DOS DÍAS EN BILBAO

Buenas ricoviajer@s!

Después de un año y algo sin escribir vuelvo a retomar mi blog con muchas novedades, entre ellas un cambio de trabajo, con mi vuelta a la navegación a otro yate, de nuevo en Ibiza, mi segunda casa, con lo que sumo ya ocho temporadas en la isla. La verdad es que ha sido una temporada cargada de trabajo, con vuelta a la normalidad total después de la pandemia, muchísimo turismo y muchas ganas de volver a revivir grandes momentos, y como no, de volver a viajar con total tranquilidad y volver a vivir escapaditas cortas como las que os voy a contar, esta vez en el norte, en Bilbao, una ciudad que nos ha parecido maravillosa, moderna y gastronómicamente hablando, una delicia!

Nos decidimos por Bilbao por una oferta de vueling desde Sevilla, con fecha del 20 al 23 de diciembre, aterrizando en Bilbao a eso de las diez de la mañana, ganando ese día para visitar la ciudad, aunque perdimos el último día, ya que el vuelo de vuelta lo pillamos a las 7:40 de la mañana, pero es lo que tienen estos vuelos súper baratos, que hay que hacer pequeños sacrificios, aunque ya os adelanto que ha merecido muchísimo la pena.

Nos fuimos con un par de mochilas de mano, suficiente para dos días y medio y no tener que pagar por las maletas en cabina, cuyos precios se están volviendo abusivos en los últimos tiempos en la mayoría de compañías de bajo coste.

VUELOS

Como siempre, nos desplazamos a Sevilla desde Jerez en coche, con la novedad de que esta vez, y por vez primera, hemos utilizado el servicio lavacolla, que es una empresa que te recoge el coche en la terminal de salidas, y después te lo devuelven lavado en la misma puerta. Para los tres días que hemos estado en Bilbao pagamos 14 euros por este servicio, más barato que el parking de Aena y con la ventaja de que te recogen y te traen el vehículo, con el consiguiente ahorro de tiempo y la comodidad que supone.

Nos fuimos con la idea de que iba a hacer bastante frío en el norte, por las fechas, pero nada más lejos de la realidad, los tres días con temperaturas de entre 20 y 23 grados, más que en Jerez, ¡ Increíble! y vaya suerte, sólo el primer día nos llovió de forma muy débil, porque según nos contaban la gente local, en Bilbao llueve bastante y de forma frecuente en estas fechas, con lo cual pudimos sentirnos muy afortunados.

El aeropuerto de Bilbao es pequeño, muy cómodo, pero hay algo que lo hace muy peculiar, el viento que normalmente sopla en la zona, haciendo que la aproximación y el aterrizaje en pista sean un poco… llamémosle «divertido» o «acojonante», porque el avión bota una barbaridad y se mueve muchísimo, hasta el punto de dar saltos que nos levantaron del asiento literalmente, con gente gritando y otras partiéndose de risa, para gustos colores, aunque en nuestro caso fue más bien un acojone tremendo.

Tras la anécdota del aterrizaje, bus al centro de la ciudad, del a compañía Bizkaibus, que vale 3 euros y tarda unos 20 minutos en dejarte en pleno centro urbano de Bilbao.

ALOJAMIENTO

Para alojarnos, elegimos el Hotel Ibis Bilbao centro, muy bien situado, cerca de zona de bares de pintxos y cerca del casco histórico de la ciudad, con muy buenas conexiones de metro y tranvía, aunque andando se llega a todas partes en diez o quince minutos desde este hotel.

Reservamos el hotel mediante la conocida página de alojamientos Booking, y el precio bastante bueno para los tres días, 95 euros para dos personas.

La habitación amplia y bastante cómoda, con un baño amplio con cabina de ducha, calefacción en perfecto estado, minibar y televisión, todo funcionando. La cama doble de 1,60, muy cómoda, al igual que las almohadas, que para mí es algo fundamental a la hora de reservar un hostal u hotel.

TRANSPORTE PÚBLICO

Para movernos casi siempre andando, aunque utilizamos el metro y el tranvía para desplazarnos a los sitios que estaban más lejos, como San Mamés o Portugalete, un pueblecito que visitamos el último día.

El precio del metro de Bilbao es 1,50 el billete unitario, al igual que el tranvía. Ambos transportes son muy nuevos, muy limpios, y funcionan a la perfección.

