ROMA EN CINCO DÍAS

 

Buenas ricoviajer@s!

Tras un nuevo fin de temporada ibicenco –y ya van cinco veranos- es turno de nuestras esperadas vacaciones anuales del mes de noviembre. La temporada este año ha sido dura, hemos cambiado de yate, y aires nuevos han entrado en nuestras vidas, pero de este tema os hablaré en otro post.

Por fin nos decidimos a conocer la bella Italia, un país a dónde siempre hemos querido ir, pero que por una cosa u otra al final nunca habíamos visitado. Comenzamos este tour con Roma, la ciudad eterna y capital del país.

Cinco días pateando la ciudad, descubriendo rincones, turísticos y no tan turísticos, y degustando la gastronomía romana, ¡Vaya empacho de pizzas y pasta! 😀

VUELOS

Esta vez elegimos Ryanair para volar, desde el aeropuerto de Sevilla, al que llegamos en nuestro propio coche, utilizando la oferta de los parking de Aena para los días que hemos estado fuera, lo que te da más comodidad y rapidez, ya que Sevilla está a solo una hora de Jerez y se llega muy rápido en coche, ya que de la otra forma habría que coger tren y autobús al aeropuerto, siendo el precio al final muy similar a lo que gastas en coche particular, además del tiempo ahorrado que supone.

El aeropuerto de Ciampino, al que llegamos, se encuentra a una media hora de Roma en tren. Hay que coger un bus de la terminal a la estación de tren de Ciampino, que tarda diez minutos. De otra forma, para ir caminando, se tarda más de media hora, porque hay que rodear todo el aeropuerto por su perímetro, y es bastante largo.

El precio del bus + tren a Roma son 5,40 euros en total, y los puedes comprar en unas máquinas expendedoras que te encuentras en la salida del aeropuerto.

Veinte minutos y te deja en Termini, la estación central de Roma.

ALOJAMIENTO

Después de sondear varios alojamientos en varios sitios web, reservamos por booking un hostalito cerca de la estación central de trenes de Roma, Termini, con el metro a cien metros y conexión con el centro de la ciudad en quince minutos.

El “Roman Enchantment” se convertiría en nuestra base de operaciones durante los cinco días siguientes. El hostal está en una zona muy tranquila, y tiene cerca varios restaurantes, de tipo comida rápida y también para comer medianamente bien.

Su propietario, Vicenzo, es un señor que te da una cálida bienvenida, siempre atento para que te sientas como en casa, y rápidamente te da un mapa y te señala los sitios que merece la pena visitar y cuando, explicándote las peculiaridades de cada uno. Además, te aconseja dónde comer y cenar por allí en los alrededores, sin duda, una gran ayuda, sobre todo cuando llegábamos cansados de andar km y km por la ciudad al final del día.

La habitación doble, genial, sin grandes lujos, pero limpia y confortable. La cama cómoda, con buenas almohadas, cosa que un servidor agradece siempre, porque soy muy “especialito” para dormir, y siempre me gusta que sobre todo las almohadas no sean blandas de esas malas que venden en el Ikea.

alojamiento roma

Como anécdota, nos encantó el ascensor que tiene el edificio donde se encuentra el hostal, un ascensor antiguo de los que se ve en las películas, con su cancela de rejas que hay que abrir para entrar al ascensor, y un mecanismo súper antiguo que se ve in situ el funcionamiento.

 

TRANSPORTE

Para movernos por la ciudad lo hicimos casi todo a pie, pues el centro está a unos veinte minutos caminando del centro de Roma, un paseo por el que además tienes que pasar por delante del Coliseo, lo que nos permitió verlo de día y de noche todos los días.

El precio del billete unitario del metro es de 1,50 euros, y tiene una duración de 75 minutos, en los que puedes subir y bajar todas las veces que quieras.

Hay diferentes bonos de viaje, pero en nuestro caso, sólo cogimos el metro para volver al hostal al final del día, por cansancio, con lo cual nos fue más económico gastar tres euros al día que comprar un bono.

