Buenas ricoviajer@s!
Dentro de nuestro viaje a Venecia, aprovechamos una mañana para visitar las islitas que se encuentran en la laguna, pues recordemos que Venecia es una laguna gigante con varias islas.
Digamos que hay líneas de metro -vaporetto- ( Líneas 3, 4.1, 4.2, 12, 13, N) que llevan a estas islitas en una media hora aproximadamente, y que merece muchísimo la pena visitar.
Por una parte, Murano, la isla del vídrio por excelencia, con figuritas y todo tipo de objetos construidos por artesanos que soplan el cristal al rojo vivo hasta convertirlo en todo tipo de cosas, y cuyos talleres se pueden visitar para verlo en directo, y por otra parte, Burano, con sus preciosas calles llenas de casitas de colores y los encajes artesanales que hacen sus gentes, y que venden a los visitantes por un pastizal, aunque hay imitaciones chinas a precio de saldo que puedes comprar como souvenir.
El trayecto en el vaporetto es muy agradable, pues va pasando por diferentes zonas de Venecia, dependiendo desde donde lo tomes. El día que fuimos hacía mucha niebla, típico de la región, pero tuvimos suerte de que fue levantando durante el viajecito.
Como curiosidad, pasamos por una islita que es el cementerio de la región, que visitan los locales a menudo, y que tiene una parada de vaporetto allí mismo.
Cuando llegamos a Murano, lo primero que nos llamó la atención fue que había «Acqua Alta», o lo que es lo mismo, marea grandota que inundaba las calles, y muchos locales con botas de agua o una especie de patucos de plástico en los pies para cruzar por las calles, pues estaban inundadas.
Hay tiendecitas y talleres de vídrio por todas partes, y un museo del vídrio, el cual no visitamos por falta de tiempo.
Le dimos la vuelta entera a la isla, llegando hasta el faro, que es muy chulo, y después nos paramos a comprar unos souvenirs de cristal para nuestra colección de viajes que tenemos en casa.











Nos interesamos por las casitas de colores, y nos contaron que al haber tantísimos días de niebla en la laguna, antiguamente los pescadores se guiaban por los colores para volver a casa, o para conocer la casa de cada uno, muy curioso.
La isla de Murano es muy pequeña, y bastan dos horas para recorrerla rápidamente parando a hacerte mil fotos.
Volvimos a coger el vaporetto y nos fuimos para Burano, más pequeñita aún y con más casitas de colores, más encantadora aún que Murano.
Nada más llegar había una tienda con una señora mayor haciendo encajes, una maravilla poder hablar con ella y preguntarle por el arte y la destreza con que estaba haciendo tal obra de arte, que vale una pasta, bien justificada en este caso, pues vaya trabajera!
Hay una casita muy famosa en el pueblito, la casa di Bepi, que es diferente al resto, con dibujos de formas geométricas en su fachada, y cuyo propietario era muy famoso por proyectar cine en sábanas, y animara los niños de Burano a dedicarse al cine.










Tras recorrer la isla, muy pequeña como decíamos, compramos unos abanicos de encaje como recuerdo, y una muñeca para mi sobrina pequeña, y nos volvimos a Venecia tranquilamente, para pasar la tarde en la ciudad, pues en esta ocasión íbamos con el tiempo muy justito.
Existe la posibilidad de visitar una tercera isla, Torcello, aún más pequeñita, que solo tiene una iglesia para visitar, así que decidimos dejarla para una próxima vez.
Así que, hasta la próxima!
Lo que más nos gustó:
- La gente local de las islas, muy amables, muy simpático todo el mundo, encantados de ayudarte.
- Las figuras de vídrio de Murano, el trabajo con el vídrio en general, una maravilla.
- Las casitas de colores de Burano. Es uno de los sitios del mundo más coloridos.
- La arquitectura, los puentes, los canales de las pequeñas islitas.
Lo que menos nos gustó:
- Como todo en Venecia, los precios, cualquier souvenir cuesta dinero, aunque en el caso de las islas está justificado, pues es trabajo hecho a mano, totalmente artesanal, y eso hay que pagarlo.
PRESUPUESTO:
Vaporetto ………………………………… 30 euros (Tarjeta de dos días)
Souvenirs ………………………………… 59 euros
Total ………………………………………….89 euros