DÍA 1. LLEGADA Y VISITA AL CASCO HISTÓRICO

Tras hacer el check-in y dejar el equipaje en el hotel, decidimos comenzar a visitar sitios de la ciudad antes de comer, y lo que nos pillaba más cerca era la Alhóndiga, una antigua bodega convertida en centro cultural, de exposiciones y con varias tiendas. La recuperación del edificio ha sido magnífica, y lo más llamativo son las columnas que tiene con varios murales, la biblioteca y unas cuantas tiendas de artesanía local. Con 20 minutos la visita está más que finiquitada.

Aprovechando las fechas navideñas nos paramos en una administración de loterías para comprar lotería del gordo, que siempre nos gusta llevarnos de los sitios que visitamos. Como anécdota, comentar que el primer premio tuvo terminación en 90, y justo habíamos comprado el 70. Casi!, al menos el reintregro tocó.

La siguiente visita que hicimos fue a la estación de tren de la concordia, que tiene una fachada preciosa para hacer fotos, y se ve muy rápido, prácticamente de paso hacia el centro histórico.

Cruzando la ría ya puedes ver la zona del Arenal y el teatro Arriaga, todo con adornado navideño y un gran árbol de navidad de color rojo, y poco a poco te vas adentrando hacia el casco histórico, a la zona conocida como las siete calles, llenas de bares de pintxos y gastronomía típica de la zona.

Habíamos estado mirando previamente los blogs de otros viajeros y seleccionamos unos cuantos de bares, empezando en la plaza nueva, centro neurálgico y lleno de gente y turismo en el casco histórico.

Nuestra primera parada, el bar Gure Toki, que aunque parece que tiene nombre japonés, es más vasco que las chapelas que se estilan por la zona. Por supuesto probamos el chacolí, un vino muy típico de la zona, con unos cuantos de pintxos deliciosos, a muy buen precio. Unos cinco pintxos y cuatro chacolís por 17 euros, entre los dos. hay que tener en cuenta que los precios en Bilbao son un poco más caros de lo que estamos acostumbrados a pagar en Andalucía.

La siguiente parada, el Bar Charly, con más pintxos y más vinos, donde nos atendieron de lujo, como si fuésemos conocidos de toda la vida. La especialidad, las gildas y las anchoas, y un postre de tarta de queso que estaba buenísimo. La casa invitó a los chupitos también. El tato maravilloso y la calidad de los pintxos buenísima.

Tras la comida y el atracón de pintxos nos fuimos hacia la zona del Museo Guggenheim, paseando por la ría desde el mercado de la rivera, que es un mercado gastronómico que también es bastante bonito de ver, pasando por el puente zubizuri, uno de los más bonitos de la ciudad por las vistas que tiene, y aprovechando para comernos un helado con el paseo.

A eso de las seis de la tarde comenzó a llover, el típico chiri-miri de la zona, poca cosa, con buena temperatura. Tras ver el Guggenheim iluminado de noche, y un espectáculo de fuego que tiene fuera, decidimos coger el tranvía para ir a ver uno de los estadios más famosos de España, el del Athletic de Bilbao, San Mamés, que además es de nueva construcción.

San Mamés es una preciosidad, iluminado por fuera con los colores rojo y blanco del Athletic, y en toda la ciudad se respira un ambiente futbolero espectacular, todo el mundo con su equipo, las tiendas y los bares con bufandas y banderas, la verdad que es una pasada para alguien futbolero como yo.

El estadio ofrece un tour y visita al museo, pero hay una forma de verlo gratis y tomándote una cervecita, y es que dentro hay un bar que se llama La campa de los ingleses, con la cristalera que da al estadio. Subimos y la verdad que es impresionante ver el estadio por dentro sentados con una cervecita. Además el bar está adornado con camisetas de los futbolistas, bufandas, trofeos y muchos detalles, merece mucho la pena verlo.

A las nueve de la noche decidimos ir a cenar a la zona de la gran Vía, la calle Diputación, en el centro, otra zona de pintxos muy famosa, que no defraudó para nada.

Hicimos una parada en el Bar el globo, uno de los más famosos, y no defraudó para nada, pintxos diferentes para probar y buen vinito.

Me llamó muchísimo la atención que la gente de Bilbao está acostumbrada a cenar en barra, y que van de bar en bar probando pintxos, con lo cual aunque siempre está todo lleno siempre encuentras un hueco en barra para comer, pues la gente se va moviendo mucho, va entrando y saliendo, con lo cual rápidamente estás en barra pidiendo.