DÍA 1: LLEGADA A ROMA

Aterrizamos en el aeropuerto de Ciampino a las once de la mañana, con una temperatura de unos doce grados, nada mal para ser noviembre. Tras salir del aeropuerto y comprar los billetes para el autobús y tren con destino al centro de Roma en las máquinas que comenté antes, nos dirigimos a las paradas de autobús, y cogimos el primero que pasó, que nos dejó en la estación de Ciampino, que es un pueblo pequeño, con bastante vida por lo que pudimos observar durante el “paseíto” en autobús, con pinta de ser un pueblito “dormitorio” de Roma.

Los vagones de los trenes de cercanías italianos tienen dos plantas, y normalmente van abarrotados de estudiantes y trabajadores que van y vienen de Roma. Son bastante cómodos, con asientos de color azul.

Cuando llegamos a Roma eran casi la una de la tarde, así que nos dirigimos desde la estación central de Termini al hostal, que estaba a unos quince minutos, con la mala suerte de que empezó a llover, y sin paraguas, andar con lluvia el primer día de un viaje es jugártela a pillar un resfriado y que te joda todo el plan, así que aguardamos un poco hasta que escampó.

Al llegar al hostal hablamos con Vicenzo, su propietario, tal como os comentaba más arriba, y nos fuimos directamente a comer a un bar pequeñito que hay justo abajo, el “Primos”, digamos de “tapeo” y comida rápida. En mi caso decidí probar unos gnocchis a la boloñesa que estaban muy buenos, y además probé una cerveza italiana. Los dos menús, el de Lucía y el mío, 22 euros, nada mal para la fama de caro que tiene Roma. No empezamos mal.

Tras el almuerzo nos dirigimos caminando para el centro a eso de las tres de la tarde, con nuestra primera parada en el espectacular Coliseum, que nos pillaba de paso desde el hostal.

 

A esa hora en temporada de invierno es muy difícil visitar, así que preguntamos en las taquillas y nos comentaron –Vaya suerte la nuestra- que al día siguiente las visitas eran gratuitas, que procurásemos llegar temprano para no esperar colas y listo, una cosa menos!

Tras tomar las fotografías de rigor desde todos los ángulos, seguimos caminando hacia el centro, pasando por el Foro romano y el mercado de Trajano, que se ven en la misma calle, y llegamos al Altar de la Patria, el monumento a Víctor Manuel II.

El Altar de la patria es un monumento de mármol blanco con figuras espectaculares, y dos guardias que custodian todo el tiempo el fuego como homenaje a los caídos. Fuimos subiendo por el monumento, desde donde cada vez más se podía observar la Piazza Venezia y el Coliseum al fondo.

El museo que hay en el interior, museo nacional, es de acceso gratuito, así que lo visitamos. En el museo hay varias exposiciones que muestran momentos de la historia nacional, con varios objetos como cañones, uniformes militares, construcciones, etc.

Si quieres subir a la parte superior del monumento hay que pagar 12 euros y esperar la cola del ascensor. Nosotros no lo consideramos una visita imprescindible, así que decidimos seguir caminando.

Veinte minutos después llegamos a la Piazza Navona, donde se encuentra la famosa fuente de los cuatro ríos, con espectaculares figuras talladas en mármol, impresionante la mires desde donde la mires. Además hay dos fuentes más en la misma plaza, llena de turistas completamente, donde tienes que hacer cola para sacarte una foto en cualquiera de las fuentes. Cuando llegamos a la plaza ya era de noche, así que vimos todo iluminado, que es totalmente diferente a cómo se ve de día.

La siguiente parada, tras callejear un poco, fue el Panteón de Agripa, espectacular monumento, con sus columnas enormes fuera y el interior en penumbra, con el óculo abierto al cielo. Es muy curioso porque como estaba lloviendo solo entraba el agua por el óculo al interior. Te tienes que quitar la gorra, sombrero o gorro de lana para acceder al interior, pues el Panteón es en realidad una iglesia, donde se ofician ceremonias religiosas, y te hacen mantener el debido respeto.

Pudimos visitar la tumba de Víctor Manuel II y la tumba del pintor Rafael, el genio del renacimiento. Como anécdota, comentar que en la puerta del Panteón hay muchísimo vendedor ambulante vendiendo paraguas para la ocasión, y muchísimos relaciones públicas que te avasallan con publicidad para que vayas a cenar a sus locales.

 

Tras la visita, entramos a un bar de al lado para reponer fuerzas con un “snack” rápido y unos refrescos, 13 euros entre los dos, que para estar en toda la parte turística tampoco nos pareció caro.

