CINCO DÍAS EN FLORENCIA

Buenas ricoviajer@s!

Tras los cinco días en Roma, llegamos a la capital de la Toscana, la cuna del Renacimiento, Florencia, a bordo del Flixbus, el autobús «lowcost» italiano, que tarda unas tres horas en unir las dos capitales.

El trayecto desde Roma a Florencia es muy agradable, pues es todo autopista, y los paisajes de la Toscana, entrado el otoño, son preciosos, muchísima montaña y mucho verde, como nos gusta a nosotros, y muchos pueblecitos durante todo el trayecto.

Como nos pasó en Roma, al ser flixbus una compañía de autobuses «lowcost», la estación suele estar a las afueras de la ciudad, y para llegar al centro hay que tomar un tranvía que tarda unos quince minutos en hacer el trayecto.

Cuando llegamos a la parada central nos sorprendió la cantidad de gente y de turismo que hay en Florencia, con ríos de gente andando y tomando fotos, con el atractivo de que en noviembre ya está el alumbrado navideño. Florencia es una auténtica joya en navidad, uno de lo sitios más bonitos que hemos visitado, con un centro precioso, limpio y adaptado para todo el turismo que tiene.

ALOJAMIENTO

Para los cinco días reservamos un hostal en el centro, el Soggiorno La Cupola B&B, con una terraza con vistas espectaculares a la catedral y al Domo, con una localización perfecta para visitar todo andando, cerca de todos los monumentos y sitios de interés.

El personal del hostal es muy atento y en cada planta tienes una zona común, donde te dejan todos los días diferentes galletas y bizcochitos, para que desayunes o meriendes.

Las habitaciones son preciosas, es como una casa antigua reformada, con camas muy cómodas y habitaciones muy amplias. El cuarto de baño perfecto. De los mejores hostales donde nos hemos hospedado en nuestros viajes.

Cuando llegas al hotel te cobran el impuesto turístico, en nuestro caso 24 euros para cinco días.

TRANSPORTE

Florencia es una capital que se puede recorrer perfectamente a pie, ya que no es tan grande como Roma, y las distancias no son excesivamente largas.

Desde el centro es fácil llegar a todos los monumentos y sitios de interés caminando, pero además puedes moverte en tranvía por 1,50 euros el billete, y está todo bastante bien comunicado y señalizado.

DÍA 1: LLEGADA Y VUELTECITA POR EL CENTRO

Llegamos en torno a las 6 de la tarde al hostal, y tras echar un vistazo rápido a la terraza con las vistas a la catedral, salimos para una primera toma de contacto.

Aún con lluvia y el cielo muy nublado y gris, el centro de Florencia es espectacular, precioso, y muy muy cuidado. En el momento en que llegas a la plaza del Duomo, lo primero que te llama la atención es la torre campanario de la catedral y el Batisterio en mitad de la plaza, además de la cúpula de la Catedral de Santa María del Fiore.

La cantidad de tiendecitas que hay por las callejuelas ya te da una idea de la cantidad de turismo que mueve esta ciudad, y a cada cual más bonita, y más aún con el alumbrado de navidad.

Tras caminar como diez minutos parándonos en muchísimas de estas tiendecitas, llegamos a la plaza del famoso «porcellino«, un jabalí al cual según dicta la tradición, hay que tocarle el hocico y poner una moneda dentro de la boca, de forma que si la moneda cae en la rejilla de la fuente el futuro te traerá de vuelta a la ciudad. En mi caso, tras tirar tres o cuatro monedas estoy seguro de que volveré bastantes veces, pero en el caso de Lucía tal afirmación vamos a dejarla en duda 🙂

En la plaza del «Porcellino» hay un mercadillo lleno de puestos con souvenirs y todo tipo de artículos de regalo.

Seguimos caminando y llegamos a la plaza de la Signora, donde se encuentra la fuente de Neptuno, la estatua ecuestre de Cosimo de Medici, y el palacio Vecchio con uno de los «David» de Miguel Ángel que hay en la ciudad, porque en Florencia, uno de las actividades que puedes hacer es buscar a los «tres David», tanto el que está en la Academia de las artes, el más famoso, como los otros dos, cuya localización voy a guardarme para no chafaros la ilusión de buscarlos!

