más grandes y espectaculares en otras ciudades, y además gratis. No hay mucho que ver en el Jardín Bóboli, un par de fuentes y poco más, un parque más de la ciudad, muy elegante, pero hay que pagar para verlo.

Después de los jardines cruzamos el Ponte Vecchio para pasar al otro lado de la ciudad, camino de la Piazza Miguel Ángel, en honor al genial autor, y tras hacer una paradita para coger fuerzas en un supermercado que tenía una zona para sentarte y comerte lo que has comprado, seguimos andando por la rivera del río Arno, un paseo realmente agradable, viendo patos, peces y pajarillos que pululan por el lugar.

Hay un momento en que tienes que empezar a callejear para llegar a la plaza Miguel Ángel, y en estas callecitas hay algunos talleres de artesanos que son una auténtica maravilla. Encontramos casi por casualidad un taller de relojería y joyería antiquísimo, que se puede visitar gratis y ver las maravillas que tiene en su interior. Por desgracia, no recuerdo el nombre porque no lo apunté, pero está cerca de la plaza Miguel Ángel, antes de comenzar a subir hacia el mirador.

Y si!!, llegó el momento!, si has llegado hasta aquí, el tercer «David» de la ciudad, este de bronce, se encuentra arriba en el mirador de la plaza, desde donde las vistas del río, de todos los puentes y del centro de la ciudad son sencillamente fabulosas. Ve pidiendo paso y la vez para hacerte fotos, porque cuesta la misma vida entre tantísimo turista, pero merece y mucho la pena.

Para volver al centro y ganar algo de tiempo decidimos coger un autobús de vuelta, y nos bajamos cerca de un bar que nos recomendaron, típico de la ciudad, frecuentado por universitarios, en la plaza del santo Espíritu, con comida local buena y barata, de nuevo focacchios y bocatas. El sitio se llama «Gustapanino», muy pequeñito, y ofrece una carta amplia si lo que quieres es reponer fuerzas, lo que vendría siendo «tapear» en España. Un par de focacchios con dos cervezas nos costó 10 euros, un precio bastante asequible, y además estaban riquísimos.

Volvimos caminando al centro por la calle Maggio, que está llena de talleres de artesanos, de joyería, relojerías, arte, etc. Un paseo muy agradable en el que fuimos metiéndonos en el centro con el alumbrado navideño, por la calle de las tiendas de lujo, las joyerías, las tiendas de ropa, hasta terminar de nuevo en la plaza del porcellino, donde aprovechamos para comprar algunos souvenirs para regalar a amigos y familiares.

Por último, visitamos la farmacia más antigua de Florencia, que descubrimos caminando por casualidad, en la Via della Scala, junto a la plaza de Santa María Novella. Es preciosa, y venden distintos tipos de té dentro. Tiene varias salas con objetos e instrumentos muy antiguos que se utilizaban para trabajar con los diferentes productos químicos.

Tras cenarnos dos porciones de pizza en uno de los barecitos del centro (4 euros la porción) nos fuimos a descansar y a planificar nuestra visita a la vecina ciudad de Pisa al día siguiente.

DÍA 4: VISITA A PISA POR LA MAÑANA Y ACADEMIA DE LAS BELLAS ARTES POR LA TARDE

Haré un post aparte para contar la visita a Pisa, que está a una hora de Florencia en tren.

Cuando volvimos de la visita de Pisa nos fuimos directamente a la Academia de las bellas artes, porque la verdad es que estábamos deseando de ver el verdadero «David» de Miguel Ángel después de haber visto las otras dos réplicas por la ciudad.

Como podréis imaginar, la Academia de las bellas artes es uno de los sitios más visitados de Italia, lo que quiere decir que las colas para comprar una entrada son frecuentes, y para nosotros no iba a ser menos. La verdad es que para la cantidad de gente que había la cola se disolvió bastante rápido y pudimos entrar en media hora. La entrada cuesta 12 euros por persona.

La principal atracción de la Academia es , como comentaba, el «David» de Miguel Ángel, una estatua gigante que posa allí en mitad de un salón enorme al final de una galería enorme llenas de estatuas de mármol acabadas y a medio acabar del genial pintor y escultor renacentista. Podrías pasarte horas mirando la perfección de la talla en mármol, las manos, los detalles de las venas esculpidas, las piernas, es increíble verlo en directo y uno no puede de dejar de preguntarse que cómo es posible que alguien esculpiese de esa forma tan perfecta, ¿Cómo de un bloque de mármol es posible sacar esa estatua?. Sin palabras, una obra maestra sin duda, de lo que más nos impresionó de todos los museos que visitamos en nuestro viaje por Italia.

Además del «David», la Academia cuenta con otras obras de renombre internacional, como «La Madonna del Mare», de Botticelli. Es muy curiosa la colección de instrumentos musicales antiguos que hay en una de las salas.

Después de visitar la Academia (unas tres horas), decidimos volver a cenar al Mercato central, donde esta vez me pedí un buen chuletón a la parrilla y Lucía otro menú diferente que ahora no recuerdo. Cenamos a lo grande, con vinito incluido. Pagamos 35,40 euros entre los dos, por ser la última noche en Florencia.

Con esta cena dimos por finalizada nuestra estancia en una ciudad que nos ha gustado muchísimo, que nos ha maravillado, incluso más que Roma. Florencia es una ciudad más pequeña, más acogedora, con gentes muy amables, con un centro precioso y mucha historia, pero sobre todo, muy bien preparada para hacer que te sientas como en casa.

Sin duda, volveremos en cuanto pase toda la pandemia que desgraciadamente nos ha prohibido el poder seguir viajando libremente.

DÍA 5: ADIOS A FLORENCIA. RUMBO A VENECIA

Aprovechamos la mañana para recoger nuestras cosas, comprar los últimos souvenirs y poner rumbo a la estación de bus de Florencia, donde de nuevo la compañía low cost Flixbus fue nuestra elección para viajar a la capital de los canales.

Florencia, como ya hemos repetido, es una de las ciudades que más nos ha gustado visitar, a la que volveremos de nuevo en otra escapada cuando la situación de la pandemia mejore.

Un saludo para todos y hasta la próxima!

LO QUE MÁS NOS GUSTÓ

  • Ciudad muy preparada y adaptada para el turismo
  • Buenos precios de monumentos y museos
  • Buena oferta gastronómica y diversidad de sitios
  • Todo se puede recorrer a pie.
  • Los helados artesanos

LO QUE MENOS NOS GUSTÓ

  • Por poner algo, el tiempo lluvioso que nos tocó. Pero no tenemos nada malo que destacar en especial de esta ciudad. Nos gustó absolutamente todo.

PRESUPUESTO (2 PERSONAS)

Alojamiento Soggiorno La Cupola B&B…………………… 161 euros

Impuesto turístico ………………………………………………………. 24 euros

Comidas/meriendas/cenas …………………………………………. 126,20 euros

Transporte bus/Tranvía ……………………………………………… 11 euros

Lavandería ………………………………………………………………….. 8 euros

Mini bar hostal ……………………………………………………………. 6 euros

Souvenirs …………………………………………………………………….. 61 euros

Monumentos y museos

  • Museo del Duomo ………………………………………………….. 36 euros
  • Iglesia de la Santa Cruz ………………………………………….. 16 euros
  • Galería Uffici …………………………………………………………… 24 euros
  • Jardín Bóboli …………………………………………………………… 12 euros
  • Academia de las bellas artes ………………………………….. 24 euros

TOTAL ……………………………………………………………………………. 509,2 euros