Del Panteón de Agripa nos dirigimos caminando al monumento que más ilusión nos hacía ver, la famosa Fontana di Trevi. Yo, personalmente, la encontré más espectacular de lo que me esperaba, superó todas mis expectativas, me la esperaba mucho más pequeña, pero allí estaba, enorme, con figuras de mármol gigante, con la iluminación nocturna, que aún resalta aún más el conjunto, y con una cantidad de turistas que no había visto hasta el momento en ningún otro sitio que haya visitado.

En la Fontana di Trevi hay que esperar colas para bajar a nivel de la fuente y tomarte una foto o cumplir con la tradición de tirar una moneda al agua, y ojo, hablamos de noviembre, no quiero ni pensar cómo será en temporada alta!

La verdad es que puedes quedarte mucho tiempo admirando el monumento, es increíble verlo desde todas las esquinas y oír el ruido que hacen los chorros de agua cayendo.

Nos quedamos por la Fontana como una hora y media, y nos hicimos fotos y tiramos las monedas al agua. A partir de las nueve de la noche empieza a bajar la cantidad de turistas, y da gusto verla con poca gente.

Con la visita a la Fontana di Trevi decidimos poner fin al primer día en Roma, y volvimos caminando al hostal, aprovechando para tomarnos fotos con el Coliseum iluminado, que es una maravilla sin turistas a las diez de la noche.

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Para cenar elegimos un restaurante que estaba justo en frente del hotel, con unas pizzas artesanas muy buenas. Su nombre, Sangio’ L’Antico Forno – Ristorante Pizzeria. El precio de la cena para dos personas, 23 euros, incluyendo dos cervezas. Como podéis imaginar, la cerveza es bastante cara en Roma, cualquier bebida alcohólica allí es cara.

 

DÍA 2: VISITA AL COLISEUM, FORO Y PALATINO

EL segundo día de nuestra estancia en Roma comenzó muy temprano. A las ocho de la mañana estábamos saliendo del hostal rumbo a la visita del Coliseum, que como os comenté, era gratuita ese día.

Cuando llegamos había una pequeña cola ya para pasar el control de seguridad – todos los monumentos en Italia funcionan como el control de seguridad de los aeropuertos – que pasamos sin problemas en diez minutos.

El Coliseum es un monumento espectacular. Poder pasear por unas ruinas que tienen más de dos mil años hace que te imagines esa época in situ, te hace pensar en la cantidad de gente que pasaría por ahí, en cómo irían vestidas, de qué hablarían…si esas piedras hablaran…cuántos siglos de historia han pasado por ahí. Es una sensación rara de explicar una vez que estás ahí dentro.

La visita se empieza en la planta inferior, y poco a poco vas rodeándolo y ascendiendo niveles, hasta llegar arriba del todo, donde las vistas de todo el conjunto son increíbles. A su vez, se puede ver el exterior, el Arco de Constantino y todo el foro y el palatino al fondo.

 

Una vez que terminas la visita del Coliseum, el ticket incluye también el Foro y el Palatino. La visita al Coliseum la hicimos en una hora y media, y después de sacar mil fotos de nuevo nos dirigimos hacia el Foro, que es un conjunto de ruinas romanas que se recorren en unas dos horitas si vas tranquilo.

El día no nos acompañó, pues nos llovió todo el tiempo, pero esta vez nos aseguramos de coger los paraguas pequeños que yo había traído para la ocasión en la maleta, así que sin problema fuimos visitando las ruinas.

Tengo que decir que yo personalmente acabé bastante cansado de ver piedras y ruinas. Son demasiadas, y si te compras un audioguía te puedes quedar un día entero viéndolas, así que nosotros hicimos la visita a un ritmo más rápido, sobre todo para ver más cosas después de comer, teniendo en cuenta que había que visitar el palatino al final.

El Palatino es la última visita con el tour del Coliseum. Es un conjunto de jardines con un palacio al cual no entramos porque valía como quince euros por persona, además de que ese día curiosamente estaba cerrado (Tickets gratis).

Después de subir arriba del todo, y ver jardines y fuentes, dimos por terminada la visita, justo a la una de la tarde, la hora de comer en la zona de la Fontana di Trevi, para verla también de día.