En la plaza de la Signora también hay varias estatuas de mármol en la Loggia, donde destaca Perseo con la cabeza de medusa. Todo este conjunto se puede ver gratuitamente, y además es un sitio donde se ponen a tocar músicos y artistas callejeros, muy recomendable para hacer una paradita y descansar unos minutitos mientras los oyes.

Tras visitar la plaza continuamos hacia uno de los símbolos de la ciudad, el fotografiado «Ponte Vecchio», que es un puente muy peculiar, con casas construidas encima, que actualmente son joyerías de las marcas más reconocidas a nivel mundial.

Cruzando por el puente lleno de turistas, llegamos al otro lado del río Arno, y decidimos dejar esa parte para el siguiente día, pues teníamos que cenar, y ya se sabe que en Italia, al menos en Florencia, la cena es antes que en España, y no queríamos sorpresas de última hora y no poder cenar, así que regresamos por el puente y buscamos una trattoría cerca del hostal, que se llama «Il contadino», comida casera, buena, bonita y barata, con buena pasta y buen vino, que te sirven en unas jarritas pequeñas, muy curioso. Como anécdota, contar que uno de los camareros era de Ecuador y conocía Andalucía, así que charlamos con él y nos recomendó a la hora de cenar.

El resto, vuelta al hotel súper cansados, duchita y la cama a descansar.

DÍA 2: VISITA AL DOMO, CATEDRAL, BATISTERIO Y CAMPANARIO

Nos levantamos pronto después de dormir perfectamente, ni un solo ruido, ni una sola molestia. Desayunamos y bajamos directos al domo, que como era de esperar, estaba empezando a llenarse de turistas haciendo cola para empezar a visitar todos los monumentos.

Florencia tiene una pulsera turística que te da acceso al Batisterio, a la catedral, al campanario y al museo, que cuesta 17 euros por persona, un precio bastante asequible comparado con los precios de Roma, donde sólo un monumento tenía ese precio.

Nuestra primera parada fue el Batisterio, un edificio con unas puertas enormes cuya madera está tallada con diversas escenas bíblicas. A mí me recordó mucho a los retablos que llevan los pasos de semana santa de Jerez, con tanto baño de oro presente. La más famosa es la Puerta del Paraíso, pero cada lado del edificio tiene una puerta con escenas y personajes diferentes. El interior es más bien sobrio, con poca luz y frescos en el techo.

Baptisterio de Florencia

La siguiente visita la hicimos al campanario. Las vistas desde arriba son increíbles, de toda la ciudad y las afueras. Merece muchísimo la pena subir los 414 escalones que te llevan arriba del todo, a 82 metros de altura, y quedarte un rato a ver las campanas de bronce enormes, y el paisaje toscano desde las alturas.

Tras bajar de nuevo todos los escalones del campanario, teníamos reservado horario de visita a la catedral a la una de la tarde, así que aprovechamos para visitar el Museo del domo, que tiene una réplica en su interior de la fachada de la catedral, de Arnolfo di Cambio, y cientos y cientos de estatuas de mármol, entre ellas la famosísima «Piedad florentina» de Miguel Ángel, la «María Magdalena penitente de Donatello o el «Profeta Habacuc». En el patio hay algunas de las puertas originales del Baptisterio también, perfectamente conservadas.

Tras la visita al museo, y teniendo en cuenta la reserva para la una de la tarde a la catedral, decidimos mientras llegaba esa hora hacer una nueva visita al Ponte Vecchio, para verlo de día.

De la visita a la catedral me quedaría con la belleza de la gran cúpula de Brunelleschi, cuyos frescos son impresionantes y una vez más, la subida hasta arriba, 463 escalones y 92 metros de altura, diez más que el campanario, las vistas y la perspectiva de toda la ciudad y los campos toscanos.

Con la segunda subida del día – y la segunda bajada- las ganas de comer nos pasaron factura, así que decidimos que era la hora de probar el famoso Focacchio florentino, una especie de bocadillo/sandwich/pizza que está riquísimo, con muchísimos ingredientes que puedes combinar.