Justo al lado del Globo está la biblioteca Foral de Bizkaia, que es muy moderna, todo lleno de cristaleras que se ven desde la calle.

Después del globo entramos en el restaurante la olla, llenísimo de gente, pero igual de eficiente que los anteriores. Probamos su pintxo estrella, las txapelas gratinadas y otros cuantos pintxos más.

Los precios medios de los pintxos en los bares de esta zona rondan los 3-3,50 euros, que no está nada mal para una cenita rápida y de calidad.

Tras la cenita de pintxos, nos fuimos caminando rumbo al hotel, poniendo punto y final a nuestro primer día en Bilbao.

DÍA 2. VISITA AL GUGGENHEIM, MUSEO MARÍTIMO Y PORTUGALETE

Segundo día de escapada, amaneció fresquito en Bilbao, con la sorpresa (que no sabíamos nada de esto de antemano) de que era el día de Santo Tomás, una fiesta que se celebra en toda la ciudad, y que pone a rebosar el casco histórico con puestos de comida y miles de personas que van a comer un plato típico de ese día, los talos, una especie de arepa venezolana, pero rellena de chorizo de la tierra.

Nos fuimos directamente a la visita del Museo Guggenheim, cuyas entradas habíamos comprado por internet una semana antes al precio de 13 euros por persona. La verdad es que lo que es el edificio es una auténtica pasada, para estar un día entero haciéndose fotos. El exterior, el sitio, la ría, todo es una maravilla y muy fotogénico. Visitamos el famoso Puppy, un jardín vertical con forma de cachorro de perro, y la famosa araña, todo de arte moderno o contemporáneo como se suele decir.

Pero por dentro he de decir que me decepcionó totalmente. No volvería a pagar 13 euros por ver una exposición así, más que nada porque nosotros no sabemos apreciar el arte contemporáneo, ni valorarlo. Para mí algunas obras parecían un montón de chatarra pegada a la pared, cosas sin sentido que no sabría apreciar. Pero para gustos, colores, no seré yo quién ponga en duda la calidad de las exposiciones del museo sin tener ni idea sobre el tema, solo es mi opinión personal.

Como anécdota, me quedo con una frase que me dijo un camarero de un bar del centro: «Ahórrate la entrada del Guggenheim, que si vas a los contenedores de la esquina ves lo mismo» . Saquen conclusiones 😀 😀 😀

Tras la visita al Guggenheim desayunamos en un bar de fuera, que por cierto, vaya clavazo nos pegaron por dos cafés y dos dulcecitos, 15 euros, y nos dirigimos hacia el museo marítimo, que está un poco más adelante a unos quince minutos caminando. En la entrada del Museo marítimo hay una grúa de astilleros muy famosa en la ría, a la que llaman «Carola», marca de la casa, que representa la actividad industrial ligada al sector marítimo que tradicionalmente se ha venido desarrollando en toda la ría de Bilbao y alrededores.

La entrada al museo marítimo cuesta dos euros por persona, con la opción de conseguir un calendario de 2023 con motivos de barcos y fotos antiguas de la ría de Bilbao por un euro más. Nos pareció una entrada muy barata para todo lo que tiene el museo.

Hay maquetas de barcos, barcos antiguos expuestos dentro, exposiciones, una sección dedicada al surf, que fue pionero en la zona en toda España, y diferentes artilugios y objetos marítimos, así como la historia a través de una pantalla virtual, de cómo ha evolucionado la ría y lo muy ligada que está la ciudad y sus habitantes a la tradición marítimo-pesquera. Para nosotros, que trabajamos en el sector marítimo, la visita fue una pasada, salimos muy contentos y nos gustó mucho.

La siguiente parada nos llevó al mirador de Artxanda, al cual se accede con un funicular muy curioso desde abajo, ya que tiene un desnivel bastante considerable, pero tiene las mejores vistas de Bilbao. La ida y la vuelta en el funicular cuesta 4,30 euros por persona. Cuando llegamos arriba hay un mirador desde donde se ve toda la ciudad. Hacía muchísimo viento, como el día anterior, que me recordó al «aterrizaje peculiar» del avión.

Nota: arriba solo hay tres restaurantes que no nos convencieron para nada, así que decidimos bajar y regresar al centro a comer y seguir probando la comida de la zona.