Tras ver de nuevo la Fontana, no me pareció tan espectacular de día. De noche gana muchísimo con la iluminación, pero teníamos que verla en ambos casos, merece mucho la pena contemplar semejante obra de arte.

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Para comer elegimos uno de los bares de la zona, dos menús, con filete empanado y ensalada, y dos cervezas. El precio, 31,50 euros, un poco más caro, y además la comida nada del otro mundo, mala elección esta vez.

Cuando terminamos de comer, y ya que estábamos justo al lado, visitamos de nuevo el Panteón de Agripa, para verlo de día. Una visita rápida, sólo para compararlo de día. Lo curioso de esto es ver la luz entrando  por el óculo, que como comenté, está abierto al aire libre.

Y después de esto, llegaba para mí un momento muy especial en nuestro viaje. Este momento es un homenaje a todos aquellos que hayan sido alumnos en la infancia del colegio Las Esclavas, ya sea en Jerez o en cualquier otra ciudad del mundo. Días antes de nuestro viaje logré localizar a la que fue mi profesora en el cole desde los diez a los catorce años, una religiosa de las esclavas del sagrado corazón, la Hermana Inés, que gustosamente se prestó a recogernos donde fuese y a enseñarnos la comunidad de las esclavas de Roma, que además es donde se encuentran los restos de la fundadora de la congregación hace ya más de un siglo, Santa Rafaela María.

Nos dirigimos a la Vía XX de Settembre, donde se encuentra la comunidad y su iglesia, Santa María de la Vittoria, curiosamente donde también discurre una novela de Dan Brown muy conocida, “Ángeles y demonios”, para los que os guste la trama del código Da Vinci.

Decir que nuestra anfitriona se portó estupendamente con nosotros, ya que no sólo nos enseñó la casa de Santa Rafaela, donde vivió una gran parte de su vida la santa, sino que también pudimos entrar a visitarla en primera persona y ver algunas reliquias, además de las fotos de la visita del Papa Francisco y el libro de firmas, en el cual dejamos el recuerdo de nuestro paso.

Sin duda, una experiencia inolvidable para alguien que haya sido alumno del cualquier cole de las esclavas, que nunca olvidaré.

La Hermana Inés nos llevó a visitar con su coche la Piazza del Popolo, y acabamos el día con ella en la plaza San Pedro, en el Vaticano, admirando la basílica, que como todos los monumentos en Roma, recomiendo ver de día y de noche, porque cambian totalmente.

Tras despedirnos de ella y haber pasado una gran tarde, cogimos el metro de vuelta al hostal, y decidimos cenar donde habíamos comido el primer día, el “Primos”, donde su dueño, muy amable también ya empezaba a conocernos. Nos zampamos dos pizzas esa noche, y nos fuimos a descansar.

DÍA 3: VISITA A LA ISLA TIBERINA , LA BOCA DE LA VERDAD Y AL TRASTÉVERE

Nuestro tercer día empezó de nuevo temprano, y de nuevo lluvioso. Nuestro objetivo para este día era visitar todo lo que nos diese tiempo, pues queríamos dedicar el cuarto día íntegro a la visita al Vaticano, sin prisas.

La idea fue muy buena, ir caminando en dirección a la zona del río Tíber y el Trastévere, e ir visitando cosas y haciendo paradas en los monumentos alrededor.

La primera parada la hicimos cerca del Altar de la patria, en la plaza de los Museos Capitolinos, que decidimos no visitar para no perder toda la mañana en un museo, pues es enorme.

En la plaza de los museos destaca la Cordonata Capitalina, una serie de columnas con dos estatuas enormes de mármol (qué raro, mármol en Roma 😀 ). Tras hacernos unas fotos seguimos caminando, hasta llegar al Teatro Marcello, que es un tratro romano que se conserva bastante bien en su parte exterior, con un conjunto de ruinas donde destaca el Pórtico d’Ottavia. Esta zona se visita en quince minutos, se ve todo caminando rápidamente.