Nos sentamos en un bar del centro muy típico, el «Vinaino», con precios muy buenos, a 7 euros el focacchio, que al ser enorme, con uno cortado por la mitad sobra para dos persona que no comemos demasiado, como nuestro caso. Focacchio + cervezas= 15 euros, buenísima fórmula para continuar con nuestra visita por la tarde.

La primera visita de la tarde nos llevaría hasta la iglesia de la Santa Croce, que se parece muchísimo a Santa maría Novella, pues de nuevo el autor de la fachada, Arnolfo di cambio, deja su sello característico al lugar. La entrada cuesta 8 euros por persona y sería una visita más si no tuviese en su interior las tumbas de personajes de la altura de Galileo Galilei, Maquiavelo o Miguel Ángel, entre otras celebridades…

A la salida de la iglesia, y en la misma plaza, montan un mercadillo navideño que visitamos, bastante caro por cierto.

En nuestra vuelta para el centro de la ciudad encontramos una tienda dedicada al famoso personaje de cuentos «Pinocho», cuyo autor es florentino también, y que se ha convertido en uno de los souvenirs que venden por toda la ciudad, de madera, de todos los tamaños y colores.

La tienda es una preciosidad, toda llena de juguetes de madera. Hasta una moto a escala que le regalaron a Valentino Rossi, está expuesta en su interior. Es simplemente genial, puedes quedarte horas dentro contemplando los juguetes de madera y el antiguo taller del primer propietario, cuyos descendientes siguen actualmente con la tienda.

Al final de la tarde, y de vuelta al hostal, aprovechamos de la cercanía de una lavandería para lavar nuestra ropa, pues tras cinco días en Roma y dos en Florencia nos quedaba lo mínimo limpio. Con un par de cervecitas para pasar el rato, pusimos nuestra ropa en las lavadoras y en cuarenta minutos estaba lista. Por 8 euros la ropa de los dos limpita y seca, lista para aguantar el resto del viaje.

Para cenar nos fuimos al Mercado central de Florencia, que nos recordó mucho al mercado de San Miguel de Madrid. El mercado de Florencia es un mercado tradicional de toda la vida, con sus puestos de verdura, fruta y pescado, pero que además está lleno de bares. Es un mercado gastronómico, con comida local, pizzas, focacchios y diferentes tipos de menú, y con comidas del mundo como el sushi. En definitiva, una amplia oferta gastronómica en el centro de la ciudad.

Pedimos unas pizzas en uno de los locales, que se llamaba pizzeria sud, que no estaban nada mal, hechas al horno de piedra artesanal, muy muy ricas. El precio tampoco estuvo nada mal, 19,50 euros entre los dos, incluyendo cuatro cervezas, que son mucho más caras en Italia que en España, y suben muchísimo las cuentas en los bares.

Y tras la cenita que nos pegamos dimos por finalizado nuestro segundo día en Florencia, bastante largo y bien aprovechado por cierto.

DÍA 3: VISITA AL MUSEO UFFICI, JARDÍN BÓBOLI Y PIAZZA MIGUEL ÁNGEL

Si has continuado leyéndonos hasta este punto, descubrirás la ubicación del tercer «David» de Miguel Ángel en la ciudad, pero empecemos por la primera visita del día, la famosísima Galería Uffizi, que como su propio nombre indica, fueron construidas como oficinas cuando el Palacio Vecchio se quedó pequeño, y que acabaron como almacén de todas las obras de arte que recopiló Cosme de Médici, el gran mecenas del Renacimiento, una de las colecciones de arte más grande del mundo.

La Galería tiene varios pisos y corredores enormes, con cientos de estatuas y cuadros, ordenadas cronológicamente, y obras muy importantes y conocidas, de grandísimos autores como Miguel Ángel, Rafael, Boticelli y Leonardo da Vinci.

Hablamos de grandes obras de la talla de «El nacimiento de Venus» y «La primavera» de Boticelli, «La Anunciación» de Leonardo, «La Sagrada Familia» de Miguel Ángel o la «Madonna del jilguero» de Rafael, cuadros que siempre había visto en documentales y que me hacía muchísima ilusión poder ver en persona, en vivo y en directo, además de estatuas famosas como el «Laocoonte» de Bandinelli.