Como comentamos antes, Bilbao se pone hasta la bandera el día de Santo Tomás, tanto que casi es imposible andar por las calles de la cantidad de gente que hay ese día, lo que me recordó a los días grandes del carnaval de Cádiz, demasiado para nosotros. No sabéis cuánto nos alegramos de haber recorrido todo el casco histórico el día anterior totalmente en calma, porque ese día de Santo Tomás es imposible. Grupos y grupos de amigos comiendo talos y bebiendo sidra en las calles, lo que como en todos los sitios acaba en un macrobotellón.

En la zona del Arenal montan los puestos para vender los talos, y comentaros que fue imposible probarlos ahí de la cantidad de gente haciendo cola para comprarlos, así que nos fuimos casco histórico adentro, en busca de otro de los bares que habíamos marcado en nuestra agenda, el Berton, otro clásico con fama de bueno, bonito y barato. Pudimos probar por fin los famosos talos, muy ricos, y probamos gildas, anchoas y zamburiñas, exquisitas. El trato de la chica que nos atendió también buenísimo, recomendándonos en todo momento lo que era imprescindible probar allí.

Tras salir como dos globos hinchados del Berton, nos fuimos a caminar a la Plaza Unamuno, llenísima de gente también como todo Bilbao ese día. Y de ahí nos fuimos a descansar media horita al hotel.

Tras el descansito breve, nos fuimos a coger el metro para visitar Portugalete, un pueblo al norte de la ría con una tradición marinera muy importante, y uno de los pocos puentes colgantes con transbordador que existen en el mundo, con cincuenta metros de altura, digno de ver y perfecto para fotos. El cruce de Portugalete a Getxo cuesta solo cincuenta céntimos de euro, y tarda dos minutos en cruzar la ría, así que vimos el centro de Portugalete y después Getxo, porque también el metro llega hasta allí, pudiendo volver a Bilbao de nuevo desde la otra orilla.

Nos quedamos con la pena de no poder cruzar de un lado a otro andando a cincuenta metros de altura, porque el puente es transitable, pero resulta de que estaba en obras de mantenimiento, así que no pudimos más que conformarnos con atravesar en el transbordador, señal para que volvamos en otra ocasión.

Después de volver de nuevo en metro a Bilbao, nos fuimos al hotel, nos dimos una duchita y nos fuimos caminando a la plaza Nueva, donde habíamos reservado un sitio más caro de lo normal para cenar en plan señores y despedirnos hasta la siguiente visita, el restaurante Víctor Montes, una preciosidad por dentro, con un producto de primera categoría y un personal muy amable y atento, que como no, nos recomendó lo imprescindible que teníamos que probar. Las croquetas de centollo caseras increíbles, el carpaccio de pulpo espectacular, y la pluma ibérica de bellota ya para llorar de buena, además unos postres caseros riquísimos. Unos noventa euros entre los dos, un pequeño homenaje que nos dimos, un caprichito de los que gustan para despedirnos de nuestro viaje.

Nos fuimos a la cama con la sensación de que necesitábamos al menos una semana más para seguir conociendo el país Vasco. Nos ha encantado y nos encantaría volver a conocer otras ciudades. Nos hemos llevado una impresión muy buena de la amabilidad de la gente de Bilbao y de la ciudad en general, muy moderna y muy cómoda de visitar, ni grande ni pequeña. Sin duda volveremos!

DÍA 3. VUELTA A SEVILLA.

Sin sobresaltos, con un vuelo a las 7:40 de la mañana, con lo cual tocó madrugar mucho, ir en taxi hasta el aeropuerto (15 euros) y volver a Sevilla a recoger nuestro coche para volver a Jerez.

Otra escapadita más…Cómo lo echábamos de menos!

Hasta la próxima!

LO QUE MÁS NOS GUSTÓ

Todo en general

La gente muy amable

La comida

La cultura de pintxos

Lo moderna que es la ciudad

Lo cuidado que están los edificios

LO QUE MENOS NOS GUSTÓ

La cantidad de gente haciendo macrobotellón el día de Santo Tomás y las aglomeraciones que había ese día.

La visita al interior del Guggenheim, no entendemos esa clase de arte

PRESUPUESTO (2 PAX)

Vuelos ………….. 60 euros

Hotel Ibis………. 95 euros

Comidas y cenas …. aprox. 170 euros

Entrada Guggenheim….. 13 euros/PAX

Entrda Museo Marítimo ….. 3 euros/PAX

Metro/Tranvía …… en total unos 15 euros

Autobús aeropuerto…. 3 euros/pax

Funicular ……………….. 4,30 euros/PAX

Taxi aeropuerto………. 15 euros

Loterías de navidad y souvenirs…. 30 euros

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.