Decidimos parar en un bar justo al lado del Teatro Marcello, para desayunar algo y recargar pilas, y resulta que nos metieron el mayor clavazo de la historia de este viaje. Ni siquiera al lado de la Fontana di Trevi nos sentimos tan estafados. Cierto es que somos culpables por no haber leído la carta antes de pedir. Dos Croisanes y dos zumos de naranja nos salieron 19,50 euros. El sitio se llama Antico Caffé del Teatro Marcello, lo pongo para que no lo visitéis y seáis timados como fuimos nosotros. Ahí lo dejo, el que avisa no es traidor.

Con el malestar aún en el cuerpo por el timazo sufrido, nos dirigimos a la zona del gheto judío, justo al lado del Teatro Marcello, ya bordeando el río Tíber. Vimos la Sinagoga y callejeamos un poco, pero nada más que reseñar, pensamos que hay zonas más interesantes en Roma. Quince minutos y seguimos caminando.

La siguiente parada, la Isla Tiberina, en medio del río, a la que se accede por el Ponte Fabricio. La isla es muy pequeñita y basta media hora para visitarla. Hicimos visita a la iglesia donde se encuentra enterrado el apóstol San Bartolomé, lugar de peregrinación al estilo de nuestro Santiago.

Decidimos volver hacia atrás, hacia el centro, y visitar lo que teníamos apuntado cómo imprescindible, porque a las once de la mañana que eran nos parecía demasiado pronto para meternos al Trastévere.

Antes de ir adentrándonos de nuevo al centro, hicimos parada en la iglesia donde está la famosa “Boca de la veritá”, para hacernos la famosa foto con la mano dentro de la boca, y donde hay que hacer cola para ello, debido al número de turistas que se concentra allí. Repito, no me imagino en temporada alta como será…

Como anécdota, decir que la iglesia donde está la Boca de la verita es una de las más antiguas de Roma, con catacumbas incluidas que se pueden visitar.

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Callejeando nos encontramos varios edificios que no teníamos apuntados para visitar, y es que, lo bueno que tiene perderte por las calles del centro de Roma, es que encuentras muchísimos monumentos y muchísimas ruinas que no están marcados en los circuitos turísticos.

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Llegamos al Campo de Fiori, y nos perdimos por su mercado al aire libre que montan en la plaza, y que Vicenzo, el dueño del hostal, nos recomendó visitar. Hicimos fotos a verduras y frutas con cientos de colores, que nos hicieron pasar un ratito muy bueno.

Y caminando de nuevo llegamos a un conjunto de ruinas que se llama “Largo di torre argentina”, en mitad de la calle. Es una excavación enorme rodeada de cristales, a los que te puedes asomar y contemplar todo. Una pequeña ciudad de la civilización romana descubierta en mitad de las modernas calles del centro.

San Ignacio de Loyola fue nuestra siguiente parada, y es que esta iglesia se escapa un poco del circuito turístico, pero tiene uno de los mejores frescos visitables en la ciudad, y gratis. Muchísimo mejores que la capilla Sixtina por ejemplo, en mi opinión. Tremendos frescos que parecen estar en 3D, coronan el techo de la Iglesia, y te dejan con la boca –literalmente hablando- abierta.

Las siguiente visita la hicimos a San Andrea della Valle, iglesia que recomiendan visitar también, lugar donde está enterrado el aposto San Andrés, el de la cruz en X como lo conozco yo. Aquí sí que nos cobraron tres euros para entrar, de las pocas iglesias que nos cobraron por visitar, pero mereció la pena, por los frescos que tiene y los altares, las figuras escultóricas, muy buenas.

Ya de paso hicimos visitas fugaces a otras iglesias de alrededor que también nos recomendaron, como San Luis de los franceses, San’t Ivo alla Sapienza y Santa María sopra Minerva, además de hacernos fotos en la columna de Marco Aurelio y en el templo de Adriano, que conserva las columnas enormes de piedra.

 

Antes de marchar para el Trastévere, vimos la Piazza Novona de día, con sus impresionantes fuentes, y tras sentarnos un poco a descansar, pusimos rumbo al almuerzo.

Cruzando el Ponte Garibaldi, con la respectiva foto, llegamos al famoso Trastévere, el barrio bohemio de Roma, que siendo sinceros, a nosotros no nos pareció nada del otro mundo. Tiene más fama de lo que realmente es, un barrio lleno de bares súper turísticos, con nada de especial a nuestro parecer.  Cualquier barrio de Barcelona por ejemplo, como Gracia o el Gótico, le da mil vueltas si hablamos de lo “bohemio”, pero para gustos colores, claro está.