En la Galería puedes pasar el día entero admirando obras de arte, de hecho, merece todo ese tiempo. Nosotros estuvimos unas cinco horas, hasta el medio día prácticamente, y eso viéndolo todo de pasada, deteniéndonos en las obras más importantes, pero absolutamente todo es digno de pararse un rato y contemplar todo. Puede ser uno de los museos más importantes a nivel mundial.

Comentaros que hay que ir bien temprano, porque la cola de turistas que se forma te puede hacer perder más de una hora fácilmente para sacar la entrada, que por cierto, son 12 euros por persona sin audioguía.

Tras la visita a la galería pusimos rumbo al Jardín Bóboli, que está en el Palacio Piti, el cual no visitamos por falta de tiempo. Los jardines son enormes y la entrada cuesta 6 euros por persona. Sinceramente, es una visita que me hubiese ahorrado, porque he visitado jardines mucho más grandes y espectaculares en otras ciudades, y además gratis. No hay mucho que ver en el Jardín Bóboli, un par de fuentes y poco más, un parque más de la ciudad, muy elegante, pero hay que pagar para verlo.

Después de los jardines cruzamos el Ponte Vecchio para pasar al otro lado de la ciudad, camino de la Piazza Miguel Ángel, en honor al genial autor, y tras hacer una paradita para coger fuerzas en un supermercado que tenía una zona para sentarte y comerte lo que has comprado, seguimos andando por la rivera del río Arno, un paseo realmente agradable, viendo patos, peces y pajarillos que pululan por el lugar.

Hay un momento en que tienes que empezar a callejear para llegar a la plaza Miguel Ángel, y en estas callecitas hay algunos talleres de artesanos que son una auténtica maravilla. Encontramos casi por casualidad un taller de relojería y joyería antiquísimo, que se puede visitar gratis y ver las maravillas que tiene en su interior. Por desgracia, no recuerdo el nombre porque no lo apunté, pero está cerca de la plaza Miguel Ángel, antes de comenzar a subir hacia el mirador.

Y si!!, llegó el momento!, si has llegado hasta aquí, el tercer «David» de la ciudad, este de bronce, se encuentra arriba en el mirador de la plaza, desde donde las vistas del río, de todos los puentes y del centro de la ciudad son sencillamente fabulosas. Ve pidiendo paso y la vez para hacerte fotos, porque cuesta la misma vida entre tantísimo turista, pero merece y mucho la pena.

Para volver al centro y ganar algo de tiempo decidimos coger un autobús de vuelta, y nos bajamos cerca de un bar que nos recomendaron, típico de la ciudad, frecuentado por universitarios, en la plaza del santo Espíritu, con comida local buena y barata, de nuevo focacchios y bocatas. El sitio se llama «Gustapanino», muy pequeñito, y ofrece una carta amplia si lo que quieres es reponer fuerzas, lo que vendría siendo «tapear» en España. Un par de focacchios con dos cervezas nos costó 10 euros, un precio bastante asequible, y además estaban riquísimos.

Volvimos caminando al centro por la calle Maggio, que está llena de talleres de artesanos, de joyería, relojerías, arte, etc. Un paseo muy agradable en el que fuimos metiéndonos en el centro con el alumbrado navideño, por la calle de las tiendas de lujo, las joyerías, las tiendas de ropa, hasta terminar de nuevo en la plaza del porcellino, donde aprovechamos para comprar algunos souvenirs para regalar a amigos y familiares.

Por último, visitamos la farmacia más antigua de Florencia, que descubrimos caminando por casualidad, en la Via della Scala, junto a la plaza de Santa María Novella. Es preciosa, y venden distintos tipos de té dentro. Tiene varias salas con objetos e instrumentos muy antiguos que se utilizaban para trabajar con los diferentes productos químicos.

Tras cenarnos dos porciones de pizza en uno de los barecitos del centro (4 euros la porción) nos fuimos a descansar y a planificar nuestra visita a la vecina ciudad de Pisa al día siguiente.

DÍA 4: VISITA A PISA POR LA MAÑANA Y ACADEMIA DE LAS BELLAS ARTES POR LA TARDE

Haré un post aparte para contar la visita a Pisa, que está a una hora de Florencia en tren.

Cuando volvimos de la visita de Pisa nos fuimos directamente a la Academia de las bellas artes, porque la verdad es que estábamos deseando de ver el verdadero «David» de Miguel Ángel después de haber visto las otras dos réplicas por la ciudad.

Como podréis imaginar, la Academia de las bellas artes es uno de los sitios más visitados de Italia, lo que quiere decir que las colas para comprar una entrada son frecuentes, y para nosotros no iba a ser menos. La verdad es que para la cantidad de gente que había la cola se disolvió bastante rápido y pudimos entrar en media hora. La entrada cuesta 12 euros por persona.

La principal atracción de la Academia es , como comentaba, el «David» de Miguel Ángel, una estatua gigante que posa allí en mitad de un salón enorme al final de una galería enorme llenas de estatuas de mármol acabadas y a medio acabar del genial pintor y escultor renacentista. Podrías pasarte horas mirando la perfección de la talla en mármol, las manos, los detalles de las venas esculpidas, las piernas, es increíble verlo en directo y uno no puede de dejar de preguntarse que cómo es posible que alguien esculpiese de esa forma tan perfecta, ¿Cómo de un bloque de mármol es posible sacar esa estatua?. Sin palabras, una obra maestra sin duda, de lo que más nos impresionó de todos los museos que visitamos en nuestro viaje por Italia.

Además del «David», la Academia cuenta con otras obras de renombre internacional, como «La Madonna del Mare», de Botticelli. Es muy curiosa la colección de instrumentos musicales antiguos que hay en una de las salas.

Después de visitar la Academia (unas tres horas), decidimos volver a cenar al Mercato central, donde esta vez me pedí un buen chuletón a la parrilla y Lucía otro menú diferente que ahora no recuerdo. Cenamos a lo grande, con vinito incluido. Pagamos 35,40 euros entre los dos, por ser la última noche en Florencia.

Con esta cena dimos por finalizada nuestra estancia en una ciudad que nos ha gustado muchísimo, que nos ha maravillado, incluso más que Roma. Florencia es una ciudad más pequeña, más acogedora, con gentes muy amables, con un centro precioso y mucha historia, pero sobre todo, muy bien preparada para hacer que te sientas como en casa.

Sin duda, volveremos en cuanto pase toda la pandemia que desgraciadamente nos ha prohibido el poder seguir viajando libremente.

DÍA 5: ADIOS A FLORENCIA. RUMBO A VENECIA

Aprovechamos la mañana para recoger nuestras cosas, comprar los últimos souvenirs y poner rumbo a la estación de bus de Florencia, donde de nuevo la compañía low cost Flixbus fue nuestra elección para viajar a la capital de los canales.

Florencia, como ya hemos repetido, es una de las ciudades que más nos ha gustado visitar, a la que volveremos de nuevo en otra escapada cuando la situación de la pandemia mejore.

Un saludo para todos y hasta la próxima!

LO QUE MÁS NOS GUSTÓ

  • Ciudad muy preparada y adaptada para el turismo
  • Buenos precios de monumentos y museos
  • Buena oferta gastronómica y diversidad de sitios
  • Todo se puede recorrer a pie.
  • Los helados artesanos

LO QUE MENOS NOS GUSTÓ

  • Por poner algo, el tiempo lluvioso que nos tocó. Pero no tenemos nada malo que destacar en especial de esta ciudad. Nos gustó absolutamente todo.

PRESUPUESTO (2 PERSONAS)

Alojamiento Soggiorno La Cupola B&B…………………… 161 euros

Impuesto turístico ………………………………………………………. 24 euros

Comidas/meriendas/cenas …………………………………………. 126,20 euros

Transporte bus/Tranvía ……………………………………………… 11 euros

Lavandería ………………………………………………………………….. 8 euros

Mini bar hostal ……………………………………………………………. 6 euros

Souvenirs …………………………………………………………………….. 61 euros

Monumentos y museos

  • Museo del Duomo ………………………………………………….. 36 euros
  • Iglesia de la Santa Cruz ………………………………………….. 16 euros
  • Galería Uffici …………………………………………………………… 24 euros
  • Jardín Bóboli …………………………………………………………… 12 euros
  • Academia de las bellas artes ………………………………….. 24 euros

TOTAL ……………………………………………………………………………. 509,2 euros

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.