Para el almuerzo, mi antigua profesora nos había recomendado el día anterior un sitio que se llama “Carlo Menta”, de pizzas artesanas y comida local. Cuando llegamos, a eso de las dos y media de la tarde, estaba a rebosar de gente, pero tiene salones dentro y fuera, y además, las terrazas de fuera están cerradas con carpas y calefacción para los días fríos y lluviosos como fue nuestro caso.

Tenemos que decir que el sitio fue una gran recomendación y todo un acierto, porque las pizzas estaban increíbles, y además tenía gran variedad de comida aparte, que también probamos, saliendo muy llenos. Todo por 25 euros entre los dos, un precio buenísimo, a diferencia del clavazo que nos dieron por la mañana. Sin duda un sitio muy recomendable para comer en el Trastévere, aunque como os digo, está todo lleno de bares.

Después del almuerzo, anduvimos por las calles del barrio, visitando, cómo no, otra iglesia, Santa María del Trastévere. He de reconocer que llegados a este punto, todas las iglesias empezaron a parecerme iguales, con lo cual, y a falta de la basílica del Vaticano, decidimos poner punto y final a las visitas a las iglesias de Roma, al menos a su interior, sobre todo para ganar un poco de tiempo.

Caminando por el Trastévere, fuimos subiendo a la Colina Gianicolo, que tiene un mirador arriba desde donde se puede apreciar toda la ciudad. Aunque subimos a pie, os recomiendo subir en bus, porque además de ahorrarte el cansancio que supone subir (es muy empinado), te ahorras más de media hora de tiempo, que es muy valioso, sobre todo en noviembre que oscurece muy pronto en Italia.

Una vez arriba no hay sitio dónde comprar un metrobús para volver, con lo cual una vez que subes caminando, si no has comprado previamente el billete, no puedes volver en autobús. Pero nosotros tuvimos mucha suerte, porque hablamos con el chófer del bus y le comentamos que no había dónde comprar billetes arriba, que le pagábamos abajo, y accedió, con lo cual nos ahorramos la bajada.

Este fue el día con más cansancio de todos, pero mereció mucho la pena andar tanto y ver tantísimas cosas. Un día aprovechado al 120%.

De vuelta al hostal en metro, decidimos hacer un snack en un bar cercano, y además nos pedimos un gin tonic en mi caso, y un cóctel en el caso de Lucía, con unos frutos secos.  15 euros el precio entre los dos, más barato que el maldito desayuno.

Para la cena, volvimos a elegir el bar de abajo, el “Primos”.

DÍA 4: VISITA AL VATICANO Y AL CASTILLO DE SAN ÁNGELO

El cuarto día decidimos dejarlo íntegro para la visita al Vaticano, que bien merece este tiempo, y mucho más si eres un admirador de las obras de arte que tienen sus museos.

A las ocho de la mañana estábamos saliendo para coger el metro al Vaticano, ya que estaba bastante lejos del hostal. En veinte minutos estábamos andando desde la estación de metro a la Basílica de San Pedro, que está a unos quince minutos.

Lo bueno de llegar a las ocho y media de la mañana es que apenas te encuentras colas para pasar los controles de seguridad. Cuando salimos de la basílica, a eso de las once de la mañana, la cola daba ya una vuelta a la plaza, con lo cual, agradecimos mucho el haber madrugado, merece la pena.

La visita a la Basílica de San Pedro es gratuita, pero si quieres subir a la cúpula hay que pagar diez euros por persona. Nosotros lo pagamos porque pensamos que merecía la pena, y sin duda, acertamos.

Nada más entrar a la Basílica estaban todavía limpiando el personal de limpieza, y había altares que estaban cerrados. Nada más entrar a la derecha te encuentras “La Piedad” de Miguel Ángel, con lo cual ya podréis adivinar la envergadura o el nivelazo de las esculturas que se encuentran allí.

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Conforme iban abriendo altares íbamos viendo todo, desde la Tumba del Papa Juan Pablo II, la de Juan XXIII, que están arriba, hasta las tumbas de los Papas abajo en las catacumbas, con tumbas de mármol esculpidas, impresionantes.

La tumba de San Pedro, está allí en mitad de todo, y bajando a las tumbas papales se puede ver desde abajo también.

Lo demás, muchísimas esculturas de mármol en cada altar, y muchísimos Santos por todos sitios.

 

Cómo bien dije el día antes, yo estaba ya harto de visitar tanta Iglesia, así que decidimos visitar todo de pasada, sin pararnos mucho en las explicaciones, porque allí te puedes pasar más de tres días si vas en ese plan.

Dentro de la Basílica hay un museo que vale cinco euros por persona, donde se pueden ver objetos donados por los Papas y muchísimos artículos de arte sacro. Aunque solo cuesta cinco euros por persona, yo me lo hubiera saltado sin duda. Se puede pasar sin verlo tranquilamente.

Personalmente, me encantan las vistas aéreas, y subir a la cúpula me entusiasmaba más que la visita al interior de la Basílica en sí, y la verdad es que para mí mereció mucho la pena subir muchísimos escalones, porque las vistas tanto de la cúpula por dentro, con los frescos, como de la plaza San Pedro por fuera desde arriba, son sencillamente, espectaculares, a pesar de los escalones y el viento frío que hacía arriba.

No nos gustó para nada las inscripciones que hacen los salvajitos que hay sueltos en todos sitios en las paredes de las escaleras de la cúpula. Tanto en las paredes como arriba del todo hay inscripciones a boli y a rotulador, paredes pintadas con nombres, citas y dedicaciones de amor, que más de uno se podría pintar en su cara o dónde le quepa.

Me irritan las personas incívicas que hacen estas cosas en cualquier monumento o patrimonio cultural.

Después de hacernos las fotos de rigor arriba, terminamos la visita a la Basílica, y nos dirigimos a visitar los Museos vaticanos, que están a diez minutos andando.

Cuando llegamos, había colas, pero llegamos muy rápidamente a las taquillas, que son bastantes. El precio por persona (sin audio guía) son 17 euros por persona.

Los museos Vaticanos son enormes, para que os hagáis una idea, hay un estudio que dice que si dedicásemos a cada obra dos minutos, nos llevaría trece años visitar este museo 😀

La realidad es que a mí se me hizo muy pesado, y muy cansado, porque entre la cantidad de turistas que andan por allí dentro, y la cantidad de cuadros, monumentos y esculturas que hay en cada galería se hace una tortura si no te gusta mucho el arte, o si te gusta lo justo como en mi caso. Sin embargo nuestra visita se alargó muchísimo porque Lucía si es amante del arte y se paró continuamente a ver cosas con detalle y a leer y leer.

Obras como “La escuela de Atenas” y la capilla Sixtina se encuentran allí. En el caso de la Capilla Sixtina, es una sala blindada, literalmente. Hay como seis personas de seguridad dando vueltas entre la gente y continuamente gritando “No foto No Foto”, y metiendo manotazos al que se atreva a desafiar la prohibición. Y es que no se puede, no está permitido sacar fotos o videos allí dentro, con o sin flash, ningún tipo de foto o vídeo, así que el fresco de la famosa “creación”, Dios uniendo su dedo con el hombre, se queda para nuestras retinas y memorias. Por cierto, yo me esperaba ese fresco tan famoso enorme, y resulta que es muy pequeño, y si no te fijas bien ni se ve entre tantas escenas pintadas en la Capilla Sixtina.

 

A las tres de la tarde dimos por finalizada la visita a los museos vaticanos, y buscamos recomendaciones para comer por allí sin que nos clavasen. Pues bien, al salir de los museos y unas dos calles al lado, encontramos un sitio típico italiano de comidas caseras, con muy buena pinta. Aunque estaba atestado de gente a esa hora y estuvimos a punto de marcharnos, al final se quedó una mesa para dos libre y entramos.

Para mí, el mejor sitio donde comimos durante nuestra estancia en Roma, y además, por 35 euros los dos, es decir, 17 euros por cabeza.  El sitio se llama “Ristorante dei Musei”, y los propietarios, un matrimonio mayor, te recibe con los brazos abiertos.

Probamos pasta, pizza y antipasti, todo delicioso. Y además nos invitaron a postre y nos pusieron dos botellas de licor, limoncello y otra muy fuerte, encima de la mesa, para que bebiésemos cuánto quisiéramos, y eso, cuando eres español es un peligro :D. Salimos más que contentos del lugar, a las seis de la tarde!!!! 😀

Con el alegrón y empezando a llover de nuevo nos fuimos caminando para el Castillo de San Ángelo, nuestra última visita en Roma.

El Castillo de San Ángelo, famoso por salir en películas y libros como “Ángeles y demonios” y la trama del Código Da Vinci,  se alza sobre el río Tíber, y desde arriba se ven unas vistas increíbles del Vaticano y de toda la zona del río. La entrada son 15 euros por persona, y al llegar a las siete de la tarde, de noche ya, no habría gran cantidad de gente.

Lo mejor de la visita es la parte de arriba y las vistas, lo demás es muy simple, un castillo medieval. Yo diría que incluso se puede omitir esta visita, que aunque es un monumento muy famoso, tampoco es para tanto el interior.

Y con la visita al castillo, dimos por finalizado el día, cogiendo el metro de vuelta al hostal y preparando nuestras maletas para nuestra despedida.

DÍA 5: ADIÓS A ROMA Y DESTINO A FLORENCIA

En nuestro día de despedida a Roma –lluvioso para no variar – nos levantamos a eso de las nueve de la mañana, ya sin tiempo para visitar nada más, pues nuestro bus a Florencia salía a las doce de la mañana desde la estación de bus de Tiburtina, a media hora desde el hostal.

Tras desayunar en un bar pequeño al lado del hostal –esta vez sin clavazo, 12 euros entre los dos- recogimos las maletas del hostal, firmamos en el libro de visitas que tiene allí Vicenzo para sus clientes, y tras despedirnos nos dirigimos a coger el metro que nos llevó a la estación de Tiburtina, que como bien decía, está en el quinto pino.

Al ser “Flixbus” una compañía low cost, ni siquiera tienen terminal y menos oficinas físicas, así que tuvimos que buscar la parada (Que tampoco hay), preguntando a la gente que por allí había esperando supuestos autobuses. Con la lluvia que no paraba, se nos hizo eterno hasta que por fin llegó nuestro autobús y pusimos rumbo a Florencia.

Roma, una ciudad muy especial, con historia viva de otra civilización pasada, y mil cosas para hacer y para visitar,  que como el mismo dicho repite una y otra vez,  “Volverás”.

Seguramente, cuando pase toda la situación que estamos viviendo con la pandemia, algún día regresaremos.

Ciao!

 

LO QUE MÁS NOS GUSTÓ

  • Buen precio del transporte para ser una capital cara
  • La historia viva de las ruinas
  • Buena ciudad para conocer todo caminando

LO QUE MENOS NOS GUSTÓ

  • Algunos precios desorbitados para turistas
  • Suciedad en algunos sitios de la ciudad, poco cuidada, mucha basura en las calles
  • Estación Tiburtina de autobús parece un barrio chunguísimo
  • Marabunta de turistas en todos sitios, sin ningún tipo de respeto por los demás.
  • Precio desorbitado y abusivo de algunos monumentos que no merecen la pena al final, y negocio extra con los audioguías.
  • Grupos de mendigos organizados en todos los monumentos, tanto ruinas como religiosos, y grupos de manteros intentando timar a todos los turistas por todos sitios.

 

PRESUPUESTO DEL VIAJE (PRECIOS ENTRE DOS PERSONAS)

Vuelo Sevilla-Roma Ryanair……………………………….. 111,11 euros

Alojamiento Hostal Roman Enchantment………….. 136 euros

Comidas/meriendas/cenas……………………………….. 193 euros

Transporte bus/metro………………………………………… 30 euros

Monumentos

  • Boca della veritá……………………………………. 3 euros
  • Cúpula Basílica San Pedro…………….. 20 euros
  • Museo Basílica San Pedro…………….. 10 euros
  • Museos Vaticanos ………………………… 34 euros
  • Castel de San Ángelo ……………………. 30 euros
  • Iglesia San Andrea della Valle……….. 6 euros

Fiesta/copas……………………….15 euros

Souvenirs…………………………… 10 euros

 

TOTAL ……………………………………………………………. 595, 11 EUROS (Recuerden, entre dos personas)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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